6 Mitos Contra El Veganismo Que Los Veganos Estamos Cansados De Oír

Año 2017. Planeta Tierra. Misión de exploración del veganismo. Sexto informe anual desde la estación Tofu: Un dos por ciento de la población europea lleva una dieta vegana, según datos de Nielsen. Famosos como Paul McCartney, Ariana Grande o Jared Leto lideran la cara mediática del movimiento vegano tras salir del armario alimenticio. La serie de Netflix Easy ha regalado al mundo la primera vegana no doctrinal o nazi de la historia de la televisión. Y el metro de Madrid presume de haber lucido el primer cartel publicitario antiespecista y vegano de la ciudad. Veredicto del nivel de progreso de la cultura vegana: notable.

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Cuestión principal que deriva del estudio: con tanto avance, ¿por qué demonios sigue habiendo gente que argumente las mismas tonterías en contra de esta opción de vida? Solución recomendada: un último artículo que explique y desmonte de una vez y para siempre los eternos contraargumentos hacia el veganismo. Lean atentamente porque no lo pienso repetir.

1. Las plantas también sienten dolor

Saquen sus cámaras y disparen como si no hubiese un mañana porque estamos ante el argumento estrella de quienes se enfrentan al veganismo desde el corazón y no desde la razón. No importa que las plantas carezcan de sistema nervioso central, de terminaciones nerviosas y de cerebro que procese información nerviosa. Ellos no dudarán en enviarte memes sobre genocidios de brócolis y sobre zanahorias clamando compasión.

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El dolor no es un mecanismo de castigo que la naturaleza haya instalado en nuestros sistemas operativos con ánimo rencoroso. Según Carlos Belmonte, director del Instituto de Neurociencias, el dolor es una medida de detección que nos avisa sobre alguna lesión, dándonos la oportunidad de sanarla y manteniendo así intactas nuestras probabilidades de supervivencia. ¿De qué le serviría a una planta experimentar dolor si no puede huir de la fuente que lo provoca?

Aún así, si estos razonamientos no te convencen y sientes tantísima preocupación por las plantas como para interrumpir trescientas veces mi almuerzo, deberías saber que más del setenta por ciento de los cereales y granos cultivados en los países desarrollados acaba en los estómagos de los animales de granja. No con el fin de alimentarlos, sino con el objetivo de cebarlos hasta límites malsanos. No lo digo yo, lo dice la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación: una dieta vegana planetaria supondría la liberación animal, el antídoto del hambre humana y la salvación de muchas de esas plantas que tanta lágrima provocan en tu vulnerable corazoncito.

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2. Los veganos no consumís suficiente proteína

Hablemos de cantidad. La Organización Mundial de la Salud recomienda consumir 0,8 gramos de proteína por cada kilo de peso. Teniendo en cuenta la cantidad media o elevada de proteínas presentes en los frutos secos, los cereales o las legumbres, resulta imposible no cubrir los requerimientos proteicos. Todo lo contrario: lo más habitual es sobrepasarlos un poco. En el caso de las dietas altas en consumo cárnico la cifra se eleva hasta los 160 gramos diarios. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, unas tres veces más de lo recomendado, lo que aumenta las posibilidades de padecer trastornos cardiovasculares, hipertensión y problemas renales.

Hablemos de calidad. Las proteínas contienen los aminoácidos esenciales para el funcionamiento del organismo. Los alimentos de origen animal, al igual que la soja, contienen en sí mismos todos estos aminoácidos. Son autosuficientes. El resto de alimentos contienen algunos y carecen de otros. Remedio simple: combinamos nuestros ingredientes. ¿Que me preparo unas lentejas? Les añado arroz o patatas. ¿Que tomo cereales? Que sea con leche de almendras. Así que dejad de preocuparos.

3. No tomáis suficiente calcio

Tanto anuncio de vacas felices y de Belén Rueda dándose un chapuzón desde su velero nos están pasando factura. El ser humano es la única especie que continúa bebiendo leche tras el periodo de lactancia, y no su propia leche, sino la del primer rumiante que pasaba por ahí. El calcio no es un mineral exclusivo de este alimento sino que está presente en muchos otros como las almendras, las avellanas, los garbanzos, las aceitunas o los vegetales de hoja verde.

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Sin embargo, lo más importante que necesitas saber acerca del calcio es esto: no necesitarías tanto si no comieses tanta carne. La enorme carga ácida que conlleva la digestión de un filete provoca que el cuerpo recurra a diferentes mecanismos para mantener la sangre en los niveles sanos de pH. Son muchos, pero ¿adivinan cuál es el más interesante? La eliminación de electrolitos como el calcio con el fin de excretar ese exceso de ácido, aumentando notablemente el riesgo de osteoporosis. El famoso activista Gary Yourofsky, probablemente el hombre que más ha contribuido a la difusión de la cultura vegana en los últimos años, hablaba ya largo y tendido sobre todo esto allá por 2011, y sin embargo continuamos viviendo bajo las mismas mentiras anquilosadas.

4. Los veganos estáis debiluchos, os falta energía

Seis años de análisis de sangre anual me han servido para verificar y contar que la dieta vegana es plenamente satisfactoria a nivel nutritivo. A lo largo de este tiempo he sometido a mi cuerpo a diferentes entrenamientos de alta intensidad y nunca he tenido el menor problema de salud. Pero esto no es nuevo: Carl Lewis, el Hijo del Viento, cuenta en su libro Very Vegetarian su conversión al veganismo en 1990, y cómo esta dieta contribuyó "al mejor desempeño deportivo de su vida". Tras él vinieron los ultramaratonianos Bart Yasso, Scott Jurek, Brendan Brezier y muchos otros más.

Otro mito en torno al veganismo y el rendimiento físico se encuentra en la ganancia de músculo. Pareciera que los veganos estamos condenados a lucir el cuerpo de Peter el Anguila, cuando lo cierto es que la proteína vegetal es tan capaz como la animal de ayudarnos en la creación de músculo. Como prueba, ahí tienen al atleta de fuerza y culturista Patrick Babounian, al youtuber de street workout y calistenia Frank Medrano, o al jugador de fútbol americano David Carter.

5. Ser vegano es una odisea: caro y limitado

La compra vegana es, por lo general, más barata que la omnívora, dado que los productos animales como la carne o el pescado elevan, y mucho, el precio de la misma. Las leches vegetales, por su parte, son algo más caras que la leche de vaca, pero esto puede equilibrarse si, en un futuro, las grandes empresas lecheras siguen animándose a fabricar leches vegetales, aumentando la competencia entre éstas y, por tanto, reduciendo su precio. Los productos especiales como el tofu, el seitán o la levadura de cerveza pueden arañarte unos euros de más, pero no son alimentos esenciales de la dieta vegana, sino complementos puntuales.

Por otro lado, la limitación que sufrimos los veganos al pisar la calle se va reduciendo considerablemente. Según la página Happy Cow (algo así como un TripAdvisor de restaurantes vegetarianos y veganos), los restaurantes vegetarianos se han triplicado en nuestro país en los últimos años. Un vegano mochilero no padece hoy día las complicaciones que se encontraba en los 90. Como casi siempre, basta salir de España para darse cuenta de que el resto de Europa Occidental camina dos pasos por delante nuestro, con una oferta más variada y asequible de preparados veganos en los frigoríficos de sus supermercados. El florecimiento y expansión de la cultura vegana hace más sencilla la transición a los que vienen detrás, creando así un círculo de retroalimentación positiva. Cuantos más seamos, más fácil lo tendremos.

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6. No puedes ser 100% vegano

No es un mito. Es quizá el argumento más doloroso que un vegano, y cualquier otra persona que luche por algún tipo de causa social, puede oír. Implica que, dado que nadie puede controlar absolutamente de dónde viene la comida (una pipa puede ser un alimento vegetal, pero quizá esté siendo transportada por un burro explotado hasta la extenuación), lo mejor es no complicarse y no hacer nada al respecto.

Pero lo erróneo, o lo que no sirve como excusa, es el planteamiento que te ofrecen los no veganos: si no puedes ser vegano al 100%, no lo seas al 97%. Una actitud derrotista que sirve para permanecer impasible y, de paso, tratar de tirar por tierra el esfuerzo de tantos otros. Si no tienes la empatía o las ganas para dar el paso y sumarte a la causa, está bien, puedes continuar con tu vida y ya. Pero si preguntas, si opinas, sea por curiosidad o en un intento de hacerme cambiar de opinión o de limpiar tu conciencia, tienes que estar preparado para discutir con buena información y no con viejos clichés reciclados. Basta de mitos. Basta de excusas.