En Un Futuro La Adicción A La Cocaína O La Depresión Se Podrían Curar Con Luz

Ya es posible controlar la mente con luz. La mente de los ratones de momento, pero parece que vamos por el buen camino para conseguir controlar también la de los humanos. Como en la genial película Eternal sunshine of the spotless mind (¡Olvídate de mí!), puede que en unos años seamos capaces de borrar nuestros recuerdos dolorosos para combatir la depresión, los traumas y hacer muchas otras cosas increíbles. Todo gracias a la optogenética.

Fue en 2005, en la Universidad de Stanford, cuando el neurocientífico Karl Deisseroth, intentando buscar soluciones a pacientes con enfermedades psiquiátricas extremas, descubrió la optogenética y desde entonces ha revolucionado la ciencia que estudia el cerebro. Gracias a esta técnica se podrá luchar contra la ceguera (ya se está tratando a ratones y primates ciegos), contra el Parkinson, la esquizofrenia, entender cómo funciona el sueño, nuestros sentimientos y nuestros recuerdos… hasta curar la adicción a la coca.

Y, ¿cómo será eso posible? Pues con unas algas y un cable de fibra óptica. Es mucho más complicado que eso, pero lo importante es que esas algas tienen unas proteínas que son sensibles a la luz y que si se inyectan en determinadas células neuronales (que hay que escoger entre 86.000 millones que tenemos en nuestra cabeza), se consigue que las neuronas se iluminen cuando empiezan a fabricar un recuerdo. Como unos interruptores, como si se formara una constelación en nuestra mente, un mapa donde cada neurona tiene una etiqueta de luz que indica que se está activando. Los científicos, en cerebros de ratones, han conseguido hasta reactivar las neuronas a su antojo, para convertir un mal recuerdo en uno bueno.

Pero de momento, sobre todo, lo que se está consiguiendo con esta técnica es poder entender bien cómo funcionan los circuitos de nuestra mente (el placer, la memoria…), descubrir con muchísima precisión qué es lo que se activa en cada momento cuando nuestro cerebro trabaja, por dónde se mueve la información, para así en un futuro poder intervenir para cambiarlo, para conseguir un buen equilibrio mental. Es la precisión, lo importante de la optogenética, el hecho de poder tocar las teclas exactas y no todas a la vez, como pasaba hasta ahora, especialmente cuando solo se utilizaban señales eléctricas.

Podría ser genial conseguir meterle mano al cerebro sin utilizar ni cirugía ni fármacos, pero también peligroso. Como siempre en ciencia, depende de quién lo use y para qué.

Como decía Alexander Pope hace muchísimos años en su poema Eloísa para Abelardo: "Olvidarse del mundo y por el mundo olvidada. / ¡Eterno resplandor de una mente inmaculada!"