Por qué algunas personas no pueden evitar ser infieles aunque sean felices con su pareja

Parece una incoherencia difícil de explicar, porque el hecho de engañar a tu pareja siendo feliz con ella no lo encontramos en ningún manual de las mejores decisiones. Sin embargo, la infidelidad puede ser un camino fácil y apetitoso para esa gente que se ha estancado con sus relaciones largas pero infelices. Por eso, no pueden evitar tener algún desliz con otra persona e incluso mantener encuentros sexuales, todo sin plantearse el dejar a su pareja.

Como explica Delia Pop, psicóloga especialista en terapia de pareja, “el ser humano tiene la capacidad de amar y enamorarse de más de una persona a la vez, ya que la monogamia es un tipo de relación impuesto socialmente”. Así pues, no es descabellado que queramos a nuestra pareja y sintamos atracción por otra persona, aunque el funcionamiento es un tanto complejo y los debates internos van a depender de la flexibilidad moral de uno mismo.

Para entender las causas, Pop apunta que “es muy importante distinguir las dos fases que se dan en muchas relaciones; una inicial de enamoramiento donde las hormonas juegan un papel muy importante, en la que predomina la idealización y una fuerte atracción sexual, y la posterior, de un amor más tranquilo y estable.” Tras disfrutar de esa primera etapa, que tarde o temprano se va terminando, lo complicado es encontrar los puntos positivos de esa segunda fase y saberla mantener, porque habremos gastado muchas energías y la relación ya no funciona por inercia. La magia no sigue saliendo sola, hay que trabajarla a diario.

En ocasiones también sentimos la necesidad de añadir pasión y romanticismo a nuestra vida, de recuperar esa tensión sexual que se ha ido evaporando. Sin duda esta es una de las razones que ofrecen algo de ‘cordura’ al debate, porque, según esta psicóloga especialista en terapia de pareja, “podemos estar en la fase de amor tranquilo con nuestra pareja y ser felices, pero eso no significa que no podamos entrar en otra de enamoramiento con otra persona si no tenemos claras nuestras prioridades.”

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Una eterna búsqueda de mayor felicidad personal también puede estar detrás de estas infidelidades, ya que “vivimos con muchas ideas falsas de lo que son las relaciones y cómo funcionan”, como indica Pop. No debemos olvidar que películas como El Diario de Noa y muchas otras que toman como centro la idea del amor romántico “tampoco ayudan a transmitir un tipo de relación más sana. Se da la sensación de que más allá del enamoramiento no hay nada, llegando a convertir esta fase en un ‘ideal’”.

Digamos que en la decadencia amorosa es cuando puede entrar en juego esta infidelidad, por lo que deberíamos cuidar más esta segunda fase y no centrarlo todo en esa búsqueda de novedades o una constante exploración. Debemos entender las consecuencias de una posible infidelidad, ya que lo realmente sorprendente en estos casos es que la mayoría no quiere dejar a su pareja tras el engaño y ni siquiera se lo plantea.

Como también nos recuerda la psicóloga Elena Crespi, “hay quien decide tener sexo con más de una persona y, aunque se experimente un ‘subidón’ de pasión, no debemos olvidar que ser infiel es una decisión consciente. Por eso es importante tener en cuenta que la infidelidad es algo más que un engaño y suele ser lo que más duele, porque se rompe la confianza con la pareja”. Obviamente, uno puede escoger romper la relación si el hecho de haber dejado de sentir esa pasión del principio es lo que está truncando la felicidad de ambos.

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Entonces, ¿es posible estar feliz y enamorado pero ser infiel? Sin duda parece viable, aunque para hacerlo no se puede obviar todo el esfuerzo que conlleva. No es cuestión de entrar en un debate moral, pero como recuerda la psicóloga Delia Pop “mantener varias relaciones a la vez no supone un problema si no hay engaños ni mentiras de por medio. Aún así, la infidelidad implica engañar y, aunque esa subida de adrenalina parezca incluso emocionante, también conlleva mucho estrés y desgaste para la persona infiel”.

Parece que, en estos casos, lo importante es conocer las necesidades de uno mismo y saber diferenciar las distintas fases de una relación, tomando las decisiones oportunas en función del ‘acuerdo’ que tenemos con nuestra pareja. Elegir el camino de ser infiel en esa búsqueda es una opción, pero si nos encontramos en esa etapa donde ha desaparecido la pasión que ofrecía el misterio y echamos de menos ese romanticismo inicial, Delia Pop nos recuerda lo siguiente: “también existe la pasión en una relación profunda, en la que han habido muchas experiencias compartidas y con solo mirarse se comprende al otro”. Ahora sólo queda escoger lo mejor para todos.