Por qué romper en las redes puede ser peor que en la vida real

No vale con evitaros por la calle, hacer nuevos amigos y cambiar de bares: si quieres cortar del todo con tu pareja, debes hacerlo también en la red 

Nunca es fácil, pero al final, acabas pillándole el truco. Romper con tu pareja es un proceso y por mucho que los dos lo paséis mal —aunque asumámoslo, siempre hay uno que lo pasa peor, y ese siempre eres tú— a partir de la tercera todo se vuelve mecánico y hasta un poco repetitivo: el "tenemos que hablar" en una cafetería, la excusita ("no veo futuro a lo nuestro", "he perdido la pasión", bla, bla, bla), el ‘que-sí-que-no’ durante un par de semanas con algún morreo tonto ocasional en el portal, el devuélveme mis cosas pero esto te lo puedes quedar, el "te odio" seguido de "eres el amor de mi vida"... y entonces, cuando parece que ya lo has superado, va facebook y te planta en la puta cara un 'Tal día como hoy hace un año' con la foto superromántica y con medio centenar de likes que os hicisteis en vuestras primeras vacaciones juntos. Mierda, ya has vuelto a llorar.

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La ruptura digital: tan dolorosa como la real

Que no, que no vale con dejarlo solo en el mundo real como lo hicieron nuestros padres. Hoy hay que cortar también en el Instagram, en el ‘face’...¿Bloquear o no bloquear? "Esa es la cuestión", diría Shakespeare si hubiese tenido Twitter. "Una idea importante es que no hay una manera correcta de enfrentarse a una ruptura o cualquier otro tipo de duelo, por lo que lo más importante es conectar con las necesidades individuales de cada uno/a", explica Catalina Otero Heras, psicóloga y terapeuta familiar y de pareja. "Si el meternos en Facebook o Instagram y ver a la persona con la que estamos viviendo la ruptura nos genera dolor y no nos está permitiendo avanzar en el proceso de duelo, entonces sí puede ser conveniente durante un tiempo el evitar cualquier tipo de contacto a través de las redes sociales", añade. Si sangra, pon una tirita.

Seamos sincer@s: a todas/as nos gusta un poco recrearnos como quinceañeras despechadas, pero hay que evitar conductas tóxicas en redes sociales que vayan encaminadas a hacer daño a la otra persona. En este sentido, Otero es tajante: "A largo plazo este tipo de conductas paralizan el proceso de duelo y generan dinámicas poco saludables, que nos anclan más en el dolor y la tristeza". Así que nada de compartir ese post nihilista sobre lo falsas que son las personas o vomitar tu odio hacia el otro con un comentario superhiriente. "Entrar en una dinámica de 'guerra' nos va a dificultar mucho más aceptar la pérdida y reconstruir nuestra vida sin esa persona, que es la gran tarea del proceso de duelo", zanja la experta.

A harsh breakup

Las redes también pueden ayudarte a romper en las redes, por paradójico que parezca. Y no hablamos de tirar de Tinder hasta que te de un esguince en el pulgar. 'Rx Breakup' es una divertida app, mitad diario, mitad libro de autoayuda, que puede ser un valioso aliado en un proceso de ruptura. Si la instalas, podrás ver que en el apartado de apps similares, existen muchas otras. Como cuando vas a la librería y ves una portada que te llama la atención: dale una oportunidad. En Código Nuevo ya hemos hablado de Mend, un coach virtual que puede darte el empujoncito que te falta para superarlo. La experiencia de otros también puede ser de gran ayuda, y en Toughcatalog podemos encontrar qué han hecho otras personas en situaciones parecidas.

Ciberacoso, el límite legal a no traspasar

No romper con tu pareja en las redes sociales cuando ella sí lo ha hecho contigo en el mundo real, seguir hablándole por Whatsapp cuando ella/él ni siquiera te dirige la palabra si os cruzáis por la calle o conservar la foto en la que salís abrazados cuando ella/él ya se ha puesto su perfil más sexy puede ser enfermizo. Y ojo, porque eso está a un paso de que se las cosas se vayan de las manos y eso tiene un nombre: ciberacoso. Natalia (nombre falso) salió durante casi dos años con un hacker —más bien, un informático con pretensiones— que no aceptó del todo cuando ella le dijo adiós. A día de hoy, sigue recibiendo mensajes que rozan lo psycho, incluso en el mail de su empresa.

La paranoia le invade cuando suena el móvil y pone 'número oculto'; y controla a diario su cuenta corriente, siempre alerta a cualquier transacción extraña. Da igual las veces que cambie la contraseña su correo electrónico o que se cree un perfil nuevo bajo un nombre falso. La sombra de ese perturbado sigue rondándole como las moscas a un cadáver. "En casos de violencia de género o acoso, lo que se interpone es una prohibición de acercamiento y comunicación por cualquier medio, lo que incluye los digitales", explica el abogado Eduardo Saenz, especializado en violencia doméstica, que, sin embargo, añade: "desde mi experiencia, los casos de quebrantamiento de medidas cautelares o condenas a través de Whatsapp y Facebook son muy habituales".

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La revolución tecnológica ha cambiado la forma de mantener una relación, y también la forma en la que ésta degenera hacia la violencia y el acoso. "El problema está en cómo se prueba", apunta. "Por ejemplo, un acosador con una orden de alejamiento va a un cyber, se crea un perfil falso en Facebook y se hace amigo, digamos, de la hermana de la víctima. A partir de ahí accede al perfil de su expareja y empieza a insultarla y amenazarla. ¿Cómo demuestras que ha sido él? Lo único que tiene la policía es la I.P. del cyber. Lo mismo ocurre con un pantallazo de una conversación, el registro de un chat... todo puede estar manipulado, y hace falta un peritaje informático", señala. Y aquí, la justicia se ha quedado un poco obsoleta. "He visto cedés grapados a un dossier", lamenta.

Así que nada de stalkear, nada de recrearse hasta la madrugada en Facebook pulsando robóticamente F5 para ver si ha publicado alguna cosa, nada de usar el Whatsapp para dar rienda suelta a nuestros impulsos más bajos. Le dejes o te dejen, toca sacar las tijeras de la autosuperación y cortar por lo sano esas redes que nos atrapan a una relación que, simplemente, ya no existe, aunque queden los ecos digitales.