¿Y si de verdad ahí fuera hubiera una persona mejor que quiere hacerte feliz?

Si cuando miras a tu pareja es como si se te derritiera algo dulce por dentro, este texto no es para ti. Si cada día te demuestra que es feliz contigo y tú, continuamente, sientes que eres la persona más afortunada del mundo por estar compartiendo todo este tiempo a su lado, tampoco es para ti. No es para ti si tienes la sensación de que estáis en equilibrio, de que cada uno aportáis lo que sabéis y eso es más de lo que esperabais, si las discusiones siempre terminan en acuerdo y vuestras pieles se encienden mutuamente al más mínimo roce, a pesar de que vuestros cuerpos sean mapas conocidos, explorados, absolutamente familiares. Si sientes que os conocéis del todo y, aun así, seguís sorprendiéndoos el uno al otro. Si crees que todo esto resume vuestra relación, no hace falta que sigas leyendo.

Sin embargo, si el sentimiento que te provoca se parece más a la lástima que a la emoción, sí, esto es para ti. Si tienes la sensación de que hace tiempo que estáis estancados pero que ninguno lo dice porque lleváis juntos durante tanto tiempo que el futuro tiene forma de abismo. Si notas que, cuando intentas hacer algo especial para reavivar vuestra relación, es como intentar encender una cerilla dentro del agua. O, peor aún, si cada esfuerzo que hace te resulta molesto, ridículo, casi ofensivo, porque ha estado ignorándote tanto tiempo que por mucho que lo intente compensar ya es tarde. En ese caso, esto es para ti.

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Te vamos a decir lo que hace tiempo sabes que necesitas escuchar: si tu relación no te hace feliz, tu relación no tiene sentido.

No estamos hablando de esas malas rachas por las que toda historia pasa. Si has seguido leyendo, sabes a qué nos estamos refiriendo. A estas alturas del partido ya te has convencido de que no quieres estar con esa persona. No te imaginas un futuro indefinido a su lado. No lo podrías soportar. Sin embargo, sigues dentro de esa relación porque es un lugar que, de conocido, se ha hecho cómodo. Es como si, en lugar de una pareja, tuvieras una mascota. Te hace compañía. Te has acostumbrado. Dejarlo todo y empezar de cero te provoca una mezcla de pánico y pereza.

Pero, en el fondo, sabes que una relación no puede ser un parche para tu soledad. No es posible que la razón por la que estás con alguien sea, simplemente, estar. Aguantar los días. Pasar las noches. Tener un momentito brillante dentro de un océano de días insulsos e indiferentes. Sabes perfectamente que tiene que haber algo más, pero a veces dudas de si lo encontrarás. Hay días en que te convences de que, en realidad, todo eso es fantasía y que es mejor conformarse. Pero una voz dentro de ti sigue gritando y sigue buscando y, sin quererlo, de vez en cuando y solo dentro de tu cabeza, te imaginas cómo sería estar con otra persona.

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Cuando miras a otras parejas, te preguntas si su vida será como la tuya. Te parece que muchas hacen igual que vosotros: aparentar una comodidad alegre que está tapando una nada absoluta. Costumbre, rutina, un cariño apagado. Pero detectas a la perfección a esas parejas que desprenden magia. A esas personas que parecen haber encontrado su sitio al lado del otro. Esos que se miran con embeleso y tildas de empalagosos porque, en el fondo, te mueres de envidia.

Quizás empezaste esta relación hace tanto tiempo que te parece parte de ti, casi como un uniforme. Puede que no sepas cómo te acabaste encerrando en esta vida de dos donde sigues sintiendo cierto aislamiento. Pero, en serio, te mereces más. El amor nunca debería significar conformarse. No debería suponer jamás resignación. El amor debería consistir en no cansarse nunca del otro, en no tener nunca suficiente de todo lo que te aporta.

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Tal vez pasaste por esa etapa de ir saltando de persona en persona y decidiste que era momento de sentar la cabeza. Si has cambiado tantas veces de pareja que ya no recuerdas sus rostros, tenemos una segunda cosa que decirte y, probablemente, te guste aún menos que la anterior. Puede que el problema no sean tus parejas, sino tú. Cabe la posibilidad de que busques algo que te falta y que no esté ahí fuera. Si es el caso, rompe igualmente. Oblígate a un periodo de soledad y escúchate. Seguro que tienes mucho que decirte y que lo has estado acallando con el runrún de un día a día que no te es, en absoluto, suficiente. Frena y óyete. Te mereces un tiempo contigo.

Pero, sea como sea, confía en esto. Puede que haya alguien ahí fuera. Puede que no sea mejor que tu pareja, pero que sea mejor para ti. Que encajéis, que os entendáis, que sepa hablar en el idioma que te piden las entrañas. Que te haga feliz. Puede, incluso, que seas tú. Lo que está claro es que no le estás dejando sitio. ¿No crees que, tal vez, sea el momento de abrirle la puerta?