Te quiero porque, queriéndome tal como soy, has hecho que sea alguien mejor

Te quiero porque tú me ves del todo. Porque fuiste capaz de desgajar todas mis capas y de quererlas a cada una de ellas y por eso puedo sacarlas todas. Descubriste cuáles son mis muros de defensa y, en lugar de saltarlos o de asomarte sin permiso, decidiste labrar una puerta muy pacientemente para poder llamar antes de entrar. Aprendiste a querer lo que te muestro y a mimar las partes de mí que escondo. Me ayudaste a enseñarme porque junto a ti cualquier lugar es casa. Gracias a ti no tengo miedo de ser yo.

Te quiero porque no te crees siempre todo lo que digo. Jamás me crees cuando digo "no puedo", "no sé" o "no soy capaz". Consigues ver a través de mis excusas y decirme claramente que estoy teniendo miedo, que me estoy rindiendo, que estoy tomando el camino fácil. Crees en mí cuando más falta me hace, cuando prefiero esconderme debajo de las mantas y echar la culpa al mundo. En esos momentos, me recuerdas que puedo con lo que quiera y que deje de hacer el imbécil.

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Te quiero porque defiendes una relación justa. Porque me pides disculpas si has generado un roce y esperas de mí que acepte mis propios errores. Porque no necesitamos ser perfectos pero, como das por hecho que en cualquier circunstancia voy a sacar lo mejor de mí, me resulta más fácil hacerlo. Entre tú y yo siempre hay presunción de inocencia. Sabemos que los errores son eso, errores. Y, por eso, es tan fácil perdonarnos.

Te quiero porque hemos aprendido a no tener miedo a enfrentar los problemas. Porque abrimos, a base de conversaciones interminables, las heridas que nos están impidiendo avanzar. Sabemos que seremos capaz de limpiarlas todas y por eso cicatrizamos tan rápido. Te quiero porque no entendemos el idioma del reproche.

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Te quiero porque crees que todo lo que siento importa. Das tanto crédito a mi ira como a mis ganas de mimos. Sabes que las emociones son una señal, un síntoma de que algo ahí dentro está fallando. Te empeñas en que sea libre, en que me enfade, en que me alegre, en que llore y en que ponga cara de sepia durante todo un día. Me quieres con la emoción con la que me vista. Quieres a todas mis versiones y les das campo abierto a todas. Y, por eso, los días buenos acaban ganando la partida.

Te quiero porque te permites ser débil. Porque sabes que estaré ahí aunque estés sin ganas de nada. Porque cuando caes te agarras a mi brazo y me tiendes el tuyo si estoy en el suelo. Porque los dos sabemos que el otro quiere seguir ascendiendo, seguir superándose, mejorando. Por eso, cada vez que uno es impulso del otro, el éxito es mutuo.

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Te quiero porque no te conformas. No das por sentado lo que tenemos y te esfuerzas por ofrecerme tu mejor versión. Y, con ello, me das ejemplo para hacer lo mismo. O, tal vez, yo te dé ejemplo. De alguna manera, somos un círculo que se retroalimenta. Pero somos un círculo abierto al mundo. Somos dos, distintos, pero con un eje común del que partir. Somos un equipo que trata de ser mejor y hacer mejor lo que nos rodea. Sabiéndote cerca, es fácil ser buena persona. A tu lado, la vida no es lucha sino reto. El amor no es destino sino proyecto. 

Te quiero porque entre tú y yo no hay arribas ni abajos, solo adelantes. Porque te encanta que te lleve la delantera en algunos aspectos. Porque me apasiona que seas mejor que yo en tantas otras cosas. Porque, gracias a ti, he aprendido que puedo, que puedes, que podemos. Que las dificultades son oportunidades. Que el amor puede ser algo muy fácil, aunque muy complicado a la vez. Que no es necesario vivir con miedo. Que es imprescindible ser completamente libre.

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Te quiero porque, queriéndome tal y como soy, con todos mis defectos, has hecho que sea mejor. Has conseguido que cagarla no sea un drama, que ser frágil no sea peligroso y que ser fuerte tenga su recompensa.

Te quiero por todo lo que me has hecho crecer como persona. Y por lo que has crecido conmigo. Te quiero porque querernos nos hace mejores y tenemos por delante un horizonte sin final.