Cuanto Más Quieres Controlar A Tu Pareja, Menos Control Tienes

A veces nos puede parecer tierno eso de mirar el móvil esperando su mensaje con ansia, o que él te llame para pasar con el coche y secuestrarte de tu plan de amigos. Es muy bonito querer pasar tiempo con alguien, o que tenga unas ganas tan intensas de verte que apenas pueda frenarlas... ¿pero dónde está el límite entre lo romántico y lo neurótico?

El problema empieza cuando queremos controlar al otro, cuando dejamos de disfrutar por el mero hecho de que exista y sea feliz, y lo único que nos hace felices es que esté a nuestro lado y que su felicidad sea resultado de nuestra presencia o nuestros detalles.

Lo que sentimos se nos puede ir de las manos alguna vez, por ejemplo cuando tendemos a querer proteger por miedo, por una mala experiencia que tuvimos de abandono o pérdida, pero hace falta recuperar el equilibrio, porque querer controlarlo todo no nos asegura que lo consigamos, y además nos hace mucho daño, y también a la relación.

El que quiere controlar sufre mucho, porque cuanto más busca que todo salga bien peor va todo. Si quiere que al otro no le pase nada y que no haya ningún secreto, más consigue que su pareja se ponga a la defensiva y acabe por no querer dar explicaciones de ningún tipo.

Además, cuando buscamos controlar demasiado las cosas o controlar a la pareja, perdemos una capacidad mucho más positiva y enriquecedora para una relación, la de confiar, abrirnos al otro de verdad y quererle tal y como es, con las decisiones que toma y lo que hace porque quiere.

El control es una de las peores trampas en las que podemos caer: nunca lo podremos tener, sin embargo, cuanto más lo buscamos más lo necesitamos. Es como una ilusión visual que cuanto más perseguimos más se nos escapa.

"A menudo el ser humano encuentra su destino en el camino que escogió para evitarlo"

El amor se lleva mal con el control, como agua y aceite, así que cuando añadimos control a nuestra vida, nos alejamos más aún de la pareja, y eso hace que tengamos menos control todavía.

El único control que podemos tener es sobre nosotros mismos, la capacidad de elegir y de gestionar lo que sentimos y queremos. Cada vez que nos desesperamos por algo, que nos desbordan las emociones o que decimos "no puedo vivir sin ti", hay alguien que pierde fuerza, autoestima y control, que somos nosotros sobre la propia vida y sobre nuestra felicidad.

Crédito de la Imagen: Emman Montalvan