Cómo superar una ruptura

Una mañana te despiertas sol@. Te das la vuelta, observas la otra almohada intacta y tardas unos segundos eternos en recordar que se ha ido para siempre. Un vacío espantoso te invade y sientes que el dolor, ese maldito e inexplicable dolor, te ha jodido la vida para siempre y justo en el mejor momento. Y aunque es mentira, porque lo acabarás superando, tú lo crees con todo tu ser. Y lo haces porque, aunque hayamos oído la comparación millones de veces como un recurso literario más, lo cierto es que científicamente el amor es una droga. Una tremendamente adictiva que cuando desaparece de tu campo de visión te hace enloquecer y delirar hasta el punto de que llegas a sentir que seguir adelante sin él/ella es una utopía.

La ruptura: un bajonazo químico

Porque esta droga, la más demandada del planeta, provoca que tu organismo libere ingentes cantidades de varias sustancias químicas a las que te enganchas sin remedio. Oxitocina, una hormona multifuncional que te hace sentir conectado a los demás y que también se libera cuando abrazas a alguien o cuando experimentas un maravilloso orgasmo. Serotonina, ese imprescindible neurotransmisor que te hace sentir de puta madre, estar en modo optimista y alejarte de cualquier tipo de agresividad. O dopamina, el neurotransmisor que envía a tu cerebro sensaciones de satisfacción cuando te alimentas, practicas running o echas un polvo legendario.

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Vaya, un cóctel de felicidad inigualable. Así que cuando el amor de tu vida te abandona por sorpresa, la resaca que sufre tu organismo por la desaparación de semejante baile de químicos resulta devastadora. Te guste o no reconocerlo, con el tiempo te volviste adicto al amor, a tu pareja y a tu relación. Y, cuando esa dependencia se rompe, explicaba en una de sus conferencias el psicólogo especializado en terapia cognitiva, Walter Riso, "es prácticamente imposible sobrevivir, o al menos así lo ve esa persona". Y añadía: "Hay muchas personas que se quitan la vida en esos momentos, porque el enamoramiento te hace verlo todo como si fuera espectacular. Idealizas al otro".

El duelo: un vaivén emocional

Una vez la ruptura ha entrado en escena como un maremoto y lo ha puesto todo patas arriba, comienza el proceso de duelo. Al principio, tu mente se divide a ratos entre la más absoluta negación de lo sucedido y cierta sensación de euforia que parece fuera de lugar. Sin embargo, la psicóloga clínica Rosa Nicolau cree que es "normal tener una reacción de euforia o de necesidad de salir de juerga" cuando lo dejas con tu pareja. Lo malo es que, tras esta fase, llega la ira. Una ira profunda e irracional contra quien te abandonó, contra ti mismo, contra el mundo, contra el destino, contra la misma vida.

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Y cuando la ira ya ha contaminado hasta la última célula de tu cuerpo aparece la llamada fase de negociación. Un periodo donde tu mente entra en bucle con monólogos sobre qué podrías haber hecho diferente, cómo podrías haber evitado que se fuera y qué podrías hacer para provocar una fantasiosa e improbable reconciliación. Pero, una vez terminadas las conversaciones contigo mismo irrumpe la fase más jodida de todas: la depresión. Es entonces cuando el nivel de serotonina cae por el suelo y aumenta la liberación de cortisol, la hormona del estrés. En los casos más extremos experimentas pánico, agotamiento, insomnio, cambios de peso y muchos otros castigos.

La superación: cuestión de paciencia y hábitos

Sí, las prisas que tienes por dejar de sufrir inmediatamente son razonables, pero debes tener muy presente que el duelo sentimental no dura un día ni una semana ni un mes. De hecho, y según la psicóloga clínica Sandra Ferrara, el tiempo que tardas en recuperarte dura aproximadamente un año, aunque cada persona es un mundo. No en vano, hombres y mujeres no viven las rupturas de igual forma. Y es que, según Walter Riso, "las investigaciones demuestran que la mujer al principio tiene un pico de sufrimiento alto que después tiende a bajar, mientras que el hombre al principio no sufre tanto pero se mantiene en un nivel de sufrimiento promedio que dura mucho más".

Sea como sea, hay algo que debes aceptar hondamente: nada ni nadie evitará que duela. Necesitas tiempo para sanar. Sin embargo, hay determinados consejos que deberías seguir si no quieres pasarte estancado en ese dolor mucho más tiempo del que deberías. Estos son algunos de ellos:

1. Duerme bien, ya que genera serotonina y melatonina, la hormona que controla los niveles de cortisol.

2. Come bien. Evita tanto el ayuno por falta de apetito como los atracones diabólicos e incluye en tu dieta alimentos ricos en triptófano, un animoácido que impulsa la producción de serotonina.

3. Evita las drogas. El alcohol es un inhibidor que puede empeorar y alargar tu depresión. Eso por no hablar de otras sustancias más peligrosas como el MDMA, cuyo subidón de serotonina provoca que tu organismo elimine posteriormente el exceso y te induzca a una tristísima resaca.

4. Apóyate en los demás. No pueden consolarte ni superar el dolor por ti, pero pueden escucharte y compartir tu dolor.

5. Y la más importante, y en palabras de Walter Riso, que entiendas "hasta con la última célula de tu cuerpo que no te merece quien no te quiere".

Una verdad que no deberías olvidar jamás.