Estos Tipos De Silencios Es Mejor Evitarlos En Tu Relación

Crédito de la Imagen: Maud Chalard

Hay silencios llenos de fuerza, de conexión y mensajes profundos. Son esos silencios que se apoyan en miradas de complicidad o en esa sensación de que solo la presencia del otro basta, y no hace falta hablar para estar bien. Esa clase de silencios son los que conectan a dos amigos o una pareja, cuando las palabras sobran y se quedan cortas, y la confianza es más fuerte que la necesidad de aparentar ante el otro.

Pero hay ciertos tipos de silencios que son un síntoma de que algo va mal, señales para preocuparse. ¿Cómo diferenciarlos? Dependiendo de la causa, existen diferentes tipos de silencios contaminantes para una relación.

Cuando estás mal y ni lo dices

Hay personas que cuando se enfadan se encierran y no hablan, pero esto puede ser por muchas razones. Algunas veces es para reflexionar y tranquilizarse antes de seguir una discusión, es decir, de forma constructiva, pero en muchos casos lo hacemos para castigar al otro. La actitud pasivo-agresiva aleja a las personas y aumenta la desconfianza. Normalmente, si nos callamos como protesta pasiva, lo hacemos como algo aprendido de la infancia, porque hay padres que castigan así a los hijos, y es fundamental encontrar otras formas de enfadarnos, pues hay técnicas más constructivas para reconciliarse.

Cuando guardas un secreto y se genera distancia

El silencio puede llegar a ser como un virus expansivo, que cuanto más aparece, más se extiende y no sabes cómo frenarlo. La mejor vacuna es la comunicación diaria, en las pequeñas cosas, para evitar que se haga una gran bola de mentiras o de frases no dichas. Por ejemplo, algo que ha sucedido y no contamos para restarle importancia, o algo que nos sienta mal o que nos duele y se deja pasar sin más.

No solo nos pasa a los mileniales, como demuestra claramente este poema que escribió Bécquer hace dos siglos. Ella lloraba, él calló por orgullo, y al final se distanciaron y acabó todo por culpa del silencio.

Asomaba a sus ojos una lágrima

y a mis labios una frase de perdón;

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: «¿Por qué callé aquel día?»

Y ella dirá: «¿Por qué no lloré yo?»

Cuando nadie quiere escuchar al otro y os hacéis callar

Todos sabemos lo importante que es la comunicación en la salud de una relación, pero no basta con hablar para tener una buena comunicación, porque hay veces en que hablamos sin escuchar al otro, o nos cerramos en nuestra posición sin tratar de comprender o empatizar.

En estos casos lo mejor es aplicar el quinto hábito de Stephen Covey en "Los Siete Hábitos de la gente altamente efectiva": procura primero entender y después ser entendido. Este bestseller se suele recomendar para mejorar la productividad profesional, pero también es muy enriquecedor para la vida personal y las relaciones.

Cuando no queda nada por decir

Nos encanta reciclar muebles, pero cuando se trata de relaciones, a veces nos volvemos "de usar y tirar". Las relaciones necesitan arreglarse algunas veces, y no podemos abandonar ante el primer problema. Todas las parejas tienen roces de convivencia, discusiones e incluso crisis de vez en cuando, pero la pregunta es si luchas o abandonas directamente.

Hay que saber decir basta cuando no hay arreglo, pero no podemos darnos por vencidos antes de luchar, y para poder recuperar lo roto hace falta mucha comunicación, y a base de regar la marchita planta de lo que hubo, a menudo puede volver a crecer una flor.