Una camarera te cuenta el infierno de trabajar en un restaurante infestado de cucarachas

Cucarachas en el suelo, en las paredes, en la plancha, en las ollas y emergiendo de entre las patatas. Imagínate lo peor que has visto y multiplícalo por dos. Todo eso en un restaurante que factura casi un millón de euros al año”. Con esta frase surrealista se inicia la entrevista con Esther, una camarera valenciana que ha pedido no dar su nombre real a cambio de relatar desde el otro lado del teléfono su experiencia en el peor restaurante en el que ha trabajado en sus más de 15 años de experiencia en la hostelería. Un local ubicado en pleno centro turístico de Valencia y que, a pesar de su buen aspecto exterior, alberga una auténtica plaga más allá de la barra. Una asquerosidad máxima de la que sus clientes no tienen ni la menor idea.

Cucarachas muertas y clientes mosqueados

Tras trabajar en esas penosas circunstancias durante unos meses, Esther, accede a contarnos a lo que tuvo que enfrentarse cada mañana al acudir a su puesto de trabajo. “Dos de las tres cámaras frigoríficas llevaban meses averiadas y para adelantar faena dejaban cada noche las patatas peladas en unas palancanas con bolsas de hielo”, cuenta la camarera que ya desde el primer día de trabajo no daba crédito a lo que veía: “cada mañana encontraban cientos de cucarachas ahogadas flotando entre el hielo derretido y la gente de cocina lo veía como algo normal”. No hace ni falta decir que esas mismas patatas son las que horas después se comían los clientes en sus tortillas o con la salsa brava.

“He trabajado en bares, hoteles, restaurantes, catering y nunca en mi vida había visto algo igual. Allí no bebía ni un vaso de agua del asco que sentía, es una vergüenza que un restaurante así pueda seguir funcionando”, se lamente Esther que, a pesar de no trabajar allí en la actualidad, se enteró recientemente que los trabajadores en nómina del restaurante (ella siempre trabajó en negro) denunciarán al propietario por las insalubres condiciones de trabajo y por haber dejado de cobrar hace meses. De hecho, la precaria situación del local no había pasado desapercibida para algunos clientes a juzgar por los comentarios sobre el restaurante en Google e, incluso, uno de sus clientes comentaba una desagradable experiencia con una cucaracha en su plato.

“Cenamos un grupo de 18 personas. Una de las tapas que pedimos fueron tres platos de berenjena en tempera y miel. Al sacárnoslo e ir a pinchar nos salió una cucaracha y la camarera nos dijo que se habría caído de un árbol”, lamenta una de las reseñas en Google que, además, concluye con una advertencia en mayúsculas para los futuros comensales del restaurante: “26 euros por persona, un auténtico robo”. Impactados por el relato de Esther y la confirmación de sus acusaciones en los comentarios de internet sobre el restaurante, decidimos contactar con un técnico en control de plagas que conoce perfectamente los peores casos de infestación en restaurantes, bares y demás locales en los que se sirve comida en la ciudad de Valencia.

Inspectores poco contundentes

Te lo digo muy claro: he visto locales que eran preciosos por fuera pero por dentro eran para salir corriendo, tercermundista total”, advierte nada más empezar el técnico que, al igual que Esther, prefiere mantenerse en el anonimato por miedo a perder sus clientes ya que, normalmente, son los propios locales los mismos que contratan sus servicios. Aunque Francisco (así le llamaremos) no cree que le vayan a faltar clientes porque, según su experiencia, “en las grandes ciudades en torno al 30% de los locales no cumplen con los mínimos en materia de higiene, aunque la cosa ha mejorado mucho en los últimos años”. El principal problema, apunta el técnico, es que las inspecciones sanitarias “o no llegan o no cierran el local”.

En este sentido, Francisco es enormemente crítico con la labor de los inspectores de Sanidad. “No se hacen inspecciones adecuadas a los establecimientos y, una vez se topan con algún local que incumple la normativa, no actúan con la contundencia que deberían. Se limitan a otorgar 15 días de plazo a los establecimientos que no poseen el certificado de tratamientos lo que permite al empresario contratar los servicios de empresas muy opacas que emiten estos certificados sin cumplir con un mínimo o, directamente, sin acudir a realizar el tratamiento antiplaga”, se lamenta este profesional del sector. “Cuando se encuentran un local infestado deberían sancionarlo y clausurarlo hasta estar en condiciones, eso sería lo mínimo porque se está jugando con la salud de las personas”, añade.

Tras explicar que la cucaracha germánica o rubia es la más habitual de las cocinas de bares, restaurantes y hoteles de toda España, el técnico apunta a los roedores como la segunda plaga más común (aunque a mucha distancia) y lamenta que, en muchas ocasiones, el problema no está en el mismo restaurante que las alberga, sino en los polígonos industriales en los que las cajas de mercancía se agolpan durante semanas antes de acabar almacenadas en las despensas o neveras de un establecimiento comercial. “Los tratamientos con biocidas deben realizarse periódicamente por la sencilla razón de que incluso los locales ‘limpios’ están expuestos a la aparición de los insectos. Eso sí, la responsabilidad de que una plaga se asiente es del propietario del local y de los inspectores más laxos”, subraya Francisco.

¿Una plaga imposible de controlar?

Ante la gravedad de las acusaciones de la camarera y el técnico de control de plagas, decidimos contactar con la Conselleria de Sanitat Universal i Salut Pública de la Comunitat Valenciana que es la autoridad responsable de las inspecciones sanitarias. Por su parte, desde la administración autonómica nos detallan que solamente en esta región de España 477 funcionarios llevan a cabo las tareas de control establecidas en el Programa de Vigilancia Sistemática de Establecimientos y que las cifras que manejan “evidencian la existencia de un control que cumple rigurosamente los criterios establecidos por la Unión Europea”.

En concreto, el comunicado de prensa que nos envía la Conselleria de Salut especifica que “en 2017 se han realizado 92.977 visitas de control por parte de los inspectores de salud pública, de las cuales 68.868 correspondían a visitas programadas. Como consecuencia de estos controles, se han incoado 2.616 expedientes sancionadores  y se han impuesto 1.996 sanciones”. Además, nos insisten en que, en función del riesgo de los establecimientos, los mismos reciben entre una y seis visitas anuales de los inspectores. Sin embargo, las convincentes cifras que nos ofrecen desde la administración no pueden obviar los testimonios de los dos profesionales que se enfrentan cada día a la insalubridad de algunas cocinas.

Como al parecer el tema es de lo más complejo y burocrático, le preguntamos al técnico de control de plagas cómo podríamos protegernos, o al menos identificar, los locales potencialmente asquerosos como el que nos contaba Esther. “Lo primero que hay que mirar es si se puede ver la cocina desde fuera y si tienen el género expuesto al público. Tampoco conviene ir a restaurantes con cartas demasiado largas, con poco movimiento o que ya evidencian una falta de higiene en sus instalaciones. Lo mejor, al final, es conocer el lugar de antemano”, concluye Francisco con una reflexión que tampoco invita al optimismo. Así que, ya sabes, puede que ser más selectivos a la hora de elegir o, directamente, comer más en casa no sea tan mala idea: te ahorrarás dinero y algún 'ingrediente' no bienvenido en tu plato.

*Las imágenes que aparecen en el artículo no corresponden a ninguno de los locales de los que se habla. Son a título ilustrativo.