Las Relaciones En 2015: 19 Días Y 500 Noches

...Tenían razón,

mis amantes

en eso de que, antes,

el malo era yo,

con una excepción:

esta vez,

yo quería quererla querer

y ella no...

Diecinueve días y quinientas noches le costaba a Sabina aprender a olvidar el amor. Casi 17 años después, diecinueve días y quinientas noches es la media de lo que suele durar una relación. A veces pienso que, hoy en día, casi puedes ver antes a alguien en pelotas que bien vestido y arregladito para una cena romántica; no tengo nada en contra de esto, pero resulta bastante curioso cómo ha cambiado el cuento.

Ahora, nadie quiere enamorarse de quien se enamora de ti, parece que la reciprocidad asusta. En cambio, como se atreva a dudar sobre si tú le gustas o no, ya te tienen; y ojo, que por esa regla de tres, te dejan con un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo. Es el eterno pez que se muerde la cola y cuyo resultado es un mundo lleno de perros del hortelano que ni comen ni dejan comer.

En 2015, ni rosas, ni velas, ni poemas de amor, como mucho un WhatsApp en alguna de esas quinientas noches y a veces gracias a tu gran amigo, el chupito de Jägger de las cuatro de la mañana, que hace que te entre la morriña. Pero ojo, nunca un "te quiero" por escrito, que casi que asusta más que de palabra, primero porque puedes verlo y segundo porque si no lo borras lo puedes sentir cada vez que lo lees. Ahora se lleva el "me apeteces" o "tengo ganas de ti", que parece que llevan implícito menos compromiso sentimental.

En 2015, ni los treinta son los nuevos veinte ni los cuarenta son los nuevos treinta; al final parece que estemos en uno de esos libros de "elige tu propia aventura" en los que vas saltando de página en página en función de lo que prefieres vivir. Ahora, la edad está en la cabeza, no a las espaldas, y cada uno se configura la vida y le da la bienvenida al amor cuando mejor le conviene, porque lo que sí está claro es que ya no hay patrón.

Hoy parece más fácil romper relaciones que empezarlas, y parecemos más valientes por no temer la soledad, cuando lo que realmente somos es más cobardes por asustarnos al pensar si la compañía será la adecuada, la perfecta o la definitiva; y mientras, la vida pasa: ¿no te da la sensación de que parece que estemos siempre esperando algo? Es como si tuviéramos miedo de quedarnos quietos y dejarnos llevar.

"...Tanto la olvidé

que tardé en aprender a quererla

diecinueve días y quinientas noches...".