Cómo Seguir Adelante Tras Perder A Un Ser Querido

Viene siempre de forma inesperada, porque la imaginación se queda corta al dolor tan desgarrador que sentimos cuando se muere un ser querido. Duele el "para siempre" y una parte de nosotros querría abrir los ojos y que todo pasase, que solo fuera un mal sueño. Pero la muerte es real, y no podemos escapar de ella, por cruel que sea, por mucho que no la entendamos y que quisiéramos tener por siempre a nuestro lado a esas personas a las que queremos. Es doloroso dejar ir, pero es necesario aceptar que ha sucedido y que nada podemos hacer, porque es lo que nos permite seguir adelante.

En un momento tan duro no estamos para frases hechas ni comentarios desafortunados. Necesitamos amigos de verdad, personas que nos quieran y nos respalden, o que nos dejen estar solos si lo necesitamos. La mejor forma de apoyar a alguien que está pasando por algo así es, sencillamente, estar a su lado, en el silencio, darle un abrazo, un pañuelo, un vaso de agua... Las palabras de poco sirven y a menudo hasta duelen más. Cada experiencia personal es única y nadie podrá saber por lo que pasamos cuando perdemos a alguien.

Sin embargo, hay algo universal en la forma de vivir la pérdida, y los psicólogos han definido cinco fases del duelo, que ayudan a comprender mejor a un amigo, pareja o hermano que esté pasando por algo así, o a comprendernos mejor a nosotros mismos cuando no sepamos cuánto durará un dolor intenso que nos está destrozando por haber perdido a alguien importante.

Negación

Cuando acaba de suceder, nuestra mente crea rápidamente un mecanismo de defensa: convencernos de que no es cierto, que no es posible, que eso no nos puede estar pasando. El dolor es demasiado fuerte para poder soportarlo. Es normal pasar por esa fase, y por eso algunas personas no lloran en el funeral de alguien muy querido, o parece que lo lleven con mucha entereza, cuando en realidad aún están en fase de negación, y no han llegado a asimilar lo que acaba de pasar.


Ira

Aceptar es necesario, pero no es tan fácil. Antes hace falta sacar el dolor, liberarnos con todas las fuerzas. Un grito de desolación, enfadarnos y sentir una rabia profunda... es natural y es humano. Dejar esa rabia dentro solo nos haría más daño, porque necesitamos seguir adelante, y para eso es importante reconocer lo que hemos perdido, aunque duela, y dejar que ese dolor nos atraviese para poder aprender a vivir con él. El tiempo cura las heridas, pero para que lo haga necesitamos abrirlas, reconocer que están ahí y tocarlas aunque escueza.


Negociación

Hay un momento en que pasa la rabia, el enfado y las ganas de culpar a alguien de lo que ha sucedido. Es necesario que se supere la ira, porque no se puede vivir mucho tiempo enfadado, porque ya bastante duro es perder a alguien como para añadir más problemas colaterales. En esta fase la persona empieza a buscar alternativas; se imagina que no ha sucedido realmente o piensa qué podía haber hecho en el pasado para que no pasase. Es como si intentara llegar a un acuerdo con la vida, una forma de que el dolor se reduzca a ser posible.


Depresión

Cada vez se hace más evidente que no hay salida, que por terrible que sea lo que ha pasado, es irreversible e inevitable. No tiene sentido enfadarse con algo que no puede cambiarse, ni sirve buscar culpables. Tampoco se ve que haya ninguna negociación que calme lo sucedido. Es el momento de derrumbarse, de dejarse ir con el dolor y soltar todo intento de lucha o huida. Ahora es cuando el dolor atraviesa realmente, y es normal que la persona, llegado este punto, no tenga ganas de estar con nadie. Es importante tener ese espacio y ese tiempo para procesar las emociones y llorar a la persona querida. Decirle adiós.


Aceptación

Aceptar la muerte es durísimo, pero mucho más duro es no hacerlo y arrastrar durante años la negación, la rabia o la depresión. Las fases son necesarias, pero necesitan durar poco tiempo y llegar a cerrarse el ciclo en esta fase de aceptar lo que ha pasado. Si la muerte duele es porque la vida es maravillosa, y no queremos soltarla, dejarla ir. Por eso no tiene sentido dejar de vivir, de disfrutar la existencia, por una pérdida. La persona que se ha marchado, si pudiera estar viva para que le preguntásemos, seguro que nos diría que sigamos adelante, que disfrutemos la fiesta hasta que termine, que no tiene sentido que dejemos de vivir solo por guardarle un eterno luto. Una pérdida ya es mucho dolor, y no tiene sentido sumarle otra más para calmarlo, porque solo aumenta el problema.

Además, una vez aceptado dentro de nosotros que la persona se ha ido, que la hemos perdido y se ha muerto, entonces sí que podremos reconfortarnos en la creencia interna, profunda, de que una parte de ella, su esencia, su alma, su recuerdo o lo que cada uno sienta, sigue viva... sigue a nuestro lado y se quedará para siempre.