La 'dieta paleo' es un timo pensado para que los fuertecitos se crean que comen sano

La idea desarrollada por el médico Walter L. Voegtlin en los setenta con su famoso libro The Stone Age Diet era una recopilación de prejuicios

Se puso de moda hace unos años y parecía una revolución. Desde crosfiteros a locos del movimiento, fueron muchos los que se sumaron a las supuestas propiedades de comer como un hombre de las cavernas. La dieta paleolítica, basada en lo que se supone que comían nuestros antepasados antes de la revolución neolítica, es decir, de la invención de la ganadería y la agricultura, se basa en la hipótesis de que nuestros cuerpos nunca llegaron a adaptarse al consumo de cereales, legumbres y lácteos. Precisamente por eso, insisten en que una dieta rica en plantas silvestres y carne roja son la clave para estar más fuertes y más sanos. 

Sin embargo, la idea desarrollada por el médico Walter L. Voegtlin en los setenta con su famoso libro The Stone Age Diet, ha demostrado tener más efectos secundarios de los que cabría suponer. En primer lugar, eliminar de un plumazo las legumbres y los cereales es una apuesta arriesgada por ser una fuente muy valiosa de proteínas vegetales, vitaminas y fibra que no es fácil de encontrar en otros alimentos. Por otro, el consumo excesivo de carne roja ha sido vinculado con ciertos tipos de cáncer y problemas cardiovasculares por parte del último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es más, suponer que los antiguos cazadores paleolíticos eran unas máquinas de comer carne es un error de base, y de los gordos.

En un artículo del diario El Español se recogen las indagaciones durante una interesante conferencia de TED de la profesora de Antropología en Harvard, Christina Warinner, que habría demostrado, basándose en el ADN extraído del esmalte dental de fósiles paleolíticos, que la dieta de nuestros antepasados no incluía ni mucho menos tanta carne y que, muy al contrario, sí que existían evidencias indirectas del temprano consumo de cereales, tubérculos y legumbres que obtenían en su estado silvestre. De igual manera, el hecho de que la mayoría de los europeos hayan desarrollado tolerancia a la lactosa sería una prueba irrefutable de que el cuerpo humano sí se adaptó al consumo de leche de origen animal en un espacio tan reducido como 7.000 años.

Otro aspecto importante es que si lo que se pretende es replicar la dieta de los antiguos cazadores recolectores es evidente que muchos de los alimentos actuales tienen muy poco que ver con los disponibles en aquella época, ya sea por la alteración genética de algunas especies vegetales y animales o porque, simplemente, ya no se encuentran disponibles en la actualidad. Además, suponer que existía una dieta precisa en aquel momento y con la gran cantidad de ambientes (desde el Ártico euroasiático a las selvas húmedas africanas) en los que se movían estas sociedades nómadas es poco menos que una quimera. Por tanto, es posible decir que existieron tantas dietas paleolíticas como grupos humanos. Todo lo demás puede sonar muy bien pero no es más que marketing.

Se puede comer bien y variado sin tener que remontarse al Paleolítico Superior. Por suerte, a día de hoy cualquier supermercado vende todo lo que necesitas para tener una dieta sana y equilibrada.