Una psicóloga nos explica cómo os puede ayudar una terapia de pareja

Mira la imagen de la derecha. ¿Con qué muñeco te identificas? ¿Estás de espaldas? ¿Por qué te caes? ¿Por qué te cruzas de brazos? Vuelve a mirarla. ¿Quién te gustaría ser?

Mireia Borràs, psicóloga especialista en sexología y terapia de pareja, puede abordar con esa imagen vuestra primera sesión. Sirve para averiguar tu estado anímico, cómo te ves en la relación y dónde querrías estar. Después, querrá compromiso: "tendréis que esforzaros".

Borràs concibe la pareja como el psicólogo Walter Riso: un equilibrio entre Eros (deseo), Philia (amistad) y Agape (ternura). Si uno de los pilares falla, la pareja se desbarata. "Si te casas o tienes hijos en el primer año, actúas con la química del Eros, pero luego se te cae la venda".

La terapia de pareja es compleja. "Cada uno trae su propia mochila", dice Borràs, "su educación, su familia, sus creencias. Tienen que encajar dos personas con estructuras mentales distintas".

En el caso de los celos, por ejemplo, recomienda terapia individual o añadirla al proceso de terapia de pareja. Es complicado tratarlo todo a la vez. "La pareja suele ser el perchero donde se deja el peso de nuestra mochila", dice la psicóloga. Hay que lidiar con uno mismo mientras se investiga por qué la pareja no es como era.

Borràs tira del hilo durante las sesiones para saber de dónde vienen los problemas y qué técnicas aplicar. "Puede que haya una infidelidad, pero suele ser la consecuencia, no la causa", dice. Borràs se decidió por una terapia integradora: usa técnicas de diferentes escuelas psicológicas (psicoanálisis, cognitiva, conductual, entre otras), según el caso.

"La terapia conductual suele funcionar con problemas de sexualidad, pero cuando pase A no siempre haremos B en todos los casos", asegura. Ha conseguido ayudar a las parejas que acuden a su consulta con un método adaptado a cada caso. Incluso, con terapia narrativa: cada uno escribe algo que luego pondrán en común.

Su labor como mediadora es empatizar, introducir nuevos conceptos y no tomar parte. Los objetivos: revisar las creencias, aceptar las del otro y ceder en lo posible. Estos principios requieren honestidad, empatía y una buena comunicación. "Es inútil luchar por el poder", dice Borràs, "lo útil es decir que ambos tienen parte de razón, que trabajarán de manera individual y que llegarán a acuerdos. Las emociones son nuestras, no culpa de la pareja".


Los problemas habituales

"No nos entendemos", "discutimos mucho": son las frases más comunes en la primera visita. Pero ¿qué quiere decir? La labor de la psicóloga es resolver un misterio, como los detectives.

Detrás de esas frases suele esconderse uno o varios problemas: aburrimiento (rutina), problemas en la cama (falta de deseo, eyaculación precoz, disfunciones), embarazo o educación de los hijos, infidelidad, dependencia, familia, enfermedades o conflictos laborales. La lista es enorme.

Si antes ibais a la montaña, os proporcionará un método de organización para intentar retomar los hábitos que os hacían felices. Si antes os divertíais juntos, Borràs preguntará por qué ahora no. "Cuando visibilizan el problema ya intentan encontrar una solución", dice. "Por ejemplo, algunos han tenido que aprender a perdonar sin saber que lo necesitaban".

Todos estos problemas son cambios a los que no se adaptan en la dinámica de la pareja. "Antes íbamos al cine", "mi suegra entra en casa cuando quiere", "no me apoya", "los niños no nos dejan tiempo". En cada caso, Borràs pregunta, si no está claro, desde cuándo sucede y propone ejercicios con los que abordar el contorno del problema.

"En el caso de la infidelidad, por ejemplo, lo primero es lidiar con la rabia y luego analizar de dónde viene", dice. "Los psicólogos tenemos que ser creativos: hay a quien le irá bien subir una montaña y gritar y a quien le irá mejor escribir todo lo que odia a esa persona". Después de los impulsos, el trabajo duro. "Lo segundo será perdonarnos los dos por fallar". Y continúa: "por último, reformularemos el contrato".

El contrato es el pacto. "La mayoría no sabe qué pueden hacer o qué pasa si rompen las normas", asegura Borràs. Por ejemplo, las parejas no han establecido qué es una infidelidad (¿penetración? ¿beso? ¿mirada?), qué lugar debe ocupar la suegra o cuánto espacio necesita cada uno. "Para reformular el contrato reconstruimos el camino, pero no lo borramos porque siempre habrá cicatrices. Lo escribimos para que conste".

Parte del trabajo de Borràs consiste en que se hablen y se escuchen. Deben negociar acuerdos. "La pareja es como una conversación de bar 24 horas", dice. "Empiezas un tema, te corta el camarero, y cuando lo retomas ya ha cambiado el tema". Falta atención. Borràs recomienda habitualmente sentarse para hablar al menos una vez al día durante 10 minutos, pero sin ninguna interrupción. También hay pautas de comunicación que incluyen no chillar o evitar palabras como "nunca", "siempre", "todo" o "nada".


Mitos sobre la pareja

Como mediadora, la psicóloga revisa las creencias de cada uno. En ocasiones, el problema es la visión de lo que se entiende por pareja. Algunas ideas llevan a la ruptura en el mejor de los casos. En el peor, a la dependencia absoluta, incluso a la anulación de sí mismos.

Borràs escoge algunos ejemplos. Encontrar a tu media naranja. "No nos falta una parte", dice. "Tenemos que ser una naranja entera y encontrar otra naranja si queremos". No necesitamos que nos completen, sino a alguien que nos complemente.

Los polos opuestos se atraen. "Se atraen al principio por la novedad", continúa Borràs. "Nos suele atraer la diferencia". Tenemos que hacerlo todo juntos. "No es bueno dejar tus cosas de lado", dice, y añade una metáfora: "imagina una caja con tres globos. Uno de ellos es la pareja, los otros dos son el yo y el tú individuales. Si alguno de ellos se hincha demasiado, los otros no tendrán espacio. Es posible que alguno explote".

La terapia de pareja no es como una cirugía que abre, extirpa el problema y cauteriza la herida. Mireia Borràs no trabaja con certezas, pero su mensaje es siempre el mismo: "si pones toda la responsabilidad sobre el psicólogo, la terapia no funcionará. Pero si te esfuerzas, lo conseguiremos".

Crédito de las imágenes: Pip Wilson, Annie Sprat, Jake Davies