Ventajas e inconvenientes de presentarle tus padres a tu pareja

Cada vez hay más gente que se cuestiona si es necesario presentar a padres y pareja y existen motivos tanto para hacerlo como para evitarlo 

Llevas ya un añito bueno de relación, confías bastante ciegamente en que tenéis futuro y tienes una intimidad brutal con tu pareja. Pero te da un palo terrible presentarle a tus padres o incluso que te presenta a los suyos. ¿Por qué será? ¿Serás peor persona por tener esa actitud? ¿Qué ventajas y qué inconvenientes tiene conocer a vuestras respectivas familias? 

Es una pregunta cada vez más común a medida que las relaciones intentan alejarse de la tradición y centrarse en el bienestar y la libertad. Al fin y al cabo, no hace tanto -y aún hoy en muchas culturas- se tenía que pedir la mano al padre de la novia para que aceptara un matrimonio, cuando no eran o son las familias las que directamente apañan un matrimonio de conveniencia.

La cuestión, que artículos recientes de SModa o de la versión estadounidense del Cosmopolitan se han preguntado qué pasa si no se presenta a los padres a tu pareja. Y los testimonios están llenos de motivos para no hacerlo. 

Entre las conclusiones más interesantes del reportaje de SModa, está la de Marcos, un proefesor de filosofía de 32 años que dice que no tiene intención de casarse y que es ese el contexto en el que en su familia se presentan padres y parejas. “No veo la necesidad de forzar a personas de diferente edad y trasfondo a tener una relación con un único nexo: tú mismo”, dice, y completa que “si ese único nexo, tú, se acaba, es muy doloroso”. 

En el reportaje de Cosmopolitan, una joven llamada Natasha y criada en Hong Kong expone otro argumento más que convincente. “Mi madre es una manipuladora emocional que critica todo de mí y de mi vida y no quiero que mi pareja viva el mismo tipo de abuso con el que he tenido que lidiar toda mi vida”. 

Se nos ocurren de entrada algunas ventajas de tener relación con los padres de tu pareja. El primero es que puede que sea algo importante para él o para ella. El segundo es que te ayuda a conocer mejor su mundo, su contexto y adentrarte en cómo es y ha sido su entorno. El tercero es que, a la larga, y sobre todo si son de ciudades diferentes a aquella en la que vivís, una buena convivencia con los progenitores te ayuda a pasar más tiempo de calidad con tu propia pareja. 

Y el cuarto es que al final puedes ganar a una o dos personas más de confianza a las que tener cariño en tu vida. Todavía hay un quinto motivo, que es que seguramente esos progenitores te van a dar la lata con conocer a tu pareja y es una forma de callarlos un ratito, y un sexto que es el hecho de que si por lo que sea tienes que cuidar ya de tus padres o bien gestionar algunas complicaciones en la relación, compartirlo con tu pareja puede hacer que sea más llevadero y os puede unir un poco más. Ah, un séptimo: a la larga es un poco antinatural no coincidir nunca en ningún contexto con los padres de tu pareja. 

Ahora bien, también hay unos cuantos inconvenientes, como el hecho de que si te quema la relación con tus padres por lo que sea (son absorventes, manipuladores, egoístas, irrespetuosos…) es muy probable que también acabe quemando a tu pareja. O la sensación de compromiso y corrección que muchas veces sentirás cuando quieras morderte la lengua o defender a tu pareja de un trato que consideras injusto. También es posible que no haya ninguna conexión entre ellxs y cada encuentro sea un drama incómodo o, peor, que se lleven fatal y se pasen el tiempo discutiendo. 

La decisión, en definitiva, depende mucho de cada contexto y de mil variables que van desde tu relación con tus padres y tu pareja a la aritmética final de la importancia que cada unx de lxs implicadxs dé a esa presentación. 

Si a tus padres les da igual, será más fácil aguantar sin presentarles a tu pareja si ellos, ella o tú no queréis, mientras que si le dan mucha importancia, será más complicado, y así con cada caso. En un mundo donde las familias están en constante evolución, no hay una respuesta correcta, pero sí muchos riesgos y ventajas en cualquier decisión.