Científicos afirman que el chocolate podría ayudar a combatir el cáncer

Mejora el estado de ánimo y es un antidepresivo natural. Además, tiene propiedades antioxidantes, disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y otras dolencias cardíacas, aumenta el colesterol bueno y ayuda a mantener a raya la presión arterial. El chocolate es uno de los alimentos más completos, saludables y deliciosos que existen, y desde ahora hay que sumarle un punto positivo extra.  Según una investigación del Instituto Politécnico Nacional de México, el cacao cuenta con un componente que podría ayudar a combatir el cáncer.

El nombre del ingrediente sanador es la molécula epicatequina y los científicos mexicanos afirman que "puede matar células cancerosas de forma selectiva sin afectar a las células sanas", es decir,  es capaz de programar a las células afectadas para que se autodestruyan de forma autónoma.

Partiendo de esta base, tratamientos como la quimioterapia podrían mejorarse de forma significativa. Si bien ahora acaban con las células afectadas, también actúan de forma satelital contra las que no lo están, desencadenando una larga lista de efectos secundarios. Por eso, este hallazgo supone una puerta abierta a decenas de nuevas investigaciones: los especialistas mexicanos han comenzado a combinar la epicatequina con otros fármacos, comprobando que esta acelera su efecto además de reducir la cantidad y virulencia de los tratamientos aplicados para frenar el avance de los tumores.

Por el momento, esta revelación permanece en fase de pruebas con animales. Queda mucho por depurar, porque muchos de los ensayos no han sido todavía satisfactorios. Los científicos han analizado la respuesta del organismo de los ratones observando cómo, en la mayoría de las ocasiones, estos metabolizan el tratamiento impidiendo que actúe sobre las células cancerígenas. Así, ahora trabajan para encontrar la forma de encapsular la epicatequina y lograr que concentre sus efectos sobre los tejidos afectados.

Marcan como objetivo el medio plazo para encontrar una aplicación efectiva y esperan poder implementar esta nueva técnica en humanos en unos cinco o diez años, manteniendo la puerta abierta a la esperanza para millones de personas en el mundo.