Si tus relaciones fracasan es porque pasas por alto algo vital: el individualismo responsable

Crédito de la imagen: Paolo Raeli

Las relaciones son complicadas, todos lo sabemos. Conocer a alguien que encaje contigo, gustarle a la otra persona, que el resto de vuestro universo cuadre y no perder ni tu identidad ni tu espacio personal. Toda una odisea. Todos tenemos ese amigo —por no decir que podemos ser nosotros mismos— que al conocer a una persona desaparece o cambia radicalmente. Su actividad favorita era el sillon ball y ahora es un amante de los deportes de riesgo solo porque su pareja también lo es; si veía un perro en la calle cruzaba la acera y ahora que su novio es un amante de los animales ha adoptado dos canes y cuatro gatos. Y cuando la relación acaba, vuelve a su ser y regresa a sus orígenes, de los que nunca debería haber salido.

En esta línea, el psicólogo Walter Riso ha acuñado el concepto de 'individualismo responsable', que define muy bien lo que todos deberíamos hacer: preocuparnos por nuestra pareja, pero también de nosotros mismos. No se trata de egoísmo, sino de amor propio y de construir una relación de pareja sana. Amar a una persona implica quererla como es: no tratar de cambiarla y, a la vez, quererte a ti mismo. De otra manera, las cosas no funcionan.

"La autoestima es un requisito imprescindible del amor en pareja. Piensa, ¿podrías amar a alguien que se odiara a sí mismo, que solo buscara agradarte las 24 horas, que no tuviera más aspiración que sangrar por tu herida? ¡Qué pesadilla!", explica Riso en su libro Guía práctica para no sufrir de amor.

¿Media naranja o naranja entera?

Si tengo que responder, elijo la opción de Walter Riso; ni quiero ser la persona abnegada ni quiero a alguien abnegado a mi lado. No es sexy, pero tampoco es saludable. "Cada persona es única y una pareja no es el mito de la media naranja. Cada uno es una naranja entera", dice Lara Salguero, pedagoga y sexóloga del Instituto Universitario de Sexología de la Universidad Camilo José Cela. Por eso hay que aceptar que no se puede encajar al 100%, sino que hay que adaptarse.

De hecho, puede que al principio de una relación te cueste, pero se trata de darle la vuelta a la tortilla y de hacer un esfuerzo para seguir manteniendo tus espacios. "En la etapa de enamoramiento, lo que queremos es dedicarle tiempo a esa persona, y tus hobbies, intereses y amistades pasan a un segundo plano, pero hay que hacer un esfuerzo por mantenerlos", indica Salguero.

Irene Gómez, psicóloga experta en parejas del centro El Prado Psicólogos, recomienda incluso llegar a un pacto contigo mismo para mantener tus hobbies o el tiempo que pasas con tus amigos. Es decir, no abandones tu vida anterior a tu pareja y esfuérzate por continuar con parte de tus espacios: si antes quedabas con tus amigos tres veces por semana, no faltes por lo menos a una; si hacías deporte cinco días por semana, comprométete a hacerlo tres días.

Tras pactar contigo mismo, llega el momento de hacerlo con tu pareja, ¿cómo llegar a un acuerdo sobre qué lugar ocupa cada uno? Puede que tu pareja encaje a la perfección en el 80% de tu vida, o solo en el 20%. Sea cual sea el porcentaje, no implica que tengas que abandonarte y cambiar tus gustos. "Aquellos espacios preexistentes a la relación, ya sean amigos, familia o hobbies, tienen que seguir", aclara el psicólogo Esteban Cañamares.

Sin receta mágica

Aunque no existe una receta mágica, sí que existen actitudes que debemos mantener para no terminar en una ruptura o perdiéndonos a nosotros mismos. El respeto es lo primero. Respeta los espacios de tu pareja, sus hobbies, sus momentos con sus amigos, sus reuniones familiares o sus partidos de los domingos y, por supuesto, pide el mismo respeto en la relación. Si tú no dejas que tu pareja mantenga sus espacios, tampoco ella lo hará contigo.

Además de tus espacios, resulta aconsejable que mantengas tus propios secretillos. "Cada uno de los miembros de la pareja tiene derecho a guardar secretos, tenemos derecho a mantener el 2% de nuestra intimidad para nosotros mismos", explica Esteban Cañamares. Todos conocemos parejas que lo hacen todo juntos y son felices —enhorabuena a los afortunados—, pero la mayoría no tenemos esa suerte.

Si nos dedicamos a hacer solo lo que nuestra pareja quiere, se nos irá agotando la ilusión. "Hacer las cosas que te dan vida hace que hablemos con entusiasmo y transmitamos esto a otras facetas de nuestra vida, como a nuestra relación de pareja", recomienda Irene Gómez. Por lo tanto, no abandones tus pasiones: ya sea el macramé, el tiro con arco, el cine o tus amigos y familia.

La comunicación es clave en este proceso. "Hay que ser sincero, te digo lo que pienso, lo que quiero y lo que necesito", subraya Esteban Cañamares. Pero no es tan sencillo ser sincero y firme. "Normalmente, el problema es cómo transmitimos nuestras emociones: enfadados y a destiempo", relata Lara Salguero. Y dar por supuestos ciertas cosas o imaginarlas. "A veces cometemos el 'error del adivino', tendemos a pensar que sabemos qué quiere y qué piensa la pareja en vez de preguntar", comenta Gómez.

Por eso, la empatía —aunque sea un poco fingida— es importante a la hora de comunicar. Comienza tus conversaciones de pareja para marcar límites con un "entiendo lo que me pides, pero yo voy a transmitirte lo que siento". Y cambia las pautas de comunicación comunes en los conflictos de pareja, que suelen comenzar con una acusación. "Solemos cometer el error de acusar, hablamos desde el 'tú' y es mejor hablar del 'yo", apunta Gómez, quien también aconseja "utilizar palabras suaves, pero que describan lo que sientes".

"Si la otra persona no ha respetado nuestro espacio, se le advierte, pero si sigue en las mismas dinámicas, se deja la relación", concluye Cañamares. Y es que tú siempre vas a estar contigo mismo, descubre quién quieres ser y no te cambies por tu pareja, que puede ser temporal.