No soy un apestado, solo tengo una enfermedad en la piel

De repente, surgen y te coartan. Porque claro, cómo vas a ir a la piscina así. O a la playa. O cómo vas a quedarte desnudo delante de esa chica a la que acabas de conocer. Seguro que se espanta. Pero es lo que hay, lo estás solucionando y no puedes acelerar el proceso. Solo te queda confiar en tu dermatólogo, seguir sus consejos al pie de la letra y tener un poco de paciencia. Determinadas enfermedades cutáneas como la dermatitis atópica o la psoriasis se manifiestan con relativa asiduidad en cuerpos de personas que ni siquiera han cumplido los 30, acabando, en cierta medida, con su libertad para hacer determinadas cosas.

Y eso no por no hablar de los adolescentes, pasto del acné. Pero todas estas dolencias tienen solución. Relativamente sencilla, además, en la mayoría de los casos. Dos dermatólogos nos explican cuáles son y otros dos testimonios reales nos detallan cómo convivieron con estos problemas hasta que, por fin, pudieron volver a lucir una piel saludable.

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“Empezó a manifestarse poco a poco sobre todo en los codos y en las rodillas, aunque aparecía también en otras partes del cuerpo. Al principio, lo achacaba a que soy una enemiga de la crema hidratante. Quién me lo iba a decir. Ahora estoy todo el día con el bote a mi lado, por si acaso”. Alba tiene 29 años y, hace cinco, tuvo que acudir al dermatólogo porque varias concentraciones de pequeños granos comenzaron a crecer en las articulaciones de sus extremidades. Era psoriasis.

“Notaba, sobre todo en verano, cómo la gente me miraba con una ligera mueca de asco. Al ir con los brazos al aire, esas marcas quedaban al descubierto, y muchos las miraban de reojo. Era bastante incómodo”, explica. Por supuesto, Alba procuró evitar al menos las prendas que mostrasen sus piernas hasta que logró que su psoriasis desapareciera. La dermatóloga Concha Román detalla que “para casos leves, basta con un tratamiento tópico en forma de crema para hacerla desaparecer aunque también es recomendable la fototerapia o la exposición solar”, y añade: “En casos más severos, se prescriben otros tratamientos por vía oral”.

Pero tiene solución. Igual que la dermatitis atópica, con un tratamiento similar. Antonio, que hoy tiene 31 años, la padeció hace tres, y asegura que “estar colgado de un bote de crema es bastante aburrido y tedioso”. Él también recuerda que, durante mucho tiempo, tuvo vetadas las bermudas y procuraba evitar las camisetas de manga corta cuando el problema se manifestaba de forma demasiado evidente. “Era muy incómodo, sobre todo en verano cuando todo el mundo me preguntaba si no tenía calor”. Además, Antonio prefería no acudir a la piscina o a la playa: “El amigo de un amigo llegó a preguntarme si se lo podía pegar por bañarse en el mismo agua que yo”.

También el acné es otro gran mal característico de la etapa adolescente. El dermatólogo Emilio Suárez apunta que, como en el caso de la psoriasis, existen grados de severidad. “En primera instancia, se opta por las soluciones en forma de crema pero, en casos más difíciles, esto se complementa con antibióticos por vía oral”, señala. De hecho, el acné es característico de la adolescencia y, aunque es algo a lo que pocos escapan, existen multitud de medicamentos para erradicarlo.

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Pero la psoriasis, la dermatitis atópica y el acné no son las únicas enfermedades cutáneas que castigan a jóvenes y adolescentes. A las consultas de los especialistas acuden de forma habitual chicos –y también chicas– alarmados por la pérdida de pelo. Las temidas ‘entradas’, la alopecia incipiente, que marca la aparición de una frente o una coronilla cada vez más despejadas. La doctora Román matiza que no es lo mismo “una alopecia difusa, en la que determinadas partes comienzan a sufrir una leve despoblación” que si se trata de "una alopecia adrogénica o genética, hay poco que hacer”. En otras ocasiones, este problema deriva de una falta de hierro, así que basta con recetar algún complemento. Sin embargo, la dermatóloga advierte: “No hay que fiarse de las soluciones ‘milagro’ como los trasplantes capilares; si la alopecia es activa, el pelo terminará por caerse de nuevo”.

Por último, los profesionales abren otro melón, el de los condilomas o verrugas genitales. Concha Román constata que “cada vez hay más personas que acuden a la consulta con este problema. Al haber perdido un poco el miedo al VIH, los jóvenes han empezado a dejar de usar preservativos, y esa tendencia es francamente peligrosa”. Los pacientes son, sobre todo, varones, puesto que las mujeres prefieren acudir a su ginecólogo. En cualquier caso, el tratamiento es común: “Muchas de estas verrugas se eliminan con nitrógeno líquido o electrocoagulación, después de haber aplicado soluciones tópicas de ser conveniente. Y, en todos los casos, se realizan analíticas para descartar otros problemas asociados”, repasa Román.

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En definitiva, para esto último, responsabilidad y cabeza y, para los anteriores, asesoría dermatológica, cremas y otros tratamientos. Porque todos estos problemas tienen solución y, normalmente, terminan por desaparecer o, al menos, por controlarse. Como en el caso de Antonio y Alba que, ahora, cuidan y lucen sus pieles como si fueran de cristal pero, en su momento, tuvieron que aguantar las miradas y las muecas de los demás sin tener ellos culpa. Algo que, por cierto, a más de uno le debería hacer reflexionar.