Así es como las apuestas deportivas online están convirtiendo a los menores en ludópatas

Lo primero que viste durante años cada vez que Cristiano Ronaldo marcaba un un gol con el Real Madrid no eran sus abdominales (eso era lo segundo) sino el tremendo logo de la casa de apuestas deportivas online Bwin que llevaba estampado en la camiseta. Una moda que inició el Betis allá por el 2011 con Globet y que rápidamente fue copiado por el Valencia (Unibet), Málaga (William Hill), Espanyol (Interapuestas) y Sevilla (888.com). Todo ello a cambio de 20 milloncitos limpios por temporada en el caso del Real Madrid. Casi nada.

2010 Getty Images

La cosa es que en cinco años las camisetas de la Liga, que a su vez está patrocinada por la casa de apuestas Sportium, parecía más la publicidad de un casino que otra cosa. Un negocio, el de las apuestas, que, según la Dirección General de Ordenación del Juego, movió 4.908 millones de euros en 2016 solamente en España, aunque, debido a que se realizan a través de internet, y en ocasiones hasta en bitcoins, la cifra real es prácticamente imposible de conocer.

Un pastizal en el que clubes de fútbol y medios de comunicación no han dudado en meter mano hasta el punto de que solamente los contenidos publicitarios de los operadores de juego y apuestas en televisión suponen el 20% del total de una retransmisión deportiva. Resulta cuanto menos inquietante que, si te tragas un partido entero de Champions con sus casi dos horas entre publi y tal, te estarás comiendo más de 20 minutos de pronósticos, anuncios y consejos sutiles de los propios locutores de los partidos incitándote a apostar tus ahorros.

"Tenemos un problema enorme con las apuestas online"

Por todo esto, a nadie le debería sorprender que la doctora Susana Jimenez, responsable de la Unidad de Juego Patológico del Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona, nos diga que “si en 2006 los pacientes con problemas de adicción por apuestas online representaban un 0,9% del total, en 2016 ya eran el 15,4%”. De hecho, en España ya hay 668.867 personas (la cifra creció un 19% en un año) que se vacían cada día los bolsillos apostando cosas tan absurdas como si un jugador de un equipo de Segunda B marcará antes del minuto 37 de la primera parte. Pero, lo peor es que el perfil del jugador es cada vez más y más joven.

“Hay chavales de 16 años que apuestan en cada uno de los juegos de cada partido de tenis de la ATP o que no duermen para consultar los resultados de la liga brasileña de fútbol”, nos dice desde el otro lado del teléfono Francesc Perendreu, exjugador y actual presidente de la Asociación Centro Catalán de Adicciones Sociales (ACENCAS). En su opinión, en España “tenemos un problema enorme con las apuestas online” ya que “su crecimiento es vertiginoso y las personas que caen en la adicción son en muchos casos menores de edad" y añade que "en unos años la edad media del jugador ha bajado 10 años, ahora mismo ya está entre 18 y 25 años”.

Ludópatas adolescentes

Según Perendreu, el verdadero problema tras el aumento de ludópatas adolescentes reside en la normalización de las apuestas deportivas en nuestra sociedad. “Mientras jugadores de fútbol como Cristiano, Neymar o Piqué salgan anunciando casas de apuestas, o de póker online, los chavales continuarán viendo estas actividades como algo deseable e, incluso, querrán profesionalizarse”, explica el responsable de ACENCAS que no duda en afirmar que: “la publicidad en el fútbol es brutal y constante, además, se produce en horario de máxima protección infantil sin que suponga ningún tipo de restricción”.

Pero, ¿cómo puede ser que se permita a los menores apostar? La respuesta es que no se les permite pero las plataformas de apuestas online te lo ponen tan fácil para darte de alta que los chavales encuentran mecanismos para hacerlo igualmente. “Lo más normal es que un amigo más mayor, un hermano o un primo, ofrezca su DNI y su cuenta bancaria a los menores para que apuesten. Estos le pagan el dinero en mano y, a cambio, él se queda un pequeño porcentaje”, resume Perendreu.

"Estaba dado de alta en cuatro páginas de apuestas y a cada una le metía unos 150 euros".

“Empecé a los 16 con el DNI de mi hermano. Al principio apostaba 30 o 40 euros al mes, pero luego vas viendo que a veces te puedes llevar mucho dinero y te vas animando. Luego, si pierdes, intentas recuperar y para cuando te das cuenta estás apostando 600 euros al mes”, explica por teléfono Marc A., un chaval de 18 años recién cumplidos de Barcelona que se jugaba un salario mínimo cada mes cuando todavía estaba en el instituto. “Estaba dado de alta en cuatro páginas de apuestas y a cada una le metía unos 150 euros. Casi todo el dinero provenía de lo que iba ganando, pero siempre se quiere más y ahí es cuando empiezas a palmar dinero”, resume.

La figura de los 'tipsters'

Como muchos otros, Marc estaba enganchado a la tríada de las apuestas (fútbol, básket y tenis) y dedicaba más de cuatro horas diarias a estudiar jugadores, equipos y leer pronósticos de los tipsters. Básicamente, estos gurús de las apuestas ofrecen en sus páginas de Facebook (o directamente a través de Telegram) consejos o información adicional a sus suscriptores a la hora de apostar, con lo que, en teoría, estos aumentan sus posibilidades de ganar dinero. A cambio, se llevan los tips (propinas) de sus seguidores, sobre todo los premium, y una jugosa comisión de las casas de apuestas con las que colaboran.

“El Pronosticador de Apuestas es un grupo de gente interesada en el mundo de las apuestas deportivas al que en 2013 se le ocurrió la brillante idea de compartir sus pronósticos deportivos en Facebook. Somos los primeros en España que hicimos eso y que ha acabado derivando en el modelo tipster que conocemos hoy en día”, nos comentan los responsables de esta página de Facebook con 64.923 seguidores. Al contrario de lo que afirman los expertos, ellos no creen que el modelo de apuestas deportivas online incite a apostar a los menores ya que no aceptan suscripciones de menores de 18 años y que solamente el 7% de sus seguidores están por debajo de la veintena. Es más, basándose en la información de sus usuarios, explican que el grueso de las personas que consultan sus pronósticos están entre los 25 y los 44 años, es decir, un 66% del total.

Otro conocido tipster nos cuenta, tras aceptar hablar a cambio de su completo anonimato, que sus ingresos mensuales suelen rondar los 3.000 euros y que calcula que, desde 2009, se ha embolsado unos 342.000 euros gracias a sus pronósticos deportivos. “Me siguen miles de personas y prefiero mantenerme en el anonimato ya que es un mundo que se mueve mucho dinero y cuando la gente pierde a veces no reacciona de la mejor manera”, asegura este profesional de las apuestas que, orgulloso de ser “uno de los mayores canales premium de España”, asegura que consiguió ganar 8.750 euros apostando en el último torneo de tenis de Wimbledon. 

La administración debería hacer algo

Lícito o no, tanto tipsters como casas de apuestas, clubes de fútbol y medios de comunicación se están forrando con este prometedor modelo de negocio (lo cual no es malo siempre que no sea a costa de generar ludópatas o enganchar a menores de edad) y no parece que nadie en la administración esté dispuesto a ponerle freno al asunto. Solamente el PSOE se ha pronunciado a favor de la aplicación de los “mismos baremos restricitivos” que en la actualidad tienen el tabaco y el alcohol como medida de prevención hacia los menores.

“Es urgente que la administración tome cartas en el asunto y regule la publicidad, como ya se hizo con el tabaco o las bebidas alcohólicas. Además, deberían iniciarse campañas de concienciación y prevención en las que se explique a los menores el riesgo de adicción que pueden suponer las apuestas online”, reclama desde ACENCAS, Francesc Perendreu. Para Marc, que por suerte dejó de apostar hace un par de meses, no hay duda de que algo se debería hacer para evitar un problema cada vez mayor.

“Debería imponerse un límite a las apuestas diarias. Imagínate que hoy día cualquiera, incluido un menor si consigue el dinero, podría apostar 6.000 euros al día. Es demasiado fácil, demasiado accesible, demasiado tentador y además lo llevas en tu bolsillo 24 horas al día con tu móvil. No sé qué, pero habría que hacer algo”, concluye Marc quien, feliz, reconoce que ahora se limita a leer resultados de tenis y fútbol durante cuatro horas al día pero que, al menos, ha conseguido contener su instinto de apostar: “Sí, es duro pero se puede dejar”.