Bullying entre hermanos: cuando tu agresor tiene la misma sangre que tú

Le propuse a Leire que me contara su historia delante de unas cervezas o un café, pero ella prefiere el banco de un parque. Tiene miedo de acabar llorando y, si hay algo que odia, es la sensación de estar dando pena. Por eso también me ha pedido que no utilice su nombre real por si su hermana o su familia daba con el artículo. Así que nos sentamos en la oscuridad de las últimas horas de la tarde y, entre cigarrillo y cigarrillo, me dibuja el horror en el que ha crecido. Lo primero que me dice es que no sabía cuándo o cómo empezó el acoso, pero sí que nunca llegó a parar del todo.

"No podía ni mirar a mi hermana porque cualquier cosa iba a ser motivo de conflicto. Solía aprovechar cuando no estaban mis padres para insultarme y pegarme. Cuando iban a llegar, se echaba a llorar, se arañaba a sí misma para tener marcas y que yo cargara las culpas. Yo nunca hablaba, estaba acojonada", confiesa esta chica de 25 años que se refugia detrás del nombre de Leire.

El bullying es un tema que afectó al 9,3% de los escolares en España en 2017 y que lleva estudiándose más de quince años. La impactante matanza en Columbine en 1999 —una venganza de Eric Harris por el abuso que sufrió de otros estudiantes— , los suicidios adolescentes o la publicación en las redes de vídeos de estudiantes vejando a compañeros de clase despertaron la alarma y empezaron a investigarse los porqués. Por qué un niño maltrata a otro. Por qué nadie hace nada al respecto. Cómo se puede solucionar. La serie Por trece razones reavivó la preocupación y defendió que, cuando no somos apoyo, pasamos a ser cómplices. Pero, ¿qué pasa cuando el infierno no está en el colegio sino en tu propia casa y cuando agresor y víctima comparten sangre y ADN?

Bullying o rivalidad fraterna

El psicólogo y terapeuta familiar y de pareja, Juan Luis Vera Muñoz, explica que, por desgracia, el bullying entre hermanos es un tema muy poco estudiado. "Hay psicólogos que niegan que exista el bullying entre hermanos, ya que la rivalidad fraterna es algo muy común y tiene una naturaleza diferente a la del abuso escolar, que tiene sus características propias", apunta a la que vez que insiste, al igual que otros psicólogos, en diferenciar y separar estos dos conceptos.

La rivalidad fraterna consiste en una relación de amor-odio que, de acuerdo con el autor del estudio La rivalidad entre hermanos: causas, consecuencias y soluciones, William Antonio Boyle, "viene de la competición por la atención, el tiempo, el amor o la aprobación de los padres". De hecho, es muy normal que un niño viva con hostilidad la llegada de un hermanito: pasa de tener el cien por cien del tiempo de sus padres a disfrutar, con suerte, de la mitad. Por regla general, algo bastante habitual y que va remitiendo con el tiempo.

Sin embargo, cuando no se trata de conflictos entre hermanos sino del abuso continuado de uno de ellos sobre el otro aprovechando una situación de poder, el problema iría más allá de la rivalidad fraterna y de ahí que se pueda llegar a hablar de bullying entre hermanos. En el caso de Leire, algunos de los insultos de su hermana ponen los pelos de punta: "Siempre me decía que ojalá me muriera, que antes de que yo naciera eran felices. A mi madre le pedía que adoptara una niña china porque siempre había querido tener una hermana, como si yo no existiera, o me hacía cantar delante de sus amigas y les decía que no había cosa más fea que yo”.

Corinna Tucker ha sido la pionera que ha abierto la investigación sobre el bullying entre hermanos. En 2013 publicó Sibling agression, un estudio que se realizó encuestando a más de 3.000 niños, primero cuando tenían 12 años y después cuando tenían 18. Al parecer, un tercio de los entrevistados había sufrido abusos por parte de sus hermanos y que eran mucho más propensos a tener problemas psicológicos durante su vida adulta.

¿Por qué no se habla del bullying entre hermanos?

Debido a que la rivalidad fraterna es algo muy habitual es fácil que los padres entiendan que las riñas, las broncas o los insultos son algo normal, ‘cosas de niños’ que irán desapareciendo conforme crezcan. El problema es que, en un tercio de los casos, las agresiones van mucho más allá de la normalidad. Además, muchas veces los padres utilizan la rivalidad fraterna para intentar educar a los niños ("¿ves qué bien se porta tu hermano?", "¿ves que tu hermana no llora?", "deberías imitar a tu hermano y sacar mejores notas") y la comparación, además de ser odiosa, mina a uno de los hermanos y empodera al otro.

Juan Luis Vera insiste en que, "ni siquiera cuando las relaciones fraternas no han llegado al bullying, se debe comparar a los hermanos. Hay que educarlos entendiendo sus diferencias y aceptando a cada cual con sus fuertes y sus carencias". El problema fundamental del bullying en el entorno familiar es que es muy difícil de detectar. De hecho, cuando los padres no dan importancia al conflicto o no son conscientes de que uno de los niños está imponiéndose sobre el otro, pueden premiar al agresor y reforzar en la víctima la idea de que su hermano tiene la razón respecto a ella o, incluso, ratificar que es la causa de los problemas.

Leire cuenta que, cuando había algún conflicto con su hermana, su madre se echaba a llorar y le pedía que no se quejara porque le estaba haciendo sufrir. Es por ello que creció sintiéndose ‘la mala’, creyendo que ella era el problema y callando cuando era agredida para proteger a su madre.

¿Y qué se puede hacer?

Tanto Corinna Tucker como el experto Juan Luis Vera coinciden en que lo fundamental (y más difícil) es la detección del problema. Es especialmente complicado porque, dentro del núcleo familiar, las situaciones se normalizan. Es más fácil darse cuenta desde fuera, por ejemplo, en el entorno escolar. Una vez detectado el problema, hay varias vías de intervención. Como apunta el experto, la primera se centra en los agresores: "es fundamental averiguar cuál es el origen de su comportamiento, ya que en algunos casos puede que estén reproduciendo un abuso que han sufrido previamente".

Si el motivo no es un abuso previo, lo que se hace es trabajar la empatía, intentar reproducir de manera controlada el tipo de emociones que están provocando en su víctima. En segundo lugar, hay que ayudar a la víctima del abuso ofreciéndole apoyo emocional y trabajando la autoestima y la culpabilidad. Pero lo fundamental es que, cuando se trata de bullying fraterno, hay que trabajar con todo el núcleo familiar.

Precisamente, el abuso por parte de un hermano suele deberse, casi siempre, a que se le ha otorgado un rol de poder sobre la otra persona. Abuelos o padres han sentado las bases para un micro-hábitat familiar en el que los roles están descompensados. Por eso, es importante trabajar con la familia al completo para generar un equilibrio sano, poniendo límites a algunas personas y empoderando a otras hasta generar un clima constructivo para todos los miembros de la casa.


El infierno en casa

Mientras avanzamos con la conversación, Leire cuenta que nunca se planteó qué quería ser de mayor. Lo único que quería era cumplir 18 años para poder irse de casa. A pesar de que le encantaban las clases, no pudo estudiar porque su obsesión era conseguir dinero para poder escapar de su hermana. Ahora con 25 años estudia artes y lucha consigo misma cada vez que hay reuniones familiares. Después de haberse ido, su hermana sigue siendo la buena (la que está ahí) y ella sigue siendo la mala (la que se fue). La siguen llamando ‘amargada’, ‘hipersensible’ y ‘loca’. Nadie es consciente de que enfrentarse a su hermana para poder ver a sus padres es un enorme acto de amor.

Le sigue costando comunicarse, relacionarse, sentir que tiene algo que decir o algo que ofrecer. Prefiere aislarse para no generar conflicto. Después de haber pasado 20 años bajo el yugo de los insultos, agresiones y etiquetas injustas, cree que lo que la salvó fue la meditación, la música y los animales. Eso sí, Leire tiene secuelas y lo peor es que muchas de ellas podrían haber sido evitables. Pero, para eso, tenemos que tener todos los ojos bien abiertos. Porque un tercio de las veces, los problemas entre hermanos no son normales.