Cómo dejar de destruirte mentalmente porque estás haciendo menos ejercicio

Por ejemplo, empieza por juzgar menos el cuerpo de los demás y, al final, también acabarás juzgando con menos dureza el tuyo

Otra vez los gimnasios por toda España están cerrando. Así que nada, un mes más sin hacer todo el ejercicio que necesitas. Al principio fue por la cuarentena, pensabas que cuando acabase “esta vez sí, me apunto al gimnasio”. Luego, por el aumento de restricciones. Ahora, por la tercera ola. En resumen, casi un año de ejercicio perdido, y nuestro cuerpo cero en forma. Y claro, es normal que en medio de esta vida sedentaria te vengan remordimientos (¿debería hacer más en casa? ¿Debería salir a caminar y a correr?) y empieces a culparte.

Pero ahora mismo, es tan importante cuidar tu forma física como la mental, así que deja de torturarte. Por primera vez en años tienes argumentos de sobra para no cumplir tu propósito anual de deporte: estás en plena pandemia, con todo lo que eso conlleva, desde gimnasios cerrados hasta las pocas ganas de hacer cosas y la falta extrema de motivación. Estás de bajona, el contexto no acompaña, y nadie va a juzgarte porque no estés haciendo deporte (o menos del que te gustaría). Todxs estamos igual.

Por eso, el portal Bustle ha contactado con varios terapeutas para conseguir algunas estrategias que te ayuden a dejar de castigarte por no estar ejercitando tu cuerpo “como tocaría”. Como advierte Carolina Guízar, nutricionista, muchos de estos sentimientos de culpa se vienen después de comer algo “que no deberías” (como un pastel o unos fritos) y, por lo tanto, nos rayamos porque no estamos haciendo tanta actividad física como tocaría. Advierte, además, del peligro de la ortorexia, algo que define como “la obsesión enfermiza por la comida y vida sana”, que podríamos contraer si nos torturamos demasiado porque, en medio de las condiciones adversas actuales, no podemos llevar unos ritmos tan sanos como tocaría.

Una estrategia para ser “más suave contigo mismo” es “intentar juzgar menos los cuerpos de los otros”, añade la nutricionista. Es decir, cada vez que tengas un pensamiento intrusivo y negativo sobre alguien, intenta buscarle una explicación a su “pésima forma física” (según tus propios estándares) y, así, poco a poco, “reducir el elevado estándar con el que te juzgas tu también”. Es decir, cuando no nos gusta el cuerpo de alguien es una forma de proyección, porque representa eso que no nos gusta de nosotros mismos o eso por lo que luchamos para no convertirnos. Y si los criticamos con dureza, al final acabamos aplicándonos el mismo filtro de odio.

“Conecta con las necesidades de tu cuerpo”, coinciden los expertos entrevistados. Es decir, si ahora estás en una época sedentaria de tu vida, acéptalo. No siempre puedes estar en tu mejor forma. Lo importante: no dejes que la tristeza de la pandemia te consuma, pero asume que quizá, ahora mismo, lo que tu cuerpo y mente quieren es paz, no un recordatorio constante de que tu cuerpo no está explotando tu potencial.

Por último, no es “falta de fuerza de voluntad”. Muchas veces asimilamos el hacer deporte con disciplina, autocontrol y todas esas cualidades positivas que dicen que eres una persona muy responsable. Pero esto, en plena pandemia, no se aplica. Haz una lista mental de cosas que sí que estás logrando, de resultados positivos que estés consiguiendo con tu esfuerzo, aunque sean tan simples (pero importantes) como mantenerte de buen humor, seguir con tus hobbies o mantener relaciones sanas con tus seres queridos. Verás que sigues siendo una persona con disciplina, aunque no estés pudiendo mantener tus ritmos de ejercicio. Y, sobre todo, recuerda que no estás solx: estamos todxs igual.