Colocarte con la ‘seta de los enanitos’ podría ser mucho peor de lo que te imaginas

La tentación de recolectar la seta Amanita Muscaria y consumirla es demasiado alta pero lo que pocos saben es que puede ser mortal

“¿Lo pillamos a ver qué pasa?”. Por la cara de emoción de mi novia y el sentimiento de ser un transgresor, supongo que a más de uno (y de dos) se le habrá ocurrido llevarse una seta alucinógena a la boca. Estamos en plena época de setas y, si te mola subir a la montaña, no es difícil cruzarse con ejemplares de Amanita Muscaria, la ‘seta de los duendes’ o ‘matamoscas’. Son esas setas rojas con puntitos blancos que salían en David el Gnomo y que, según la sabiduría popular, te pueden dar un colocón psicodélico y abrir tu mente a nuevas experiencias. Es más, la tentación de llevártelos y consumirlos es muy grande pero, ¿vale la pena arriesgarse? Ante la duda, me puse a investigar y lo que me contaron los expertos me hizo pensármelo mucho.

Para empezar eché mano a la Biblia de todo buen milenial a la hora de tener una idea científica y objetiva de las cosas: mirar en Google y Wikipedia. Después de leer que las tribus de Siberia se las tomaban para establecer contacto con entidades del más allá y que es preferible secarla antes de consumirla (esto convertirá el ácido iboténico en el ansiado muscimol, un potente alucinógeno), me doy cuenta de que, por lo que se lee en internet, es realmente fácil de consumir. Incluso hay auténticas guías que te explican hasta los grados a los que tienes que poner el horno para secarlas (entre 45º y 55º para ser exactos) o el sonido que tienen que hacer para saber si están los suficientemente secas. Hay hasta gente en Oregon (Estados Unidos) que te vende 200 gramos de seta seca por 70 dólares (67 euros) en Ebay.

Otro dato que me deja flipado (y eso que aún no he probado la seta) es que según los datos del Ministerio de Salud, el 2,1% de los jóvenes españoles consumieron hongos en el últimos año. Aunque, para ser exactos, la mayoría de personas que consumen este tipo de alucinógenos suelen usar los llamados ‘hongos mágicos’ o psilocibes que tienen una enorme distribución geográfica y con efectos muy similares al LSD. De hecho, hay mogollón de tiendas que te venden kits de autocultivo, con invernadero y termómetro digital incluidos, por unos 77 euros. Pero, volviendo a la tentación que supone llevarse las amanitas ‘de gratis’ te diré que por algo será que su consumo no es tan frecuente como el de los hongos psilocibes.

“Farmacológicamente hablando las amanitas son bastante más peligrosas que las psilocibes. Esto se debe a que la amanita muscaria contiene otros principios activos altamente tóxicos como la muscarina”, explica el catedrático en Farmacología Clínica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Magí Farré. En este sentido, Farré advierte que “a lo mejor te llevas una sorpresa y te intoxicas con algo que no tiene que ver con el alucinógeno que estabas buscando y que pueden tener efectos graves en el sistema nervioso central”. El principal problema reside, según el experto, en que “al cogerlo tú te haces responsable del procesado, es decir, cómo secarlo, durante cuanto tiempo, etc.” y que “controlar las dosis es muy complicado y hay que tener mucho cuidado”.

Para José Carlos Bouso, científico de la Fundación ICEERS y editor del libro Psilocibes, no hay duda de que para colocarse con este tipo de setas hay que saber muy bien lo que se hace. "El riesgo más importante es que hay otras especies de amanitas que son mortales. En el campo la muscaria no siempre es tan perfecta como sale en las fotos, de un rojo extremo y puntitas blancas. A veces el sombrero está algo descolorido por la lluvia o porque la seta ya es vieja. El principal problema de salir a buscar setas, sean alucinógenas o no, es que una confusión puede ser mortal", explica dejando claro que, normalmente, "el que va al monte a por amanitas ya sabe a lo que va".

Es por eso que Bouso prefiere centrar su atención en los psilocibes (en España hay hasta ocho tipos reconocidos aunque la Psilocybes Semilanceata es la más común) y más concretamente en los ‘monguis’ que son las que se pueden encontrar tanto en nuestros montes del norte del país (Asturias, Cantabria, País Vasco Navarra, Aragón y Cataluña) como a través de internet. "A la hora de comprar un kit de psilocibes y hacerlos crecer en casa es que es muy fácil que se nos echen a perder con el moho y demás. Pero sí se pueden encontrar tanto en el monte como en sitios especializados", añade Bouso que recalca que el consumo de este tipo de alucinógenos suele ser bastante seguro y sin efectos secundarios de importancia "siempre que se haga con la debida información y precauciones, claro".

Otro tema que preocupa bastante al farmacólogo, y que suele dar bastante mal rollo a la hora de probar este tipo de setas alucinógenas, es sufrir lo que se suele llamar ‘un mal viaje’. “Siempre se deben tomar con alguien con experiencia a tu lado  como lo hacen las tribus amazónicas. Hay gente que se pone muy nerviosa, le dan ganas de llorar o de moverse. Por eso es esencial consumirlo en entornos seguros lejos de ventanas, barrancos o ríos si la tomas en el monte”, recalca Farré. “Hay personas que se lo pasan bien y otras que se lo pasan fatal”, cuenta el experto que, por otro lado, matiza que “los alucinógenos suelen ser poco peligrosos a nivel cardiovascular siempre que se respeten las dosis”.

“Miraba la hora y solo veía números, no percibía cuanto tiempo pasaba y que había ocurrido antes o después. Todo eran lagunas. Supongo que ya las había digerido todas (las setas) y no había marcha atrás. Mis colegas me decían que las vomitara, pero entrar en el baño con las luces encendidas era un infierno. Me preguntaban cosas a las que yo respondía con un "es que no sé…” y eso cuando podía hablar. Supongo que ante su inexperiencia y la mía en ese ámbito hacia imposible que me ayudaran. Yo empecé a rayarme tremendamente, trataba de recordar mi vida: tengo trabajo y casa en España. Vale, recordaba lo básico, pero y mi madre y mi padre, ¿cómo se llaman?”, este es el fragmento de un ‘mal viaje’ publicado por un tal Marduk en el foro de la web Cannabiscafé y que es un ejemplo perfecto de los efectos de las setas.

Llegados a este punto, mi opinión no ha cambiado gran cosa. Está claro que coger setas del bosque siempre será más arriesgado que comprar un producto más contrastado (los psilocibes parecen la opción más coherente) y la clave, como siempre en estas cuestiones, es asesorarse muy bien con personas con más experiencia en el consumo de este tipo de sustancias y más si hablamos de setas potencialmente tóxicas como la amanita muscaria. También que no hay que dejarse deslumbrar por esa gente que te viene con el rollito de que las setas ‘son más naturales’ o que ‘le abrieron la mente’. Como me dice Farré, “está demostrado que la psilocibina de laboratorio y la que tiene el hongo es exactamente igual” por lo que, si de verdad optas por consumir setas alucinógenas antes que recurrir al LSD o la ketamina, lo importante es “tener toda la información posible y ser responsable”. Así que ya sabes, tú mismo con tu organismo.