7 mujeres que han abortado rompen el silencio y nos cuentan su experiencia

Una experiencia que podría convertirse en un episodio traumático que perseguirá a esa mujer toda su vida o una historia personal que no tendrá mayor trascendencia

 

En este mismo momento una mujer está decidiendo, en alguna parte del mundo, que va a abortar. Es más, cada año 55,7 millones de mujeres lo hacen aunque el 45% de ellas son conscientes de que lo harán sin un mínimo de garantías y de manera ilegal. Mientras tanto, en los países del primer mundo que lo permiten, la experiencia podría convertirse en un episodio traumático que perseguirá a esa mujer toda su vida o por el contrario, solo se trate de una historia personal que no tendrá mayor trascendencia en su presente y futuro. Entre un polo y otro polo, se mueven los testimonios de nuestras siete protagonistas. Se trata de mujeres, de diferentes edades, clases y países que han decidido romper el silencio y contar cómo fue pasar por un aborto voluntario.

María Collado (Estudiante, 22 años, Madrid)

Archivo personal

“Lo tuve claro desde que me enteré. Tenía mucha información sobre la normativa española, pero por circunstancias personales lo hice en Ámsterdam, donde había otras leyes. Allí hay que esperar cinco días desde que confirmas el embarazo hasta que realizas la interrupción. El personal médico era en su mayoría mujeres, fueron increíblemente amables. No obstante, hubo cierta desinformación en el médico, lo que creía que era un aborto químico acabó siendo una intervención por aspiración”. Para María, tener el apoyo de su madre y de sus amigas fue fundamental para entender su aborto como una experiencia positiva.

Angelica Hualpa (Abogada, 34 años, Perú)

Archivo personal

“Gracias a Dios pude abortar en Bélgica y no en Perú. Me sentí cuestionada por un par de amigas, pero no a nivel institucional. Para mí fue una decisión acertada y no cambiaría nada. Sentí una mezcla de sentimientos: desolación, liberación y alivio. Tuve el honor de conocer en persona a las magistradas belgas que lucharon por la ley del aborto, fue uno de los momentos más significativos que he tenido en mi vida y les estoy y les estaré eternamente agradecida”.

Judit Selva (Parada, 24 años, Asturias)

“Decidí abortar porque en ese momento estaba estudiando y sinceramente no me planteaba ser madre. Nunca me he arrepentido. Aunque sí he fantaseado con cómo podía haber sido mi vida, pero es eso, una fantasía. Sé que si no hubiera interrumpido el embarazo realmente habría sido una pesadilla. El aborto no cambió la relación con mi cuerpo, pero al hacerlo en la semana 14 de gestación, noté como al llegar a casa después de la intervención me goteaban los pechos. Me asusté mucho, llamé a la clínica y me explicaron que era normal. Aunque no me sentí cuestionada por mi pareja ni mi familia, me resultó bastante ofensivo que dieran su opinión o incluso forzaran la mía antes incluso de saber lo que yo había decidido.”

 Magdalena García (Concejala, 55 años, Murcia)

Archivo personal

“Lo hice en una época en la que pasar por una clínica abortista te colgaban el San Benito de asesina. Era 1986. Pedir información era como someterse a un tercer grado, siempre estaba ahí la sensación de culpa. Para mí no fue nada fácil: de ser puta por parir soltera a los dieciséis años, pasé a ser puta asesina por abortar. Creo que las mujeres seguimos viendo esto como un fracaso personal. El aborto continúa siendo tabú y se sigue criminalizando a la mujer por abortar. Aún nos cuesta hablar abiertamente del tema”.

Virginia Trinidad (Historiadora, 26 años, Cantabria)

“Desde el principio lo tuve claro. No quiero ser madre, por lo menos en este momento de mi vida ya que no tengo ningún tipo de estabilidad ni ganas. Recibí toda la información cuando tenía dudas de si estaba embarazada y me acerqué a la clínica abortiva que encontré en internet y que hacía la interrupción del embarazo por la seguridad social. Recibí comprensión por parte de mi entorno y en ningún momento me sentí juzgada. Me di cuenta de que el aborto sigue siendo un tabú después de haber pasado por uno. La falta de naturalidad y esa forma de esconderlo hacen que de mucho miedo, pero al final pasar por un aborto es bastante sencillo”

Aurora González Ginzo (Funcionaria, 47 años, Galicia)

Archivo personal

“En mi caso era un embarazo muy deseado, ya con 44 años. El bebé tenía problemas muy graves de salud, de continuar con el embarazo, no hubiese llegado a término y eso habría sido más peligroso para mí. Fue una decisión muy difícil. Mi matrona me informó de cómo iba a ser el proceso. En teoría, habría un parto y podría ver a mi bebé y despedirme de él. En realidad, lo que hicieron fue una aspiración. No había bebé para ver. Todo esto ocurría en una clínica privada de Madrid, a 600 kilómetros de mi casa. Sin asistencia psicológica y con un trato frío y distante, haciéndome sentir como una mierda ‘lo has decidido tú, ¿no?, pues eso es lo que hay’. Tampoco fue gratuito. El Servicio galego de salud me pagó el kilometraje pero no las dos noches de hotel que tuve que pasar en Madrid, ni la manutención, ni siquiera el antibiótico que tuve que comprar en una farmacia por mi cuenta después de la intervención”.

Yanet Alegré (Estudiante, 27 años, Argentina)

“Cuando era trabajadora sexual, me quedé embarazada de un cliente durante un viaje a Brasil. Yo usaba condón, pero esa vez no me cuidé. Le planteé mi problema y decidió ayudarme: él era médico y me puso en contacto con un colega. Aborté en una clínica privada, con pastillas. Pero necesité posteriormente una intervención. Aunque pronto volví a mi vida normal, tuve perdidas de sangre. Tenía 22 años y para mí no fue ningún drama.”