Así fueron los cinco días que pasé en la Cienciología de Barcelona

Plantada delante de la sede de la Cienciología en Barcelona mi cabeza está hecha un lío. En unos minutos realizaré el Test de Capacidad Oxford que me permitirá meter un pie en una de las religiones más polémicas del mundo. Por mi mente no paran de pasar referentes como el divorcio de Katie Holmes y Tom Cruise entre otras cosas por su estrecha implicación en esta organización de culto, los documentales acusando a la Cienciología de manipular a sus adeptos e, incluso, la condena de la justicia francesa reprochándoles "haberse aprovechado de la vulnerabilidad de sus adeptos para sacarles grandes cantidades de dinero", según recoge el diario Le Monde.

Reconozco que antes de entrar por esa puerta tengo un poco de miedo. Pienso que me intentarán comer la cabeza desde el minuto cero. Sin embargo, una chica llamada Vanesa (que nunca me dio su apellido) me recibe con una sonrisa y me invita a hacer el test de 200 preguntas. El resultado es que estoy muy deprimida pero que tengo mucho potencial, sorprendentemente un resultado muy similar al de otras dos personas que también lo hicieron. Coincidencia o no, la solución que me ofrecen es un curso para aumentar mi autoconfianza e iniciar el camino hacia mi bienestar interior que dura 16 horas y que cuesta 45 euros.

Resultado del test de personalidad que resalta puntos muy altos y otros muy bajos. Autora: Alba Losada

Esto me hará pasarme los próximos cuatro días leyendo textos nacidos de las ideas de L. Ron Hubbard —escritor de ciencia ficción estadounidense, fundador de la Cienciología en 1954 y auténtico gurú de esta religión—, escribiendo redacciones sobre mi confianza y reflexionando sobre cómo podría aplicar todas estas ideas a mi día a día. Pero sé que solo metiendo mis narices de periodista en su sede de la céntrica Gran Vía de Barcelona no conseguiré respuestas a todas mis preguntas, así que me pongo en contacto con sus más altos representantes para que me cuenten: ¿Qué me están intentando vender? ¿Qué es lo que, según ellos, aportará la Cienciología a mi vida?

“Ofrecemos las herramientas practicas y probadas para vivir una vida mejor, y de esa manera dejar de ser esclavos de las mentiras y trampas que hay en este mundo. En última instancia, si habláramos religiosamente, sería lograr esa comunión fraternal con el universo, con Dios, o con la Madre Naturaleza, da igual como lo llames”, me explica días más tarde vía email el presidente de la Cienciología en España, Iván Arjona, la mayor autoridad de esta organización que consiguió ser reconocida como religión en nuestro país en 2007 y que, según él, congrega a unos 11.000 fieles en nuestro país —una cifra que extrañamente no se actualiza desde al menos 2013— y a otros 10 millones en los 167 países en los que está presente. Aunque teniendo en cuenta algunos acuden a sus centros puntualmente, reconoce que es difícil hacer un censo preciso.

La entrada de la Cienciología en Barcelona está repleta de libros de Dianética Autora: Alba Losada

Primer día de curso: sin señales de adoctrinamiento

El lunes 22 de enero de 2018 es el primer día que entro en la sala de estudio y que me permitirá, por primera vez, observar a la Cienciología desde dentro. Me siento al lado de otro chico joven —el único en una sala marcada por la frialdad y el minimalismo— y empiezo a leer los textos del libro del curso, que hablan de seguridad, de tener fe en uno mismo y de la importancia que tiene en nuestro aprendizaje, observar y practicar. Ninguno de ellos me revela nada del otro mundo, pero tampoco es que parezcan un adoctrinamiento.

Todo avanza según mi plan aunque, como me recuerda el psicoterapeuta y especialista en relaciones sectarias, Miguel Perlado es una obviedad que pasar dos días entre lecciones de cienciólogos no bastarán para convertirme en una fiel seguidora de esta religión. Es más, su teoría es que en una organización de este tipo "primero te seducen, chequean si eres más o menos maleable y cuando ven que puedes ser un adepto, te meten dentro".  Aunque eso no tiene por qué ser así en el 100% de los casos, porque como insiste el experto, "todo depende la experiencia de cada uno y del país desde el que se conozca a la Cienciología".

Imagen cedida por el servicio de comunicación de la Cienciología en España. (Se han difuminado las caras para proteger la privacidad de los participantes).

La opinión de Perlado es diametralmente opuesta a la de Arjona, que, como era de esperar, asegura que la libertad individual es la constante que se respira entre las paredes de la religión: “Scientology como tal no tiene puerta de entrada ni salida. O la sigues aprendiendo y la practicas o dejas de hacerlo. Así que nadie puede obligarte a una cosa o a la otra”. De hecho, insiste en que el tiempo que cada uno invierta en aprender las creencias de Hubbard dependerá de a qué ritmo quiera avanzar en los distintos niveles —según documentos internos—  que la Cienciología le propone a cada individuo para culminar su supuesto aprendizaje espiritual.

Sin embargo, el experto insiste en que no es ninguna casualidad el que, tanto en mi caso como en el de otras personas con las que hablé allí, suela dibujarse en los aspirantes un perfil en el que se remarcan defectos muy profundos y grandes virtudes para darles a entender que gracias a sus cursos podrán suprimir unos y potenciar otros. “Les hablan de sus puntos débiles y de sus posibilidades para que, de algún modo, crean que les ayudarán a recuperar o a alcanzar un potencial desaprovechado que los de fuera no son capaces de ver”, asegura Perlado que califica esta técnica de un método muy efectivo de reclutar personas en un momento vulnerable de sus vidas.

Segundo día: ¿un sistema de cursillismo sinfín?

A pesar de mis nervios iniciales, el segundo día del curso ya me paseo con cierta comodidad por el lugar hasta que me entero de lo que me costaría seguir trabajando en mi 'bienestar'.  Basándose en el test inicial y en varias entrevistas me recomiendan cuatro cursos más y 20 horas de auditaciones —el proceso mediante el cual los cienciólogos te dicen cómo acabar con los focos de dolor, del pasado y de vidas pasadas, que te impiden ser feliz— por un precio de 640 euros. Y esta es solo la fase introductoria de una formación que, según un documento que me ha enviado Perlado, está conformada por más de 30 niveles.

Uno de los documentos recibidos durante el curso en el que figura la cantidad a pagar por los siguientes cursos. Autora: Alba Losada

Fue precisamente este sistema, en el que avanzas a golpe de talonario, el que hizo que los tribunales franceses condenaran a la Cienciología por fraude en 2009 (sentencia que fue ratificada en 2013) y que, al mismo tiempo, ha sido el motivo de denuncia por parte de exmiembros que les han acusado de arrancarles hasta el último céntimo e, incluso, el tema sobre el que giraba el documental Going Clear del prestigioso cineasta y excienciólogo, Paul Haggis. "Es posible que alguien haya tenido una experiencia difícil, pero no me creo que nadie que haya tratado honestamente de resolver o arreglar dichas experiencias no lo haya podido conseguir", responde Arjona ante las críticas e insiste en que, si bien puedes dejar de avanzar de nivel cuando quieras, la mayor parte de críticos no hacen más que "mentir o comerse las mentiras de otros para que la gente deje de abrir los ojos y dejen de trabajar en ser más capaces".

Otro punto a tener en cuenta es que, efectivamente, la Cienciología no es la única institución que te ofrece crecimiento personal a cambio de dinero. Un ejemplo son los miles de talleres de autoayuda e incluso los honorarios de los psicólogos, que no suelen bajar de los 60 euros la hora. Pero, según recuerda Perlado, "mientras que un tratamiento psicológico tiene la intención de acabar otorgando autonomía y libertad de pensamiento y acción a la persona, una organización de este tipo puede hacer a sus adeptos dependientes, que siempre necesiten cursos y más cursos, consejos y más consejos para tenerlos atados de por vida". Es lo que él llama "un cursillismo sinfín".

Tercer día: ¿un sistema sectario?

El tercer día del curso otro cienciólogo del centro de Barcelona, Borja, me recomienda empezar con el siguiente nivel cuanto antes y no perder la oportunidad de hacer las famosas ‘auditaciones’. Asiento con convencimiento para que no sospeche que, en realidad, no puedo ni quiero invertir más dinero en aprender sus enseñanzas. De hecho, mientras recorro sus instalaciones aprovecho para grabar en mi memoria todos los detalles de un vestíbulo repleto de mensajes motivadores y de libros para adultos y niños de Dianética, su principal creencia. El nombre de Hubbard está en todas partes, como un mantra.

De acuerdo con Perlado, el ambiente está calculado hasta el milímetro: "la escenografía junto a la figura de un líder carismático, su estructura jerarquizada en niveles y las divisiones que se hacen entre ‘los de dentro’ y ‘los de fuera’ es típica de un sistema sectario". El psicoteraupeuta, incluso, asegura que trabajó con pacientes excienciólogos que le contaron que "el aislamiento les hizo acabar completamente absorbidos y anulados". Esta misma tesis es la que se denuncia en el documental Leah Remini: Scientology and the Aftermath de la exciencióloga y celebrity de Hollywood que le da nombre. En el mismo se relata la experiencia de personas que dieron toda su vida o gran parte de ella a servir a una religión que ahora consideran que les engañó, les manipuló para sacarles hasta la última gota de criterio.

No obstante, lo que cuentan sus capítulos sigue siendo diametralmente opuesto a lo que dicen quienes están dentro. “Scientology se rige por un sistema más libre que la gran mayoría de religiones. Pero, sobre todo, más libre y justo que muchísimos medios de comunicación, gobiernos e incluso entidades educativas. Que existan normas, procedimientos, disciplina y unos códigos morales no hace a ese sistema menos libre. Animo a las personas a sacar sus propias opiniones”, responde una vez más Ivan Arjona que se toma muy en serio la labor de desmentir toda esta ‘leyenda negra’ que recae sobre la Cienciología.

De hecho, durante uno de los descansos del curso en el que salgo a fumar un cigarro con Uri, otro de los cienciólogos e instructor del curso, este se burla de que algunos les hayan tachado de secta: “Si fuese así, no estaríamos aquí en medio de la Gran Vía de Barcelona. ¿No te han pedido que comas placenta no? —bromea con otra de la polémicas que rodean a la Cienciología–. En los seis años que llevo aquí nunca me he encontrado nada así”. Las risas invaden el ambiente, aunque después ambos regresamos a un silencio tirando a incómodo.

Cuarto día: ¿en contra de la homosexualidad?

Llega el último día del curso, y con este el ejercicio final en el que detallo como aplicaré lo aprendido a mi rutina con Uri, que en pocos días se ha ganado mi simpatía aunque no tanto mi confianza. Es por ellos que esta sensación de ligera comodidad se evapora al hablar de que soy lesbiana y de las relaciones que podría tener con chicas en un futuro. Por mucho que él no me transmita ni un atisbo de repudio, no me cuadra mucho con la experiencia de Haggis que, en 2009, abandonó la organización porque su sede en San Diego había rechazado el matrimonio homosexual.

Además, tampoco puedo olvidar los rumores que dicen que el fundador Hubbard tachaba a la homosexualidad de perversión y enfermedad, algo que, por desgracia, también podría decirse de la doctrina de otras religiones más mayoritarias que atentan contra los derechos de la comunidad LGTBI sin que parezca causar tanto impacto en la opinión pública. “Conozco personalmente a algunos miembros que son homosexuales y jamás se han sentido tratados de forma distinta en la iglesia”, dice Arjona garantizando que en la Cienciología hay cabida para todas las formas de amar y, de paso, negando las voces que hablan de una desconexión de sus adeptos con su entorno familiar: "la iglesia alienta la excelencia de las relaciones familiares ya sean cienciólogos o no".

Imagen de la clase de un curso de la Cienciología España cedida por su servicio de comunicación. (Se han difuminado las caras para proteger la privacidad de los participantes).

Imagen de la clase de un curso de la Cienciología España cedida por su servicio de comunicación. (Se han difuminado las caras para proteger la privacidad de los participantes).

Así acaban los cinco días que he estado en la Cienciología totalmente insuficientes para comprobar, en el caso de que sea verdad, si se trata de la secta elitista y excéntrica de la que tanto se habla. Lo que sí puedo asegurar es que, si no hubiera sido para escribir este reportaje, jamás me habría planteado la posibilidad de pagar los 640 euros que, según ellos, necesitaría para alcanzar el bienestar en mi vida. Con los 45 euros del primer cursillo ni se me reveló nada, ni me siento mejor de mi supuesta depresión. Al final, solamente aquellos que han alcanzado los niveles más altos de la Cienciología saben qué es lo que realmente se cuece tras toda la rumorología que la envuelve. Yo, por si acaso, sigo prefiriendo gastarme el dinero en un buen psicólogo.