Tu Casa Está Llena De Objetos Que Podrían Matarte

Imagina que eres una mujer joven, con una vida dinámica y sin excesivas preocupaciones. Imagina que cumples con una dieta saludable, equilibrada y alejada del alcohol. Imagina que llevas una actividad física constante y tienes una genética privilegiada que, supuestamente, blinda tu salud. Imagina que, un día, todo esto deja de importar. Recibes una llamada: tienes cáncer de mama. Vale. ¿Qué ha podido suceder?

Esa es exactamente la pregunta que se hicieron los médicos cuando estudiaron el historial clínico y los antecedentes familiares de Marika Holgrem, de 37 años, cuando las pruebas arrojaron el inesperado diagnóstico. La respuesta la tenemos en la hora y media de metraje que dura The Human Experiment, un impactante documental producido por el actor Sean Penn y dirigido conjuntamente por Don Jardy Jr. y Dana Nachman.

En un mundo aparentemente enfocado a la protección del ser humano, una nueva amenaza se extiende sin encontrar demasiados impedimentos para su avance. No, no es ciencia ficción. Es el resultado de 100 años de supuesta evolución industrial. Creados para facilitarnos la vida, los productos químicos empiezan a ser un peligro para nosotros. Son sustancias tóxicas que pueden llegar a ganarnos la partida.

Nos alimentamos, mantenemos una higiene personal y doméstica y socializamos en distintos entornos y con personas muy diferentes. Pero, ¿podemos distinguir esos elementos de uso cotidiano que son peligrosos para la salud? En teoría, no deberíamos necesitar un doctorado en bioquímica para hacer la lista de la compra o acondicionar nuestra vivienda. Sin embargo, el miedo a abrir nuestros hogares a la contaminación es ya una realidad. Y, en todo esto, las industrias del sector juegan un papel esencial.

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Desde principios del siglo XX, la población mundial está participando en un auténtico 'experimento humano', una prueba ensayo-error en la que nos jugamos los cuartos contra cientos de compuestos surgidos de la llamada 'revolución química'. Entre ellos; el plomo, el amianto, el alquitrán, los plásticos, el amoníaco, el cobre, el PVC o el Bisfenol-A. ¿Cómo? ¿Que tú no tienes esas cosas en casa? Piénsalo otra vez: están presentes en jabones, geles, dentífricos, cuchillas de afeitar, cosméticos, detergentes, productos de limpieza, biberones, latas de conserva, tuberías o pesticidas. Y ya llevan años con nosotros.

Sí, actualmente, existe un control pormenorizado en la producción de estos artículos de primera necesidad. En teoría. Porque lo cierto es que, en las últimas décadas, se ha ido dando un aumento notable de enfermedades de difícil explicación. The Human Experiment aporta su propia teoría: las dificultades en el embarazo, los aumentos de los casos de cáncer o los problemas de piel, entre otras muchas complicaciones, podrían derivar de la convivencia con esos compuestos químicos tóxicos. Y las consecuencias de su uso podrían estar comprometiendo la salud mundial. 

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La batalla lleva años librándose. En 1976, la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU dio la voz de alarma: 62.000 sustancias tóxicas estaban en el mercado, pero fueron consideradas seguras porque ya estaban en circulación y su retirada habría perjudicado seriamente los intereses de la industria. ¿Os suena? Sí, en aquella época ya se anteponía la salud económica a la de la población. A día de hoy, existe una lista de componentes comúnmente aceptados como dañinos, pero, al igual que sucede con el amianto, la regulación de estos compuestos queda sujeta a la voluntad individual de cada país.

Aunque el documental no pretende crear una alarma mundial, sí hay un objetivo claro de concienciar a la población, pues, en última instancia, solo nosotros somos responsables de nuestro consumo. Desde mediados del siglo XX, la maquinaria publicista contratada por las grandes empresas ha trabajado duramente para mantener estos productos en el mercado. En Europa, la solución podría llegar de la mano de la llamada 'Ley Reach', que exige la retirada inmediata de productos químicos potencialmente peligrosos y evita que las multinacionales y los grupos de presión actúen por su propio beneficio.

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Si bien es cierto que sigue habiendo gigantes de la industria sin escrúpulos, también es verdad que existen muchas pequeñas empresas que empiezan a estar preocupadas por cambiar las cosas desde dentro. A través de la eliminación de tóxicos, o el lanzamiento de productos ecológicos, la producción sostenible y la responsabilidad con el medioambiente ganan terreno como nueva estrategia empresarial. El ciudadano, convertido en impulsor de estos cambios con sus demandas y protestas, ve como las grandes corporaciones comienzan a agachar la cabeza. Quizá así, con el paso del tiempo, el peso de la balanza entre la economía y la salud mundial pueda llegar a cambiar de lado.

Crédito de la imagen: Sean Marc Lee