Muchos no saben qué se esconde detrás de los jóvenes que se autolesionan

Una derrota... un corte. Un rechazo... una quemadura. Una ruptura... otro corte. Detrás de las autolesiones hay un mundo de sensaciones que no se han sabido manejar. Y que se desconocen.

Rabia, pena, nostalgia... son emociones que todo adolescente ha sentido alguna que otra vez. Son sensaciones difíciles de afrontar, pero se hace, solo o con ayuda de amigos o familia y aprendiendo a gestionar los problemas de forma sana. Sin embargo, hay quien no ha aprendido a superar, por ejemplo, la separación de sus padres, la muerte de un ser querido o los abusos que recibió en el colegio. Y es entonces cuando se lesiona. Al principio solo es un corte con la cuchilla del sacapuntas o el compás. El alivio momentáneo que siente funciona como evasión. Pero, ¿están locos los adolescentes que se autolesionan? ¿Cuándo hay que pedir ayuda?

“De momento la autolesión no está contemplada como trastorno mental en el Manual de transtornos mentales porque es algo muy nuevo y se suele tratar como síntoma derivado de la ansiedad”, informa Marta Pelaez Soto, de Alemar Psicólogos. No saber manejar determinadas situaciones deriva en actos autolesivos: hacerse daño para evadirse de la realidad. “Así suplo el daño psicológico que tengo por el daño físico que me estoy haciendo y me olvido de los problemas”, resume la psicóloga.

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Muñecas, brazos, muslos o vientre son las zonas elegidas para automutilarse. Cortarse, quemarse, arrancarse el pelo... son manifestaciones que pueden ser comunes en casos de depresión, trastornos de personalidad pero sobre todo de anorexia nerviosa y bulimia. Forma parte del ritual de muchas afectadas por estas enfermedades, como vemos en la mayoría de las páginas Pro-Ana y Pro-Mia que inundan la red.

Estas páginas asocian las prácticas autolesivas con la pérdida de peso, llegándose a presentar el dolor como una forma de adelgazar y de controlar la propia voluntad. Incluso comparten tablas de equivalencias especificando la pérdida de calorías que suponen determinadas autoagresiones. Muchas afectadas (son en su mayoría chicas) llegan a ver en el dolor una forma de conseguir el autocontrol sobre el propio cuerpo y sobre la sensación de hambre. En ocasiones las autolesiones son también un modo de autocastigarse ante la ingesta de alimentos.

Hashtags secretos

#Cat (en referencia a cutting, en inglés) es el hashtag con el que los jóvenes comparten consejos e intercambian experiencias y fotografías en las comunidades online. Tips para que no te pillen, como apunta Pelaez: “bajarse las mangas, ir con muñequeras o con varias gomas de pelo en las muñecas, llevar camisetas largas que tapen los muslos, etc.”

Solo en 2015 se registraron más de 56 millones de búsquedas del término #Cat. También crecieron los resultados para #selfharmmm: de 1,7 millones en 2014 a más de 2,4 millones el año pasado, según recoge el informe Secret Society 123: Understanding the Language of Self-Harm on Instagram, elaborado por la Universidad de Washington y el Instituto de Investigaciones del Hospital de Niños de Seattle en Estados Unidos.

Etiquetas secretas en Instagram dan lugar a comunidades online en las que los adolescentes desarrollan un cierto sentido de pertenencia y se informan entre sí sobre estas conductas, apunta el informe publicado en Journal of Adolescent Health, lo que conlleva también un efecto normalizador de las autolesiones.

Pero no solo las redes sociales han glorificado estas prácticas. También el cine, con películas como Thirteen, Secretary, La Pianista o In my Skink ha bañado de un halo de misticismo a los personajes que se autolesionan.

Pero, ¿sienten placer al infringirse dolor? “Llamarlo placer sería demasiado”, advierte Lara Pacheco, psicóloga sanitaria, pero dice que en cierto modo, “cuando sientes que ese dolor físico te alivia instantáneamente el dolor emocional que tienes, el alivio en sí casi se podría considerar como placer. Pero nada tiene que ver, por ejemplo, con conductas sexuales como el masoquismo”.maggie gyllenhaal pain ballerina 2002 self harm

En este sentido, no deja de ser como cualquier otra vía de escape como pueden ser el alcoholismo o la drogadicción. Por eso, en consulta se empieza por explicar por qué esta conducta funciona como evasión. “Hay que conseguir que entiendan que ese comportamiento alivia otro tipo de sufrimiento subyacente, que es lo que trabajamos en consulta”, explica Lara Pacheco. Así, lo primero que hay que hacer es trabajar con estrategias de control de la ansiedad. “La persona que se corta, se quema, etc. no identifica lo que es la ansiedad. En consulta se les enseña a identificar y afrontar las emociones negativas y a que manejen las situaciones de ansiedad que se van a encontrar en su día a día”.