Cuando te sientes obligada a acostarte con alguien

Chico y chica quedan para ir al cine y tomar algo, la cosa acaba en casa de él, el ambiente no está fluyendo muy bien, a ella ya no le apetece nada seguir adelante pero, llegados a este punto, le sabe mal decir que no. Esta historia que cuenta el relato Cat Person publicado en la revista norteamericana The New Yorker le sonado dolorosamente familiar a muchas mujeres. Tanto que se convirtió en el más leído de 2017 y ha levantado una oleada de polémica en redes sociales y en otros medios de comunicación sobre por qué tantas mujeres se han sentido identificadas.

Desgraciadamente, en la cultura machista, las mujeres recibimos mensajes muy tóxicos, ambiguos y violentos sobre la manera en la que debemos vivir nuestra sexualidad. Uno de esos mensajes insiste en la idea de que las mujeres deben cumplir con el varón sexualmente y si no lo hacen, sentirse culpables o ser descalificada como: niñata, zorra, caprichosa o calientapollas.

Hay quien se pregunta si el hecho de sentirse obligada a mantener relaciones sexuales con un chico ante el temor de perderlo o por miedo a sus reproches es una violación. La respuesta es no: sentirse obligada no significa ser obligada. El consentimiento sexual es una colaboración activa, donde debe estar exenta la violencia y la coacción, y donde las personas que participan deben estar en situación de comunicar ese consentimiento. Son incapaces de dar consentimiento las personas seniles, con discapacidad intelectual, que hayan consumido cantidades de alcohol y drogas que entorpecen su plena conciencia y los niños.

Pero este debate va más allá de eso. No estamos hablando de una situación de carácter sexual violenta, donde hay coacción o se fuerza a una mujer a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad. Estamos en otro plano donde también son importantes los límites, especialmente los límites que tenemos con nosotras mismas. Entonces, ¿a qué nos estamos enfrentando?

Estamos ante una mala experiencia sexual a la que muchas mujeres nos vemos abocadas porque caemos en una trampa machista: actuar bajo la creencia de que necesitamos la aprobación de los hombres para ser felices, para sentirnos bien con nosotras mismas o simplemente de que tenemos que hacer algo que no nos apetece por no herir los sentimientos del otro.

Lo hacemos también cuando cedemos a hacer ciertas prácticas sexuales que no nos gustan o cuando cedemos a no usar preservativo ante la insistencia de nuestro amante. Poco después nos arrepentimos, nos culpabilizamos y nos sentimos estúpidas. Por supuesto, regocijarnos en lo negativo no va a solucionar nada, pero el mero hecho de que afloren esos sentimientos debería ayudarnos a reflexionar sobre lo que nos está pasando… Detrás de esto lo que se esconde es una falta de autoestima y muchas inseguridades por parte de las mujeres.

No obstante, no son solo ellas las que fallan, en sus parejas sexuales hay también, generalmente, una falta de empatía a la hora de entender el hecho de que las mujeres queramos parar en plena situación sexual. De no ser así, el de 'calientapollas' no sería uno de los apelativos que más se usa, especialmente en los míticos grupos de Whatsapp de tíos, para avergonzar a una mujer cuando no culmina un encuentro erótico. A día de hoy, que un tío crea que si se empalma debe ser correspondido porque sí continúa siendo uno de los conflictos que impide relaciones heterosexuales igualitarias.

La autora del libro que dio lugar a la serie The handmade's tale, Margaret Atwood, lo recogía especialmente bien en la siguiente frase: “Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las asesinen”. Complacer sexualmente a un tío no es un acto inofensivo, porque cuando das prioridad a sus intereses y no a los tuyos, estás poniendo en riesgo tu propia integridad, salud sexual y bienestar.

No basta con aprender a decir “no”. Es absolutamente necesario aceptar las situaciones que se pueden derivar de ese no: frustración, conflicto o rechazo. Hay que convencerse de que el hecho de que alguien te llame 'calientapollas' dice más su la bajeza moral de quien lo dice que sobre ti. Pero también hay hombres machistas y otros que no lo son. Habrá hombres que se aprovechen de tu complacencia, pero piensa, también, que otros no disponen de una bola de cristal para saber cómo te sientes. Como tampoco la dispones tú para saber cómo son ellos. Por eso es importante que no presupongas ni hagas conjeturas, que evites construir una fantasía ante una primera impresión y sobre todo, si cambias de opinión, lo digas, lo sueltes, te liberes.