Los ‘blackouts’ o por qué tu cerebro es incapaz de recordar una noche de borrachera

Sabemos cómo empiezan las noches de borrachera pero, a veces, no todos recordamos cómo acaban. Seguro que más de una vez (o dos, o más...) te has despertado en la cama con las zapatillas puestas, con un olor insoportable a alcohol, la cabeza a punto de explotar y unas lagunas mentales que comenzaron con el último gin-tonic de la discoteca y llegaron hasta el momento en el que te despertaste hecho/a una mierda y te preguntas: "¿cómo c*** he llegado aquí?".

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Es lo que en inglés se conoce como ‘blackout’  (‘apagón’, en castellano) y, básicamente, consiste en que tu cerebro ‘apaga’ tu memoria como reacción al atracón de alcohol que le estás metiendo a tu cuerpo. Pero, antes de que revises tu Whatsapp para intentar recomponer esas horas perdidas de tu vida, deberías preguntarte: ¿por qué mi cerebro deja de almacenar recuerdos? ¿qué es lo que provoca que el alcohol sea capaz de afectar a mi memoria? Y lo más importante: ¿debería preocuparme por no ser capaz de recordar lo que ocurrió la noche anterior?

Para responder todas tus inquietudes hemos consultado al catedrático en psicología y experto en drogodependencias de la Universidad de Valencia, José Miñarro. Nada más empezar nos deja claro que la cosa es bastante seria y que, si esto ya nos ha ocurrido o es algo relativamente común cada vez que salimos de fiesta, deberíamos replantearnos nuestra manera de consumir alcohol o, directamente, dejar de consumirlo por algún tiempo. Es más, sufrir blackouts está considerado como un síntoma de alcoholismo por Alcohólicos Anónimos (AA).

“El alcohol en una sustancia neurotóxica y su consumo conlleva procesos de neuroinflamación en el sistema nervioso central que pueden llegar a provocar degeneración neuronal y, por lo tanto, la perdida de memoria de aquellas actividades que están bajo la influencia de esta droga”, explica Miñarro. Según el experto, el mecanismo por detrás de estas lagunas en la memoria es complejo de explicar pero, básicamente, consiste en que el alcohol bloquea la recepción de recuerdos en tu cerebro y, como te puedes imaginar, eso no es nada bueno para tu salud.

El abuso de alcohol afecta a las estructuras implicadas en la memoria como el hipocampo y el mecanismo por el que se consolida la memoria, la potenciación a largo plazo. Hay que tener en cuenta que el alcohol es un antagonista indirecto de los receptores NMDA del glutamato. Para que se consolide la memoria se necesita la acción de estos receptores NMDA y si están bloqueados no se recuerda lo que se está haciendo bajo los efectos de esta sustancia”, resume Miñarro.

Por tanto, cuanto más alcohol y más rápido le metamos a nuestro organismo más probable resulta que se produzca una amnesia temporal. De hecho, según los estudios basta una acumulación superior 0,15% de alcohol en sangre para sufrir un blackout o amnesia anterógrada en términos científicos. Es decir, aproximadamente el doble de lo permitido para poder circular en automóvil en España (o,5g/l de alcohol en sangre). El problema es que, como indica el profesor, en nuestro país el protagonista absoluto a la hora de consumir alcohol entre los jóvenes es el llamado botellón.

Este modelo de consumo, en el que el objetivo es lograr un rápido estado alcohólico antes de ir a las discotecas donde beber es mucho más caro, no ayuda precisamente a realizar una ingesta responsable del alcohol. “El abuso de alcohol en poco tiempo provoca el aumento de sus niveles en sangre. Si bien al principio produce efectos psicoestimulantes, al continuar bebiendo la acción es depresora, y se observa sedación y amnesia”, alerta el experto.

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Aunque para muchos ‘pillar un súper ciego’ es sinónimo de haberse pegado una buena noche de fiesta, Miñarro recuerda que los problemas de llegar a este punto de intoxicación se manifiestan a corto y a largo plazo. “Más allá de las actividades que podrían resultar bochornosas, ya que el alcohol produce desinhibición del comportamiento, lo más peligroso es que puede promover actividades o situaciones de peligro personal, como conducta violenta y agresiones”, apunta sobre el corto plazo.

Sin embargo, el psicólogo insiste en que lo peor viene si el abuso del alcohol se prolonga en el tiempo: “el consumo prolongado de alcohol y otras drogas modifica el funcionamiento del cerebro a largo plazo. Una de las consecuencias es la alteración o perdida de funciones fisiológicas importantes, como puede ser las alteraciones en la memoria, especialmente cuando estas sustancias son consumidas por adolescentes, un cerebro que todavía está en periodo de consolidación y reajuste neuronal”.

Precisamente, y para aquellos/as que no se den por aludidos al leer el artículo porque lo suyo es más sentarse con los colegas a pegarse una buena fumada o directamente meterse ‘eme’ en la disco, Miñarro advierte que tanto el cannabis como el MDMA “también pueden provocar estos efectos a largo plazo”. Así que ya sabes, memoria y descontrol no caminan de la mano y, si de verdad te importa pasártelo bien, sería una pena que no pudieses recordar esos buenos momentos por culpa del alcohol, ¿no?