Tipos De Apego: Descubre Por Qué Tu Pareja No Te Quiere Como Tú Quieres

No hay dos personas iguales ni dos relaciones idénticas. Unas personas son inseguras y desconfiadas, las hay que son invasivas y sofocantes, o distantes y huidizas. A veces nos quejamos de que nuestra pareja no nos quiere como nos gustaría que lo hiciera porque no está lo suficientemente pendiente, ni es detallista o lo es demasiado y no nos deja respirar. Pero, ¿de qué depende que nos comportemos de una manera de otra en una relación? La palabra clave es el apego. Define la relación afectiva y de larga duración que establecemos con las personas de nuestro entorno y hay varios tipos. Como la mayoría de los rasgos de nuestra personalidad, el apego se genera en la más tierna infancia y depende de la relación que hayamos tenido con nuestros padres (especialmente con la madre) más o menos los dos primeros años de nuestra vida.

Apego seguro

Es la relación sana a la que todas las personas deberían aspirar. En la infancia se estableció una afectividad con los padres que le hizo sentirse seguro, por lo que no rehuirá de las emociones. Se sentirá cómodo en pareja, pero también estando solo e intentará resolver los problemas que vayan surgiendo sin reacciones emocionales desproporcionadas.

Apego evitativo

Si un niño ha tenido unos padres ausentes física o emocionalmente (es decir, que no estén ahí para darle la seguridad emocional que necesitan), es probable que cuando sea mayor considere las relaciones de pareja como 'territorio hostil'. Habrá interpretado que se tiene que valer por sí mismo y se sentirá más cómodo resolviendo los problemas solo. De hecho es probable que le cueste mucho pedir ayuda y también expresar sus emociones. Tenderá a evitar el contacto físico y tampoco le gustarán especialmente las relaciones sexuales. En definitiva, será una persona fría y distante en apariencia, lo cual no significará que no sienta las emociones, ni muchísimo menos, pero no será capaz de gestionarlas ni exteriorizarlas.

Apego ambivalente

Se genera en los niños que han sufrido algún tipo de abusos o maltrato físico o psicológico. Básicamente se da cuando el padre, la madre o la figura de referencia, les da cariño pero a la vez les hace daño o simplemente les ignora sin ninguna explicación aparente. Al llegar a adultos tendrán relaciones de mucha dependencia emocional pero al mismo tiempo, cuando la otra persona se acerque demasiado, sentirán rechazo. Sus relaciones son muy tóxicas, cargadas de ataques de celos, de desconfianza y serán de montar pollos a sus parejas.

Estos tres tipos de apego no son cerrados ni categóricos. Es posible que nos sintamos identificados con una parte de cada uno o que en diferentes momentos de la vida manifestemos uno u otro y también hay diferentes grados. En teoría, una vez se establece un tipo de apego, nuestras relaciones afectivas seguirán el mismo patrón a lo largo de toda la vida. Sin embargo se puede realizar un trabajo psicológico para conseguir que estén regidas lo máximo posible por el apego seguro.

Para ello el primer paso es ser consciente. Si te has sentido identificado con alguna parte de este artículo, lo que puedes hacer es investigar un poco más, conocer bien cómo funcionan estos mecanismos y empezar a observarte. Los traumas emocionales tienen diferentes intensidades. La mayor es cuando rige nuestra vida y nosotros actuamos a través de él sin ser conscientes de que lo tenemos ni de dónde viene. Una persona que, por ejemplo, se rige por un apego ambivalente puede que diga: "yo soy así y me tienes que aceptar". Eso significa que está en uno de los estadios más enquistados y que le queda mucho por recorrer. Después están los que son conscientes de que tienen un problema, se den cuenta de que venga de algún trauma de la infancia, pero aún así no sean capaces de manejar las emociones.

Cuando un trauma está bastante trabajado probablemente te des cuenta de tus sentimientos antes de explotar y puedas tomarte un respiro y, por último, esas emociones ya ni aparecen. De manera que si estás en una pareja en la que las cosas no fluyen debes saber que, con voluntad, todo se puede sanar, incluida la forma de querer que aprendimos cuando éramos tan solo unos bebés.


Delia Pop Belentan, psicóloga especialista en relaciones de pareja.