El veneno que provoca la falta de deseo sexual y el antídoto para recuperarlo

"No, cariño, que estoy cansada", "para, para, que me duele la cabeza", "ay no, que no me apetece"... Son excusas habituales para escaquearse del sexo cuando la pareja da muestras de que tiene ganas y nosotros lo único que tenemos en la cabeza es la reunión de mañana o el examen del jueves. Cuando esto es recurrente, podemos creer que ya no hay sentimientos o que la relación está en decadencia. Sin embargo la razón puede ser simple y llanamente ese veneno mortal de la sociedad actual que es el ESTRÉS.

A lo mejor tenemos mucho que estudiar o un gran volumen de trabajo y si no lo sabemos gestionar, nuestro cuerpo desencadena un mecanismo biológico de supervivencia que en realidad está destinado para salvarnos de un depredador. Cuando se activa este sistema de alerta, que es el estrés, aumenta la producción de adrenalina para que tengamos más energía, la sangre fluye en mayor proporción a los músculos para que podamos correr, el corazón late más rápido, las pupilas se dilatan para que podamos ver mejor, etc.

Pero claro, si esto, que nos ha permitido sobrevivir como especie, se mantiene a largo plazo, se convierte en crónico y produce un desgaste enorme para el cuerpo. El problema es que hoy en día nuestro depredador puede ser llegar tarde a una cita o estar atrapados en un atasco. Así que estamos utilizando un recurso que tiene nuestro cuerpo para situaciones extremas y muy puntuales, en situaciones del día a día.

El estrés contra el sexo

¿Y qué ocurre con el sexo? Cuando el cuerpo está enfocado en 'sobrevivir', el sexo no es una prioridad para él, así que disminuyen los niveles de testosterona, que es la hormona responsable del deseo sexual tanto en mujeres como en hombres. También disminuye la serotonina, que es el principal equilibrador del humor y fundamental para mantener la líbido. Su bajada provoca apatía, irritabilidad e incluso depresión. Por lo tanto, tampoco tenemos el mejor estado de ánimo para la relación sexual.

Si parecía poco, a nivel cerebral, el transmisor químico del deseo, que es la dopamina, también se altera en estados de estrés. Suele aumentar en una primera etapa, pero en caso de estrés crónico lleva al agotamiento. Muchas veces esta falta de dopamina se relaciona con problemas de parejas en las que no hay comunicación y se buscan excusas como dolores de cabeza o cansancio para evitar el sexo.

El sexo contra el estrés

Pero no vamos a perder de vista que, paradógicamente, el sexo también funciona como uno de los mejores antídotos contra el estrés. Piensa que todo ese exceso de energía que tu cuerpo genera para que huyas de un león, pero que en realidad tú no vas a usar porque lo único que tienes es un examen, la puedes evacuar a través del sexo y eso te ayuda a relajarte. Una buena vida sexual contribuye a mejorar el estado de ánimo y a mantener el buen humor

Una gran verdad es que el sexo cuanto menos se practica menos apetece. Por lo tanto, aunque tengamos una vida muy estresante, creamos que nos falta tiempo y parezca que nunca es un buen momento, hay que crearlo, buscarlo y hacerlo, porque el sexo es el único antídoto contra la falta de sexo.