Por qué cada vez más personas están decidiendo no irse a vivir nunca con sus parejas

Vuelves a casa y descubres una preciosa mancha de mermelada en el sofá que podría ser un cuadro de Rothko. Soportas día a día que tu casa sea un campo de trinchera de zapatos, camiseta y todo tipo de artilugios u objetos que se precien. Aguantas con estoicismo la respiración cuando se avecinan flatulencias de esas que despiertan a los muertos —vale que todos somos humanos, pero para soportar las del efecto edredón, hay que tener estómago—. O también puede que seas víctima de uno esos neuróticos de la limpieza y el orden, que viven en un episodio constante de CSI y categorizan todo por tamaños y colores. En resumen, la convivencia con tu pareja es realmente jodida.

no irse a vivir juntos

Todo este tipo de desavenencias y sinsabores de la vida en pareja pueden ser estratosféricas, de ahí que haya surgido una nueva etiqueta para designar un ‘nuevo’ modelo de relación: las parejas LAT (Living Apart Together). Vamos, lo que toda la vida se ha llamado ‘tú en tu casa y yo en la mía’, ‘cada mochuelo a su olivo’ o ‘juntos pero no revueltos’. Esta gente ha solventado de un plumazo eso de que ‘la convivencia puede machacar el amor’ y optan por dedicarse tiempo durante la semana o el fin de semana, pero cada uno respetando su espacio.

Mostrarse reticente o no querer dar ese ‘gran paso’, que la sociedad nos ha impuesto como colosal y un must, puede esconder ciertas cuestiones y no necesariamente tiene que ser la recurrente ‘alergia al compromiso’ porque se trata de gente que ya se haya en una relación. La sexóloga, Francisca Molero, lo achaca en muchos casos a "personas que han tenido malas experiencias anteriores, por lo que tienen miedo a sufrir de nuevo y van con más cuidado".

Es el caso de Andrés, diseñador gráfico de 35 años, quien estuvo nueve años con su novia anterior viviendo por separado hasta que los dos últimos decidieron irse a un piso conjunto, lo que supuso el fin. “Esos dos años fueron terroríficos, nunca habíamos discutido mucho, pero al vivir juntos todo era mal rollo, peleas y reproches, nos molestaba cada mínima estupidez del otro”, asegura.

no irse a vivir

Ahora está con otra chica y cada uno vive en su casa. “Por mi profesión paso mucho tiempo en casa y ambos hemos decidido que, por el momento, es lo mejor. Creo que los dos estamos muy a gusto así y evitamos el desgaste”, explica. En este sentido, Molero considera que en las LAT “al tener que intercambiar y dedicar más tiempo de ocio, tienen un refuerzo positivo, ya que estás más motivado a pasártelo bien. Además, te quitas el lastre de tener que compartir responsabilidades y tareas domésticas".

Sin embargo, cree que “pensamos erróneamente que un entorno íntimo nos puede hacer perder el interés y es precisamente esa intimidad la que aporta cierta profundidad a la relación”. Considera que la convivencia amplía el vínculo emocional y que, a ojos de los demás, da un “mayor estatus de pareja”. Por esta razón, es posible que algunos sientan ese ‘vértigo o canguelo’. El problema es cuando uno de los dos no está de acuerdo o se quiere formar una familia. En ese momento, la experta opina que, si se pretende criar hijos comunes manteniendo un LAT, hay que “hacer más juegos malabares”.

Enrique Matarín, psicólogo coach, afirma que este tipo de parejas cuentan con unos valores fundamentales: confianza, respeto, seguridad y libertad. “El espacio personal que tienen les ayuda a huir de la dependencia que genera muchas rupturas”, dice. Además, resalta la importancia de la negociación y la comunicación entre ambos para saber qué quieren y si van en la misma dirección, pues tiene el lema para sus clientes de: “si algo funciona, hazlo más y si no funciona, haz algo diferente”. 

no irse a vivir

Claudia, de 24 años, relata lo duro que le resultó a su novio entender que fuese una ermitaña sin remedio y que, querer vivir por separado, no significaba que no le quisiese. “Él al principio tenía muchas dudas e inseguridades, estaba celoso pensado que era una excusa mía para ‘follarme a todo lo que se movía’, pero me comprendió, está feliz y ahora también quiere llevar la relación de esta forma”, explica.

También está el famoso tópico de ‘donde hay confianza, da asco’ —a veces, literalmente ascazo—. Los sociólogos David Knox y Caroline Schacht lo bautizaron como el “efecto de la saciedad” en su obra Choices in relationships, es decir, que llegue un punto al convivir que te importe tres pimientos el cariño y la complicidad o que, directamente, dejes de valorar algunas cosas imprescindibles de la pareja.

Algunas parejas famosas han mantenido este tipo de modelo como Frida Kahlo y Diego Rivera, Helena Bonham Carter y Tim Burton o Mónica Bellucci y Vincent Cassel y les ha funcionado durante mucho tiempo hasta que se separaron, pero al igual que sucede con otras que sí comparten techo. Así que no se acaba el mundo si a ti y a tu ‘churri’ no os apetece meteros en una hipoteca insalvable o abandonar vuestro apartamentito mono en pleno centro para iros a vivir juntos. Ser una pareja LAT no solamente es posible, a veces es hasta necesario. Ejem, ¿Quién dices que va a fregar los platos hoy?