Dos psicólogos responden si se puede estar enamorado de dos personas a la vez

Lo has encontrado. Allí está, ante ti, mirándote a los ojos. Con sus dos grandes ojos llenos de calor, de luz, de ilusión. Esos ojos que despiertan en ti un torrente de sensaciones que no sabrías explicar pero que te hacen tocar el cielo con la punta de los dedos. Puedes gritar que encontraste al amor de tu vida. A su lado todo es ternura, cariño, pasión. Y sí, tal vez el subidón del inicio haya amainado un poco, pero no concibes una vida lejos de su lado. Eso es el amor, ¿no? Sí, claro que sí. Pero algo pasa.

Algo que tampoco sabes explicar, que es irracional, que te perturba, que te inquieta. Que te revuelve, para bien y para mal. Para bien, porque cuando ves a esa otra persona sientes algo similar a lo que te sucede con tu pareja; para mal, porque es precisamente ese sentimiento el que te hace sentir como un ser despreciable. Y, sin querer, te preguntas: ¿es posible amar a dos personas al mismo tiempo?

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Filósofos, poetas, artistas, psicólogos… El ser humano ha invertido milenios en buscar una definición concreta y certera para el amor, aunque siempre sin éxito. Porque, en su sentido más amplio y puro, es indescriptible, incomprensible y, por tanto, imposible de encasillar bajo el paraguas de unas cuantas palabras. Por amor se mata y se muere. Se nace y se vive. O se malvive. El amor trasciende, se eleva por encima de todo lo demás. Pero, entendido en una relación de pareja, ¿es exclusivo de dos?

“Todos somos infieles desde que nacemos. Para poder acceder a lo que el mundo nos ofrece, tenemos que romper el vínculo más íntimo y natural del ser humano, la relación con nuestra madre”, reflexiona la psicóloga Magdalena Salamanca, que asegura además que “sentir amor por una sola persona y que ella sea la única que nos puede procurar ese sentimiento es algo tremendamente doloroso. Por eso, no solo se puede estar enamorado de más de una persona sino que, psíquicamente, es recomendable”.

Pero conviene matizar. Y ese matiz lo aporta otro psicólogo, el doctor Jorge Barraca: “Hay que diferenciar entre el amor y el enamoramiento. Este segundo es pasajero, muy fisiológico y, como sentimiento puntual, no dura demasiado”. Por eso, Barraca asegura que el amor hacia una persona y el enamoramiento hacia otra sí son compatibles. La psicóloga Salamanca camina en la misma tesis: “El enamoramiento es ese periodo transitorio en el que idealizamos al otro pensando que nos complementa al 100%, pero eso es imposible. Por ello, con el tiempo, el sentimiento transita hacia el amor, hacia la estabilidad, hacia el asentamiento de la pareja, basada en pactos y cesiones”.

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Una vez alcanzado ese estado, el sentimiento de haber encontrado otra persona que tal vez nos complemente más que la primera, la ‘titular’, no es en absoluto descabellado e incluso recomendable, según Salamanca: “Cuando depositamos en el otro la responsabilidad de ser el único que nos llena, debemos reflexionar sobre lo que nos está ocurriendo y caer en la cuenta de que ese nivel de exigencia es inalcanzable y que, tarde o temprano, traerá aparejada la frustración. Por eso, debemos acostumbrarnos a tener varios amores”.

Solo experimentando el proceso de enamoramiento hacia otra persona, podremos deducir que algo en nuestra pareja no funciona y podremos iniciar un proceso de reflexión. “Podremos darnos cuenta de que, aunque sigamos enamorados, no vemos satisfechas todas nuestras necesidades”, explica el psicólogo Jorge Barraca. Por otro lado, solo así podremos concluir con que nuestro compañero vital, aquel que hemos elegido, nos sigue llenando lo suficiente a pesar de sus carencias, y que tal vez lo que sintamos por la otra persona sea, simplemente, un sentimiento puntual por el que no merece la pena acabar con todo.

Pero, ¿cómo pelear contra la monogamia establecida? La sociedad nos obliga a emparejarnos, a consagrar nuestra vida a otro y a desterrar cualquier deseo o atracción hacia un tercero. Pero no hay que olvidar, como afirma el psicólogo Jorge Barraca, que “al ser humano occidental se le obliga a ser monógamo secuencial, a que sus parejas se sucedan y no sean simultáneas. Y también conviene tener en cuenta que la monogamia no es, ni mucho menos, una ley universal”.

Cada vez se habla con más fuerza de un nuevo modelo de relación, el ‘poliamor’. Un pacto firmado entre personas que se creen capaces de gestionar los afectos y sentimientos a tres bandas. “Hay que estar muy sano mentalmente. Si que dos personas se junten ya es peligroso, imaginemos cuando lo hacen tres al mismo tiempo. Si son celosos o controladores esas relaciones estarán abocadas al fracaso”, comenta Magdalena Salamanca. Aunque para ella, con las normas bien claras, el poliamor es una opción viable. Menos optimista es Barraca, que considera que “los celos son algo inherente al ser humano, muy entroncado en nuestra naturaleza desde la época de las cavernas, y querer romper una tendencia milenaria es francamente complicado”.

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Pero esas relaciones son, sin duda, la excepción. Las normalizadas siguen siendo las de dos. Dos que se quieren, que se apoyan. Que se toleran, se comprenden y se complementan. Que se aman. Pero que, según los expertos, no deben sentirse mal por sentir un deseo puntual por otro, una pulsión aparentemente irrefrenable. Porque el enamoramiento no es racional. “Lo raro, de hecho, es que no te pase. Que tengas una relación y no sientas deseos por otras personas”, concluye Magdalena Salamanca.

Otra cosa será que no quieras romper tu relación, pero “jamás podrás negar tus deseos por otro ser humano”, completa. Tal vez, como afirman los expertos, debas interpretarlo como un aviso, como una alarma que te lleve a la introspección. O tal vez te sirva para que caigas en la cuenta del amor que realmente sientes por tu pareja y que acabes, de nuevo, enamorándote de ella, volviendo al inicio. Sintiendo otra vez que su mirada desata en ti un torrente irrefrenable de sensaciones indescriptibles.