Síntomas de que podrías ser una mujer que ama demasiado

‘No tengo suerte en el amor’ o ‘ siempre doy con cabrones’ son frases indicativo de que te ha mirado un tuerto o que podrías ser adicta a las relaciones un pelín complicadas. La terapeuta Robin Norwood, autora de la obra Las mujeres que amaban demasiado, recolectó historias de numerosas pacientes devastadas que una y otra vez se veían involucradas en relaciones tóxicas. Presta atención a los síntomas porque podrías descubrir que eres una de ellas.

1. La familia, el origen de todo. Los modelos que recibes durante tu niñez y adolescencia son claves. Como se suele decir “en todas partes cuecen habas”, el problema es cuando se da un hogar disfuncional, es decir, que no cubre las necesidades emocionales.

2. Eres una drama queen. No puedes evitarlo, aunque —si te sirve de consuelo— la autora lo excusa en que has crecido viéndolo en casa y ya es un patrón normal a repetir en tu vida. Estar siempre enredada en situaciones caóticas te aleja a la hora de averiguar quién eres realmente.

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3. Complejo de Electra. Cuidado porque podrías caer en el chiché de buscar la referencia de tu padre en todos los hombres. También podrías ser sumisa y servil porque tu madre lo fue o viste cómo tu progenitor no la trataba demasiado bien. Eres una réplica víctima de lo que has visto en tu casa, lucha contra ello.

4. No puedes confiar en tus instintos ni sentimientos para guiarte. Digamos que tienes el sentido arácnido un poquito escacharrado. Lo que para una persona acostumbrada a relaciones sanas es motivo de ‘huye lo más rápido que puedas’, para ti significa ‘qué curioso, parece interesante’.

5. Crees que eres un imán para los problemáticos. No te confundas, ellos no se te pegan. Eres tú la que los busca desesperadamente una y otra vez. Todo aquel que sea amable, estable o se interesa por ti, lo consideras ‘aburrido’. Alguien inestable resulta excitante y un desafío: el imprevisible, el romántico, el inmaduro, el misterioso, el incomprendido, el encantador…

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6. Buscas alguien a quien salvar. Esa necesidad imperiosa, grabada en nuestro subconsciente a través de estereotipos sociales, por ofrecer tu amor desinteresado y aceptar todo lo que venga —sea lo turbio que sea— con tal de brindar la salvación a un alma oscura.

7. ¿El amor es capaz de cambiarlo todo? Este concepto viene a propósito del punto anterior, es lo que Norwood considera una mala interpretación del cuento pensando que “una mujer puede cambiar a un hombre, si le ama lo suficiente”. Vale, es cierto que Bella gracias a su cariño consigue deshacer la maldición de Bestia y ‘viven felices y comen perdices’, pero estamos de acuerdo en que esto no suele suceder en la realidad.

8. Ansia de control. Esto también nace de tratar de cambiar a la otra persona, pero nunca trae nada bueno. Necesitas sentirte segura y a veces lo tapas bajo la apariencia de que ‘eres útil’ para tu pareja. La terapeuta afirma que debemos cambiar este impulso controlador por aceptación, es decir, “la voluntad de reconocer cuál es la realidad y dejarla tal y como es, sin necesidad de modificarla”. Bella se enamoró de Bestia sin saber que luego sería un rubio guaperas.

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9. Te encanta llevar un antifaz ‘anti-realidad’. La negación es el mecanismo de defensa más común cuando te encuentras en una relación insatisfactoria porque estás enganchada hasta las trancas. Al principio, siempre se dan altas dosis de euforia y entusiasmo en una relación, te ciegas y te vuelves dependiente de volver a sentir esa emoción que te hace sentir tan bien, pero en muchos casos es irrecuperable. De ahí que trates de montarte ‘tu película’ para no ver lo que hay.

10. Tienes pánico al abandono. A nadie le gusta que le dejen, pero hay quienes desarrollan una auténtica fobia a que su pareja les diga ‘ciao’ y es un problemón porque te lleva a cometer las mayores locuras o a arrastrarte por el fango con tal de evitarlo.

11. No tienes demasiada autoestima y eso te lleva a desarrollar actitudes como ser más paciente que el santo Job o convertirte en una mártir. Estás dispuesta a todo por complacer, a aceptar conductas que no son normales como si no pasase nada y a asumir más del 50% de las culpas, los reproches y la relación en general.

12. Tendencias depresivas. Norwood explica que en esta ecuación también suelen coincidir episodios depresivos o patrones de conducta obsesivos. Te vuelves adicta al dolor emocional y al amor enfermizo porque distrae la atención sobre tu miedo, vacío, dolor y furia. Debes enfrentar con valentía tus propios problemas y defectos.

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13. Otras adicciones. Como consecuencia de una posible vulnerabilidad bioquímica o emocional a la depresión desarrollada desde la niñez, no solo la tapas con la inyección de adrenalina que te proporciona una relación, también puedes buscar ese estímulo en otras adicciones como drogas, comida, deporte…

14. El sexo apasionado. Irónicamente, en muchas relaciones infelices, el sexo suele ir como la seda. ‘Broncón y polvazo’, es matemático. Es una descarga emocional de tensión y emoción que genera un gran enganche, así como en ocasiones la única vía de relacionarte y comunicarte con el otro. La autora asegura que muchas piensan que ‘convirtiéndose en una diosa del sexo’ podrán conseguir ser amadas, pero es un terrible error usar el sexo como ‘manipulación o una manera de atar a nadie’.

15. Confundes ansiedad con amor. Ya sabes, sentir ‘un nudo o mariposas en el estómago’… A veces es angustia, miedo y dolor que se mezclan con amor y excitación sexual no es amor, es una obsesión. Debes aprender a no engancharte a juegos y entender que dolor no es sinónimo de estar enamorado.

16. Dedicación absoluta. Te vuelcas tanto en el otro que acabas descuidando a tus colegas, familia e incluso a ti misma. La autora te insta a que seas un poco más egoísta y te mires más al ombligo. Prioriza tu vida.

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