Un ‘bebé adulto’ nos cuenta por qué tiene que ponerse pañales para ser feliz

Encerrado en su habitación en casa de sus padres, Jose(*) lucha contra su vergüenza para atender el teléfono. “Sé que lo me pasa es muy raro y jamás le había contado a nadie lo que hago”, me responde con voz temblorosa este estudiante de ingeniería de 21 años de Barcelona. Aunque no pueda verlo, lo más probable es que este chico me esté dando una entrevista en pañales. Jose es lo que en España se conoce como un ‘bebé adulto’ y que los anglosajones han bautizado como comunidad ABDL (acrónimo del inglés Adult Baby Diaper Lover), es decir, adultos (tanto hombres como mujeres) que sienten verdadera obsesión por enfundarse unos pañales y adoptar el comportamiento de un bebé.

Según me cuenta, su relación de amor con los Dodotis comenzó hace cinco años cuando su hermana sufrió un accidente que la obligó a emplear pañales para adultos durante una temporada. “Comencé a obsesionarme con los pañales y decidí probarlos una noche. Sentí una sensación de completo bienestar. Una tranquilidad que no sabría explicarte”, confiesa Jose que, con tan solo 16 años, se plantó en una farmacia en busca de su ansiado botín. “En España adquirir los pañales para adultos no es tan fácil porque se suele pedir receta. Al final conseguí unos y comencé a usarlos a diario. Por las noches me encierro mi habitación y me los pongo para irme a dormir”, añade.

Como a estas alturas del relato ya estoy flipando bastante, decido contactar con la psicóloga y sexóloga en Terapia y Más, Julia Silva, para que me aclare un poquito de qué va todo este rollo del ABDL. “La autonepiofilia o infantilismo parafílico es un interés poco usual en el que la persona siente placer al vestirse, comportarse y ser tratado como un bebé”, me explica Julia aclarando desde el principio dos cosas: los bebés adultos suelen ser hombres heterosexuales —con pareja y una vida social plena— y su conducta no tiene ninguna relación con la pedofilia. De hecho, la experta ni siquiera la considera una parafilia como tal.

“Un interés sexual peculiar no tiene por qué ser una parafilia, ni implicar psicopatología. Tradicionalmente se han definido muchos intereses sexuales peculiares como trastornos mentales (por ejemplo, la homosexualidad estaba incluida en los manuales diagnósticos, también el sexo oral, chupar los pezones en las relaciones sexuales). La creencia de que los intereses sexuales poco usuales están relacionados con patologías no tiene evidencia científica”, señala Julia que, además, matiza que “son muchas las causas que pueden llevar a sentir placer por ser un bebé, desde la necesidad de desconexión, hasta el placer de dejarse llevar y que te hagan”.

No quiero sexo, quiero una mamá

Hablando con Jose confirmo que lo suyo no tiene nada que ver con el sexo y sí con sentirse bien. “Puedo llegar a sentir excitación pero lo asocio más al placer de sentirme cómodo con los pañales que a otra cosa. Si te sientes bien es más fácil excitarte”, me dice mientras me habla de la novia que dejó hace unos meses y que jamás sospechó nada sobre su pequeño secreto. Es más, a medida que comenzó a profundizar en el mundillo ABDL y entrar en contacto con otros miembros de la comunidad a través de internet, el estudiante adquirió otros fetiches típicos de los bebés adultos. En concreto, ‘MrJones591’ —su nickname en las webs y aplicaciones de contactos—, comenzó la máxima misión en la vida para un bebé adulto: buscar a su mamá.

“Llevo meses buscando una mamá que me quiera y me cuide. El problema es que la comunidad ABDL española es muy limitada y solo encuentro prostitutas que ofrecen este servicio. Jamás pagaría porque estaría traicionando mi búsqueda de amor maternal”, afirma nuestro protagonista con cierto idealismo. Sin perder un minuto, localizo en una página de contactos varias ‘mamás’ en la zona de Barcelona. En seguida, me llama la atención un anuncio de una tal Lucia con una foto de un pezón del que brota una gota de leche. Avanzando en las fotografías del anuncio veo que esta señora además ofrece la posibilidad de cambiarte los pañales, jugar contigo, alimentarte con pitorros y ponerte talco en el culete.

Biberones con ‘happy ending’

“Mira, cada vez que pongo el anuncio tengo muchísima demanda y algunos de mis clientes ya llevan años conmigo. La cosa es que el negocio ha aumentado tanto que comienza a haber mucha competencia”, me cuenta Lucia, que resulta ser una verdadera mamá brasileña en la treintena —mientras hablo con ella por teléfono se escuchan niños (de verdad) jugando de fondo—. Cobra 85 euros la hora por hacer felices a muchos bebés adultos de Barcelona. “He tenido clientes desde los 20 hasta los 70 años pero el ritual es casi siempre el mismo. Yo les limpio, les pongo polvos de talco, les cambio los pañales, les doy el biberón con leche materna y los acuno. Pero el momento cumbre siempre llega cuando los masturbo”, dice.

Al contrario que ocurría con Jose, estos ‘bebés’ sí que sienten la necesidad de practicar sexo cuando adoptan su papel de ‘hijos’ de Lucia. “Dentro del mundo ABDL hay de todo. A mí incluso se me han ofrecido muchos homosexuales para hacer de daddy's (papás), pero no estoy interesado en estas cosas”, apunta el futuro ingeniero que comenta, entre risas, como se llegó a gastar 130 euros en un pijama para bebés a medida o cuando se equivocó haciendo un encargo de pañales y le aparecieron en casa de sus padres dos cajas gigantes: “No sabía dónde esconderlos y mi madre estaba a punto de volver del trabajo. De todas formas supongo que alguna vez habrá visto mi cajón repleto de ropa de bebé y pañales. Asumo que ha preferido no decirme nada”.

Clandestinidad e internet como protección

Llegados a este punto me doy cuenta de que generalizar sobre las (muchas) personas que practican el ABDL —el documental 15 Stone-Babies afirmó que a 1 de cada 1.000 británicos les gusta sentirse bebés en la intimidad— es un absurdo y que cada uno de sus practicantes vive su ‘infancia voluntaria’ a su manera. Pero, lo que sí creo ver en todos los casos, es el pánico total a ser descubiertos en sus familias, trabajos o entre sus compañeros de estudios. “Como en el resto de cuestiones que se salen de ‘la norma’, uno de los temores es el de ser rechazos por sus motivaciones y uno de los momentos más sensibles es explicarlo a las parejas”, señala la psicóloga Julia dando en el clavo en una de las cuestiones que más han preocupado a Jose en su búsqueda de lo que, en su caso, debería llamarse ‘novia-mamá’.

“Supongo que sí, que en el fondo lo que me gustaría es poder encontrar a una mamá con la que compartir esto. Pero si te soy sincero lo veo muy complicado en España”, asume con resignación Jose que, sin desesperarse, sigue buscando cada día a su media naranja en internet. “Por suerte la red está ayudando bastante a normalizar comportamientos poco habituales y a abrir canales de comunicación entre personas que comparten gustos”, concluye la terapeuta sexual apuntando hacia la importancia de que tanto Jose como otros tantos ‘bebés adultos’ puedan llevar una vida plena sin tener que pensar en el qué dirán.

Antes de acabar, Jose me habla de los trolls de internet que dejan los comentarios repletos de odio e insiste nuevamente en mantener su identidad en el anonimato a lo que yo le pregunto: ¿Qué le dirías a los que leerán el artículo y dejarán su comentario más hater en el Facebook de Código Nuevo? “Les pediría que se parasen a pensar antes de juzgarme. Cuando vi el reportaje sobre ABDL que hicieron en Cuatro no podía creerme los comentarios que había en Twitter. Fue horrible. Me asustó pensar que pudieran descubrirme pero también pensé que no estaba solo y espero que escuchar mi experiencia le sirva a otros que también lo han pasado mal o, al menos, para ayudar a romper el tabú”, concluye el universitario. No sé si este texto podrá cumplir las expectativas de Jose, pero al menos la opinión yo que tenía sobre los ‘bebés adultos’ ya ha cambiado.


(*) Por petición expresa, el nombre del protagonista ha sido alterado respecto al reportaje original para preservar su identidad.