Porque una persona te haya herido no significa que otras también lo harán

Aún lo recuerdas perfectamente. Si cierras los ojos puedes sentir esa amarga sensación que te invadió por completo, esa punzada que jamás olvidarás y que te dolió tanto que decidiste cerrar tu corazón herido a cualquier persona, y tirar la llave para que nadie más tuviera acceso. En temas de amor estás a la defensiva. No quieres sufrir más. No quieres más decepciones de esas que te queman y desgastan, no quieres promesas ni juegos. Prefieres estar a solas y en silencio. Vivir de puntillas sin que nadie entre a perturbar tu rutina, venderte falsas ilusiones o comprarte con 'te quieros'. Confiar ya no es posible para ti, no quieres perder el tiempo.

No quiero amar porque no quiero sufrir más

Diste amor con tanta intensidad a alguien que no supo valorarlo que te volviste desconfiado y te encerraste en tu propia coraza, esa donde impera el profundo mensaje de "Emejor no amar para no sufrir". Pensaste que era la mejor opción: si no conoces otros mundos, tampoco tendrás ganas de seguir visitándolos y finalmente, no existirá el sufrimiento. Lo que no sabes es que con esta forma de pensar poco a poco te vas autodestruyendo. Anestesiarte no es la opción.

Arrepentirse de amar y de los riesgos corridos por otra persona es negarte a ti mismo/a porque son esos actos los que te diferencian del resto y te hacen sentir vivo. No te dejes embaucar por la experiencia anterior ni creas que la mejor opción es esconder tu parte más vulnerable. No te estás haciendo ningún favor.

Ningún fracaso emocional debe pesarte tanto como para esclavizarte al pasado y a su sufrimiento. Porque una relación te haya ido mal no todas tienen porqué hacerlo. Deja de levantar muros para que nadie acceda a conocerte y construye puentes que den paso a hacerlo.

Aislarse no es la opción

¿De verdad piensas que si comienzas una nueva relación será igual que la anterior? ¿Cómo es posible si no hay nada que coincida? Ni siquiera tú eres la misma persona. Además, ¿alguna vez has pensado qué tal te iría si optases por dejar de hacer todo lo que alguna vez te salió mal?

Verás, es difícil no estar alerta cuando has sufrido tanto pero tampoco es justo que te encierres y te condenes al aislamiento. No es justo para ti ni para otras personas que deseen conocerte. A pesar de que te sientas a salvo en tu refugio te estás perdiendo la posibilidad de experimentar otros sentimientos, otras formas de ver el mundo y otras vivencias. Incluso puede que acabes desarrollando filofobia o miedo al amor.

Cada persona es un mundo

Cada persona tiene su historia que está influenciada por sus experiencias y sentimientos. Al igual que tú puede que haya personas que estén heridas pero que otras justamente hayan sido capaces de sanarlas o simplemente, las lleven a cuestas. La cuestión es que no somos iguales porque nuestras historias son diferentes por eso cuando comparas estás haciendo algo sin sentido.

Atribuir comportamientos y formas de pensar de alguien que te hizo daño a otras personas no deja de ser un mecanismo de defensa para protegerte de ese sufrimiento del pasado que crees que puedes volver a sentir. Y es cierto que no hay ninguna fórmula mágica para evitarlo, pero sí hay ciertas reflexiones que puedes hacer para, al menos, intentar suavizarlo poco a poco. ¿Cómo?

  • Acepta ese miedo a sufrir que te mantiene paralizado y que crea un muro que impide a las otras personas conocerte. De esta manera, podrás abrir un pequeño sendero hacia ti.
  • Vive el presente. Deja de pensar en lo que sucedió y en lo que puede ocurrir más adelante. Sé que es difícil pero es la única manera de abandonar las decepciones, preocupaciones y ansiedades futuras. Cada situación y cada persona son diferentes, date permiso para conocerlas y céntrate en el momento presente sin ir más allá.
  • Expresa lo que sientes. Expresar tus miedos más profundos te hace valiente y te permite liberarlos siendo honesto con los demás. De esta manera descargarás lo que te hace sufrir y podrás disfrutar más.

Por último, no olvides que reponerse de una decepción es un proceso difícil pero no imposible. La cuestión está en aceptar tus miedos, derribar muros y cortar las cadenas que te atan al pasado porque cada persona es un mundo y el encuentro con ellas crea universos distintos.