El sexo con tu ex es una bomba que solo puede explotar

Seguramente lo hayas probado. O estés dudando si hacerlo. O, quién sabe, quizá estés siendo tú el kamikaze que buscar tener sexo con su ex. ¿Qué tiene de malo?, pensarán algunos. Hombre, pues de malo-malo, no tiene nada. Es solo que la mayoría de las veces, guste o no, el sexo con tu ex es más que sexo, precisamente porque es eso, tu ex.

Los defensores de la práctica aseguran que la compenetración es mayor, que los amantes ya se conocen, que uno sabe lo que quiere –y no quiere- el otro y que, por eso, todo fluye como la seda bajo las sábanas. Dicen que las cosas quedaron claras, que no hay lugar a equívocos.

Los dos cuerpos podrán buscarse y encontrarse sin las ataduras emocionales que antes enturbiaban o embellecían el momento. Porque ya no cabe el reproche por ser poco emocional, porque no hay que hablar de los planes de la semana al terminar, porque ni siquiera se puede uno sentir disgustado cuando su cuerpo, aún sudoroso, prefiere darse la vuelta en lugar de buscar el pecho ajeno, la pierna que roza el muslo para poder dormir tranquilos, enamorados.

No, ya no hace falta. Uno puede incluso vestirse e irse tras el festival de saliva, caricias y deseo. “Nos vemos”. “Hablamos”. Total, es tu ex, ¿no? No hay compromiso. Los dos sabéis que es solo sexo, compañía, un entretenimiento para un domingo que de otro modo sería demasiado frío, demasiado domingo.

Sin embargo, no todas las pieles dejan de erizarse al mismo tiempo. Por mucho que uno sepa que se ha acabado, que ella no le convenía o que la relación con él no iba a ningún lado, demasiadas veces uno se queda enganchado, adicto al mismo olor. Y demasiadas veces hay quien decide aferrarse al sexo con su ex como una manera de recuperar lo perdido.

Porque al principio quizá no duela. Al principio, de hecho, no parece que sea tu ex. Porque todo es igual. O incluso mejor. Porque los dos os sentís más libres y las cosas parecen de repente menos complicadas. Todo es natural como siempre lo fue y si hacía tiempo que no compartíais el mismo colchón, es incluso más natural que antes. Porque ambos saben dónde ir a buscar, qué encontrar.

Por eso quizá un tiempo funcione. Uno piensa que se está dando un tiempo entre encuentro y encuentro. Es como dejarlo una temporada. Pero si os entendéis, no hace falta dejarlo del todo, ¿no? Además, quizá así se dé cuenta de cómo congeniáis, de a qué universo inalcanzable podrá llegar en tu compañía.

O no. Lamentablemente, lo más probable es que no. Mira a tu alrededor, en serio. ¿Cuándo ha funcionado? ¿Cuántas veces los dos ex han tenido claro al mismo tiempo que el sexo solo era sexo?  Lo habitual es que para uno de los dos sea mucho más que sexo. Que sea un recuerdo hiriente, la ficción de que las cosas no han cambiado cuando sí lo han hecho.

Y sobre todo el dolor punzante de sentir que solo a ti te importa, que solo para ti es lo mismo. Porque él toma tu cuerpo con el mismo deseo de siempre, pero después se da la vuelta y se duerme. Porque ella eriza tu piel con la misma mirada y los mismos dedos de antaño, pero luego se viste y se marcha. Y tú no te vistes ni te duermes. Tú solo anhelas el cariño de ayer en el sexo de mañana.