Quiero Que Seas Mi Compañera De Desastres

Estamos viviendo el momento. Somos jóvenes, tenemos una mentalidad muy distinta a los valores preestablecidos que esta sociedad retrógrada nos ha intentado imponer. No nos vamos a hipotecar, ni vamos a trabajar 40 años en la misma empresa. Nos largaríamos mañana para dejarlo todo y tener esa vida idealizada con la que nos bombardean a diario. Recorrer el mundo, y olvidarnos de esa rutina de curro, amigos y serie de Netflix de antes de ir a dormir. Contigo me niego a eso. No vamos a ser esa pareja que trabaja y se ve por las noches mientras actualiza su aburrida vida y coge más de 3 kilos al año. No es el tipo de desastre que quiero para nosotros.

Los desastres.

Hablemos de ellos.

Creo que nunca aprenderé si no es a base de pegarme de hostias contra el suelo. Duele, pero es bonito. Hunter S. Thompson decía que la vida es como un viaje en moto, que deberíamos llegar al final del camino, magullados, ensangrentados, coger la última curva y decir eso de “¡Uf! ¡Vaya viajecito!”  Y eso es exactamente lo que quiero vivir contigo. Quiero vivir  todo lo que haga que algo nos estalle por dentro. Algo que nos retuerza, hasta que nos explote fuerte.  Porque el plan de la familia en el mono-volumen nunca ha ido conmigo.

Pero esto que estoy diciendo, esto es otra cosa. Es cierto que soy un bala perdida, para qué nos vamos a engañar. Es cierto que fueron muchas las veces que me busqué sin encontrarme. Que me echan de los trabajos, que soy un desastre con el orden y que voy bailando sobre el cable de día 1 al 30. Quizás es esa sensación de vértigo lo que me mantiene vivo. Quizás es ese equilibrio tuyo el que me mantiene a salvo. Quizás es que tu locura y la mía juntas son el puto mejor desastre del mundo. Tú eres mi cable de seguridad, del que estoy totalmente colgado.

'Compañeros de desastres', así nos definiría. Porque qué más da si no tenemos un duro -noslogastamostodoviviendo-, qué más da si no tenemos un plan -joder, para qué, por qué, de qué nos sirve-, qué más da si el mundo mañana se va al garete y todo estalla en mil pedazos. Somos aquí y somos ahora, eso es lo único que importa.

Pero a pesar de todo, nos tenemos a nosotros, y sobre todo tenemos la capacidad de coger todo este desastre y convertirlo en una verdadera aventura. En un viaje a 200 por hora con vía libre, sin ningún tipo de barrera que nos haga estrellarnos.

Pero ¡eh!, si me estrello contigo, habrá merecido la pena.