La Promiscuidad No Está Bien Vista, Pero Bienvenidos A La Evolución: Aquí Venimos A Follar

Crédito de la imagen: Gorsad Kiev

Crezco en la resaca de la revolución sexual. Llevo condones en el bolsillo y prescindo de pastillitas alucinógenas. Conozco mi cuerpo, mi placer, mi deseo. Antes de que las braguitas se deslicen por mis piernas, sé perfectamente lo que quiero y lo que no. Elijo. Comparto. No, no soy fan del poliamor. Mi opción es más sórdida: he decidido vivir el sexo sin jaulas y reivindicar el orgullo promiscuo. 

Lo sé, la promiscuidad no está bien vista: es escandalosa, evoca el vicio, la lujuria y la perversión. No obstante, este significado se lo debemos a la visión represiva, oscura y fóbica que se ha dispuesto sobre el sexo a lo largo de la historia. Nos han hecho creer que el sexo es sucio y perverso… si no hay amor de por medio. Pero se acabó, bienvenidos a la evolución: el sexo es pagano y venimos a celebrar la fiesta.

El amor, ya sea el que se vive en una relación monógama o poliamorosa, no necesita de justificación porque mola: ¿qué más da que se comparta en el matrimonio, entre gente de su mismo sexo/género, en una comuna hippie o en un harén? Sin embargo, la promiscuidad continúa escondida en el armario y si se trata de una mujer, ese armario posee además nueve candados. ¿Por qué digo esto? Desgraciadamente, en nuestra sociedad, (1) la sexualidad femenina no normativa sigue siendo un tabú y (2) la promiscuidad se valora de forma más positiva en hombres que en mujeres. Una chica todavía tiene que soportar calificativos como 'puta', 'zorra', 'guarra', 'fresca' o 'ninfómana' cuando usa la misma libertad sexual que un chico. En cambio, ese chico a mayor currículum sexual, más líder es en la manada.

No obstante, también existen chicas que acusan a otros tíos de ser unos “cabrones” simplemente por el hecho de que follan sin buscar nada más. De mujer a mujer: nena, que un tío tenga sexo contigo sin prometerte un final Disney ni es pecado ni es delito, ¡espabila y comienza un tratamiento en una buena clínica para desprincesarte!

Pese a la doble moral, el puritanismo de las sociedades mediterráneas y el rechazo que existe hacia el sexo por el sexo, la promiscuidad resiste y no piensa desaparecer. En primer lugar porque el concepto actúa como un cajón desastre donde caben swingers, trabajadoras sexuales o parejas no-monógamas.

En segundo lugar porque la promiscuidad es en muchas ocasiones la alternativa al poliamor, sobre todo cuando éste se convierte en una sucesión de dramas. La promiscuidad es una opción muy seductora para quienes follamos con premeditación, honestidad y alevosía… y no tenemos ni un ápice de ganas de enamorarnos ni de una ni de siete personas. ¿Y si preferimos compartir nuestra mejor versión y nuestros momentos más duros con excelentes amantes y no con grandes amores?

En tercer y último lugar, la promiscuidad está perdiendo su sentido peyorativo y diseñando su propia ética. Es más excitante follar con principios (y con quien los tenga) que sin ellos. A las personas promiscuas nos gusta el sexo libre, honesto, responsable, seguro y por supuesto, consensuado. Hemos elegido nuestra relación sexo-afectiva ideal, independientemente del camino marcado por la sociedad, las modas o de las expectativas de la abuela. Estamos trasgrediendo tabúes, normas y el qué dirán. Quizá nos acusen de que ser una persona promiscua no es normal, que nacemos para tener pareja y una hipoteca, pero… ¿qué es lo normal? Ah sí, un programa de la lavadora...