La Primera Persona Del Plural Está En Peligro De Extinción

No estaría mal comenzar haciendo un ejercicio de sinceridad y comprobar la de veces que anteponemos nuestros pronombres personales [Tú] [Yo] –tan individuales y singulares– al resultado y suma de los mismos [Nosotros] –tan colectivo y plural–. Reconocer que, en efecto, estamos dándole más importancia a cada uno de los elementos que al valor del conjunto. Erramos en preocuparnos más de lo que sentimos personalmente y de adónde queremos llegar cada uno que de lo que en realidad estamos sintiendo, persiguiendo y consiguiendo como pareja.

Podríamos continuar con un ejercicio de memoria y recordar cada una de las situaciones en las que fallamos para terminar llegando a tan mal funcionamiento entre los dos. Nos echamos en cara, el uno al otro, cada pequeña equivocación; criticamos cada movimiento que hace la otra persona porque se escapa de nuestra mano –ignorando que algunos pueden terminar en abrazo–; pecamos de egoísmo, tal vez porque jamás dejaremos de ser humanos, y ese es un hándicap a la hora de avanzar como pareja. Nos quedamos sentados, totalmente fríos, meditando sobre cómo se está rompiendo el Ártico, y no vemos lo mucho que nos estamos rompiendo Nosotros. Permanecemos inmóviles, mirando al cielo, temiendo que se nos caiga encima la capa de ozono, y no somos capaces de advertir las grietas que tenemos bajo el mismo techo.

Deberíamos de finalizar con un ejercicio de cordura y aportar una solución por cada problema que anteriormente hayamos constatado y haya dado error. Deberíamos de apelar al sentido común –al tuyo y al mío, al Nuestro– y acordarnos de que nadie nos obligó a comenzar una relación de dos, y que a la larga, si tiene que pasar, suele doler menos soltar que estirar; que a veces lo mejor que le puede pasar al amor es que cada uno termine haciendo la guerra por su cuenta.

Y si no, debemos convencernos de que ya hay demasiada mierda contra la que combatir en este mundo, y que dos personas que deciden luchar juntas pueden ser capaces de derrotar a cualquier ejército. Debemos de pensar un poco más allá y caer en la cuenta de que solo valoramos las cosas cuando las perdemos, a las personas cuando ya no están, y a las uniones cuando nos fallan las fuerzas. Debemos constituir un equipo, y no ponernos la zancadilla hasta convertir lo nuestro en una vulgar competición. Debemos, quizá, tener un poco de miedo a perdernos, disfrutarnos día a día, y no acordarnos solamente de lo que somos cada maldito 14 de febrero.

Crédito de la imagen: Théo Gosselin