Acudí a una telépata de animales para comunicarme con mi perro

Sherlock está sentado a mis pies lamiéndose las patas mientras hablo por teléfono. Al otro lado de la línea, Mariví Simona, telépata de animales, comunica con él y me cuenta lo que mi perro ‘le transmite’. He contactado con ella para entender por qué ladra enloquecido cada vez que nos cruzamos con alguien por la calle. La he llamado, pese a todas mis reservas, porque el trabajo con su etólogo había llegado a un punto muerto y estaba desesperada.

“Tu perrito está muy preocupado y un poco triste. Me llega que os sentís muy solos y que necesita protegerte”, dice. Me describe sus miedos, luego me hace un par de preguntas más sobre mí y sigue ’traduciéndome’ al perro, que continúa tumbado con la mirada perdida. Por momentos no sé si está hablando de él, de mí, o de los dos. No hago más que mirarlo para ver si arruga el morro, si levanta una ceja. Tengo ganas de decirle: “Sherlock, ¿de verdad estás hablando con esta mujer? Ráscate detrás de las orejas si es que sí… ¿Será que me habré vuelto loca? ¿Es posible leerle la mente a mi mascota?

Los también llamados comunicadores animales o ‘interespecie’, son una especie de traductores e intérpretes de la naturaleza que surgieron a principios de los años setenta en Estados Unidos a partir de los descubrimientos de pioneros y animalistas como Penélope Smith, quien creó una serie de técnicas para dialogar mentalmente no sólo con los animales, sino con las plantas e incluso los minerales, porque, según sus teorías: "Todos los seres de este planeta se comunican telepáticamente. Y los humanos no somos una excepción".

Nacemos siendo telépatas, pero conforme nos hacemos adultos vamos olvidando esta facultad. Yo juego mucho a la comunicación con mi perra; la saco a pasear y le envío mentalmente una imagen del camino por donde quiero que vayamos y ella se dirige a ese lugar”, cuenta Clara Martín, comunicadora madrileña a cuyos cursos asisten también adiestradores e incluso biólogos.

“Es tan sencillo como concentrarse en el presente y empezar a escuchar con el corazón y desde la coherencia. No todo el mundo comunica intuitivamente de la misma manera, yo veo imágenes y recibo emociones, pero hay quien siente con el cuerpo. Una de mis alumnas, que era bióloga y trabajaba en el zoológico, tuvo dolores de estómago al conectar psíquicamente con un animal que tenía muchos problemas de nutrición”, afirma Clara con total convicción.

Mariví Simona también oye voces. “Cuando escuché la voz de un león por primera vez creí que me había vuelto loca. Estaba en una reserva natural en África cuando vimos una gacelas y al volverme, ahí estaba el león. Nuestras miradas se cruzaron y oí una voz interna muy potente que me preguntó: "¿Y tú quién eres?". Esa misma semana también empecé a hablar con ballenas, que son seres muy compasivos y pacientes”, confiesa Mariví, para quien los animales son nuestros maestros y nos están enseñando a reconectar con la naturaleza y su lenguaje universal.

“No sé por qué nos extraña tanto… Los bosquimanos de Botsuana y los aborígenes australianos utilizan la telepatía para comunicarse con los animales y con miembros de la misma tribu. Una vez le pregunté a mi perro qué opinaba de los seres humanos y me dijo que somos una especie muy nueva, que todavía tenemos que florecer”. Y como el perro de Mariví, nuestras mascotas tienen muchas necesidades, también espirituales.

“Uno de los casos más increíbles que he tenido en la consulta fue el del perro de unos mariavitas (una rama del catolicismo), que tenía que ser sacrificado y pidió que lo durmiesen en luna menguante, un 25 de julio. Sus dueños se quedaron alucinados porque ése era el día del patrón de los animales en su santoral. El perrito quería cerrar el círculo y lo dejó muy claro cuando dos días antes de morir dibujó una circunferencia perfecta en el patio con su barbilla”, explica Clara Martín.Resultado de imagen de dog zen gif

¿Estafa o realidad?

A menudo, los telépatas ‘retransmiten’ a distancia utilizando una fotografía de la mascota, que solicitan previamente por correo electrónico y que actúa como puente para conectar con el animal. Pero, si una imagen vale más que mil palabras, ¿es también válida para leer la mente de un perro? “Es exactamente igual que comunicarse presencialmente, porque cada fotón de la fotografía es único y transmite mucha información. No hay dos gatos negros iguales, ni tampoco dos imágenes”, insiste la telépata.

En universidades como Harvard, Stanford o Washington se están realizando investigaciones para transmitir información de un cerebro a otro. Eso sí, humanos. Los estudios sobre telepatía animal son casi inexistentes y todos parecen remitir a un hombre, excepto los llevados a cabo por el bioquímico Rupert Sheldrake, cuyas teorías y experimentos desatan tormentas en la comunidad científica. Sheldrake estudió durante 15 años la telepatía en animales entrevistando a veterinarios ingleses que explicaban, entre otras cosas, que dos días antes de una visita al centro muchos de los gatos de sus clientes solían escaparse. También estudió el extraño mecanismo que hace que los perros sepan con antelación cuándo van a llegar sus dueños a casa.

“Mis perros también saben cuándo es la hora de comer y no llevan reloj, pero eso no significa que se comuniquen telepáticamente, sino que han aprendido a asociar una serie de señales que pasan desapercibidas a sus dueños”, replica la veterinaria Marta Amat, jefa de Servicio del Hospital Veterinario de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Y todavía se muestra más contundente: “Este tipo de prácticas son una estafa y no tienen ningún aval científico. Yo puedo saber cuál es el estado anímico de un animal interpretando su postura y sus gestos, además de la información que te da su propietario”.

No obstante, cada vez más veterinarios ofrecen en sus centros medicina alternativa, como el uso de la homeopatía, y también realizan cursos de comunicación interespecie, lo que Amat considera un problema grave que incluso puede acabar con la muerte del animal. “Hemos detectado casos de profesionales, sobre todo en el sur de España, que utilizan un péndulo para averiguar si un perro tiene una dolencia de hígado y aplican tratamientos erróneos, o ni siquiera eso”, dice la veterinaria, para quien el efecto placebo de este tipo de medicinas es todavía un misterio que los telépatas utilizan a su favor.

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A Olga Porqueras, que lleva más de 15 años impartiendo cursos de comunicación a veterinarios y adiestradores, lo que crean o no los científicos le importa lo que a mi perro Sherlock un “¡baja del sofá!”. Ella aplica medicina complementaria a los animales cuando la necesitan, pero tiene una máxima: “No trato problemas de salud a menos que tenga un diagnóstico previo redactado por el veterinario. De hecho, sólo debemos comunicarnos con los animales si nos autoriza su responsable”.

Por eso, la comunicadora ‘cierra’ el canal telepático cuando no está trabajando, aunque algunos animales se salten todas las barreras para pedirle ayuda. “No puedes salvar a todo el mundo, pero a veces estás caminando por la calle y ellos te llaman y te piden que le hagas ver a su responsable que tienen la pata fatal o recibes información de que sufren malos tratos. En estos casos intento cumplir con mi función de la forma más sutil posible, pero jamás les cuento a las personas a qué me dedico”, sostiene.

Tampoco establece comunicación con los espíritus de los ya fallecidos, aunque sus dueños lo soliciten. “No somos médiums. Respeto mucho a los profesionales que sí lo hacen, pero no creo que beneficie a los animales”, apunta. Hace unos años que Olga Porqueras se dedica casi en exclusiva a la doula del alma, un servicio de acompañamiento para animales que están próximos a morir y para sus responsables en duelo. Pero, ¿existe algo así como el cielo de los animales?

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El cómico estadounidense Will Rogers dijo una vez: “Si los perros no van al cielo, quiero ir a donde ellos van”. En el paraíso de los católicos y los judíos no se admiten animales, al menos de forma expresa, y para otras religiones, como el hinduismo, el buen o el mal karma marca la diferencia entre reencarnarse en humano o en un ser inferior, como una rata.

El Más Allá de las mascotas

Para Mariví Simona, la conciencia sigue algún tiempo en este plano de existencia una vez hemos muerto y, a veces, tanto animales como personas vuelven a reencarnar muy rápido. “Hace tres años hablé con un perrito que murió atropellado y me dijo dónde debían buscar su cuerpo. Realizamos una sesión de despedida con sus responsables en la que anunció que iba a volver a esta vida muy pronto. Al cabo de cuatro meses, su dueña me envió la fotografía de una camada y ahí estaba él, el segundo por la izquierda…”, comenta.

Investigadores del comportamiento animal, como el ecólogo marino Carl Safina, llevan años estudiando cómo algunas capacidades mentales no son exclusivas de los seres humanos, sino que los animales también son capaces de pensar y sentir amor, miedo, tristeza, remordimientos e incluso tener sentido del humor. A fin de cuentas, dice Safina, sus cerebros son similares a los nuestros y tienen las mismas estructuras mentales. Sin embargo, ¿estas afinidades biológicas abren la puerta a presuntas habilidades extrasensoriales? ¿No será que humanizamos a nuestras mascotas demasiado?Resultado de imagen de dog look gif

Eso mismo fue lo que se preguntó Patricio Jiménez, adiestrador canino y autor del blog Cultura Animal, cuando acudió hace un par de años a una charla sobre comunicación interespecie. “Me pareció que no conocían en absoluto cómo funcionaba la psicología animal y daban respuestas muy simplistas, como que si a un perro le dolía el costado era porque estaba enamorado de una perrita y la echaba de menos”, afirma este amante de los animales, que pasó del asombro a la incredulidad en menos de lo que tarda un gato en darte un zarpazo si le salpicas un poco de agua.

"Sherlock, ¿es verdad que has hablado con esta señora?", le pregunto sintiéndome un poco el doctor Dolittle e imaginando que de repente oiré una voz con acento alemán saliendo de un rottweiler de 40 kilos. Él se tumba de lado y espera que le rasque la barriga. ¿Eso es un sí o es un no? A fin de cuentas, si Uri Geller podía doblar cucharas con la mente, ¿por qué habría yo de menospreciar a mi perro?