Las mujeres DJ no somos groupis ni tocamos porque estemos buenas

Las pantallas destellan y los focos alumbran zonas muy concretas en la oscuridad de la sala. Es una psicodelia de visuales que acompaña al viaje mental de electrónica avanzada. Y ella, Annie Hall, una de las Dj's y productoras españolas más conocidas de la escena, empieza su sesión en el Insert Club de Barcelona. Pero a Annie casi no puedes verla. ¿Importa realmente? Cuando estás sacudiéndote como si alguien te enchufase un desfibrilador en el pecho, que el Dj sea ‘ella’ o ‘él’ es tan accesorio como la cantidad de vodka que lleva tu cubata.

Aunque, desgraciadamente, tengamos muchas menos ocasiones de oír pinchar a mujeres y deban sufrir las consecuencias de una sociedad machista de la que nada está a salvo, ni siquiera la música, por muy progresiva, techno o electrónica que sea.

Según un informe publicado este año por la red FemalePressure, de 233 festivales de electrónica celebrados en Europa entre 2012 y mediados del año 2017, un 80% fueron protagonizados por hombres, mientras que las actuaciones de mujeres Dj se mantuvieron en un 14%. Unos datos que ponen de relevancia la poca diversidad de género de un sector que en España, y concretamente en Barcelona, ‘hub’ de la electrónica en el país, va acompañado a menudo de una discriminación económica y una sexualización de las Dj's, a las que se las valora más por sus curvas que por su música.

Al menos esto es lo que apunta Femnoise, un híbrido entre colectivo y agencia que nació para dar visibilidad a Dj's, tanto mujeres como personas no binarias, y que puedan recibir el mismo trato que sus colegas hombres heterosexuales, que son la mayoría. “No creemos en los cupos de género en los festivales, lo que queremos es que la calidad musical sea lo que prevalezca independientemente de si la música la produce un hombre o una mujer”, cuenta Checca Malloz, miembro de la agencia.

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Desde que su proyecto empezó a funcionar, han recogido casos tan aberrantes que cuesta de creer. Como el de salas que se niegan a pagar a las artistas tras su actuación (alegando que no han hecho la caja mínima) o insisten en rebajar su caché cuando tienen la misma categoría y carrera profesional que sus compañeros varones. “Hay muchísimas mujeres produciendo, pero en Barcelona no hay escena y las Dj's están desprotegidas", dice la fundadora de Femnoise y productora, Natalia San Juan. "He vivido situaciones tan indignantes como traer a una artista de Berlín para que participe en un festival de electrónica en Andorra y que el director me diga que le van a pagar la mitad que al resto de DJ's sin haberla escuchado, únicamente porque era una mujer”, añade.

La agencia representa a una decena de artistas, la mayoría españolas, pero algunas Dj’s internacionales se han interesado por el proyecto debido a la dificultad para entrar en las salas españolas. "Se programa antes a artistas extranjeros que a locales porque vende más y porque somos un país de burros, pero no tiene que ver si son hombres o mujeres", afirma Roger, director de la sala Kreuzberg de Barcelona. "Durante el Sónar de hace unos años todo el mundo peleó para tener la exclusividad de Miss Kittin y hoy seguro que se mueren por Amelie Lens”, resume.

Si bien para Roger no existe la discriminación que denuncian las Dj’s, algunas artistas, como la chilena Isabel Alessandrini (aka ISA.BEL), no se muerden la lengua para calificar al negocio de la música electrónica como una ‘cofradía de hombres’.

La música, ¿un club de tíos?

“Llevo más de diez años en la música y cuando era más joven tuve que soportar que me invitasen a pinchar solamente para ligar conmigo o porque tenía una cara bonita. Sí ha existido un avance, pero las mujeres tenemos menos capacidad de acceder a esos ‘clubs de toby’ de los que forman parte los dueños de festivales y los programadores. No creo que nos aparten conscientemente, solo se apoyan entre ellos”, denuncia Isabel.

De acuerdo a un artículo publicado por Tamir Gadir, investigadora de la Universidad de Edimburgo, la mayoría de las profesionales de la música son consideradas aún hoy como las novias de los DJ's y las ‘groupis’. “Se asume que ellas no saben utilizar la tecnología porque son mujeres y a veces sufren el acoso de sus colegas hombres o de otras personas de la escena”, apunta Gadir. La rusa Nina Kraviz, una de las Dj’s más famosas de la actualidad, ha sido tan alabada como criticada más por su belleza que por la indudable calidad de su música. Y en el otro extremo, hay artistas con cuerpos no normativos, como The Black Madonna, que son casi una excepción, o de profesionales como Anja Scheneider, que dirige el reputado sello de música Mobilee Records.

Para Marta Fierro, conocida como Eme DJ, la presión que sufren las mujeres por su físico es más que evidente, como también lo es la doble moral con la que las juzgamos: “Yo no veo a muchas chicas feas pinchar… Si una mujer no da la talla a nivel estético tiene que pinchar de puta madre para que la llamen. Nina Kraviz, por ejemplo, pincha genial y además está buena, y por eso mucha gente la ataca”. En el line-up de Kreuzberg hay cuatro Dj’s mujeres: Noelia Gutiérrez, Lola Von Dage, Kuroi y Sheila Estévez. “Si tengo a más hombres que mujeres es porque no conozco a otras de las que pueda estar interesado musicalmente hablando”, admite Roger, a quien le parece bien que un Dj saque partido de su atractivo si puede beneficiarle: “Si tienes algo que es bueno, véndelo”.

Pocas y a su bola

Ainara trabaja como booking assistant para reconocidos festivales y salas. Es una de las pocas mujeres, dice, que tienen un puesto directivo en el negocio de la música y afirma que si bien a la hora de programar se suele pensar más en la calidad del artista y el gusto del público que en el género, el mundo de la empresa es patriarcal. “Es un reflejo de la sociedad en la que vivimos, pero creo que deberíamos ser más paritarios, sobre todo porque todavía el sistema no es igual para todos. Y eso que la música es más abierta, moderna y te cuesta menos escalar que en otros sectores”, explica. En Barcelona hay también otras mujeres en puestos directivos, como la propietaria de sala Moog, Marta Mas, la directora de Kindcrime, Katerina Pulido, o la dueña de la promotora Sito’s DF, Ana Ruíz.

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Uno de los efectos de la brecha de género en el negocio de la música electrónica y del esfuerzo a veces titánico de las Dj’s por ser consideradas y tener visibilidad es la falta de compañerismo, algo que según Eme Dj, no ocurre en otros países: “Hay que pasar muchos filtros para que una chica destaque, porque los hombres ocupan todos los puestos y no las dejan salir del ‘underground’, pero es difícil que se apoyen entre ellas porque es muy competitivo. ¿Sabes por qué existe un premio a la mejor mujer Dj? Porque si no ninguna ganaría nada. Cuesta mucho que te tomen en serio”.