Un chico de 23 años asegura haber inventado la pastilla que cura la resaca

Un indescriptible dolor de cabeza, nauseabundo sabor de boca, increíble revuelto intestinal y el hígado convertido, directamente, en paté. Las sabidas consecuencias de una noche de fiesta bañada con litros de alcohol. La causa de unos domingos de semi-inconsciencia, en los que cualquier movimiento se torna inasumible. Movimientos lentos y torpes, más de alguna visita al baño. Una resaca épica que te lleva a proclamar, con tímido hilo de voz, aquello de 'no pienso volver a beber en mi vida'. Pero un proceso puede convertirse en cosa del pasado gracias al ingenio de un doctor en bioquímica norteamericano, que ha desarrollado una píldora que acaba de un plumazo con los terribles efectos de las noches de desenfreno etílico.

Se llama Flyby y reúne una serie de ingredientes que 'blindan' al hígado frente a las embestidas del alcohol. Eddie Huai, su inventor, tiene solo 23 años y descubrió en un viaje a Tokio que la ingesta de un suplemento alimenticio muy popular en Japón prevenía los efectos de las resacas. Así que se decidió a estudiar su composición: cúrcuma, vitamina C y cardo de leche.

La combinación de estos elementos permite que el hígado se enfrente con mejores armas a las toxinas y las metabolice de forma más eficiente. Según Huai, este órgano es capaz de procesar con facilidad una bebida a la hora, pero cualquier cantidad que exceda ese tiope escapa a su dominio y control. Por eso las toxinas de acetaldehído campan a sus anchas por el organismo, gestando durante la noche lo que por la mañana –o el medio día– será una sensación más que desagradable.

Flyby comenzó a comercializarse en marzo, y su creador afirma que más del 60% de sus clientes han repetido. 9 de cada 10 usuarios constataron que tomaron la píldora les antes de beber, salieron de fiesta y se despertaron frescos y sin síntomas, sin ningún 'efecto secundario' derivado de los 'excesos'.

¿Será este el fin de la resaca? Podremos dejar de desperdiciar tantos y tantos domingos de nuestras vidas arrastrándonos del sofá a la cama y de la cama al sofá. De momento, la única forma de saberlo será probarlas y, si no, siempre nos quedará el ibuprofeno.