No Permitas Que El Miedo A Que Te Dejen Acabe Destruyendo Vuestra Relación

"Algo le pasa, creo que ya no me quiere. Seguro que está pensando en dejarme. Lo nuestro ya no es lo que era. Todo ha cambiado. Es cuestión de días que me lo diga… ¿Y ahora qué voy a hacer?" Seguramente tengas razón y todo vaya a terminarse algún día, pero no hoy. El miedo a que te abandonen te ha ganado la batalla y ha colocado una carga explosiva en los cimientos de tu relación, aunque no tengas ningun motivo para pensarlo. Y lo peor es que tú tienes el botón que va a hacerla detonar; tu dedo índice va a apretarlo movido por unos temores, probablemente, infundados. Tal vez fuera una relación traumática del pasado, una infancia plagada de carencias afectivas, un nivel de autoestima desastroso… El pavor a ser abandonado es muy habitual y, casi siempre, el germen está sólo en la cabeza del que lo siente.

Pero, ¿qué sucede para que uno se ponga a sí mismo piedras en el camino? El fantasma de la soledad acecha; uno de los mitos que dominan nuestra sociedad es que estar solo es una de las cosas que pueden sucederle a una persona. ¿Cómo mantener a raya tus sentimientos apocalípticos, aquellos que no te permiten ser feliz?, ¿cómo desterrar ese miedo a no encontrar jamás alguien que quiera estar siempre a nuestro lado?

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La mente es tan maravillosa como intrincada. ¿Qué nos sucede para desarrollar esa dependencia emocional autodestructiva? El psicoterapeuta de parejas Raúl Padilla apunta que estos temores a ser abandonado suelen tener su raíz en una baja autoestima, "el bajo concepto de uno mismo. Aquella persona que no se valora terminará por pensar que es cuestión de tiempo que su pareja también deje de hacerlo y entrará en una vorágine de decepción que viciará la vida en común".

Y no solo ese puede ser el motivo: "Otro factor determinante es la infancia, porque es en esa etapa cuando las personas aprendemos a amar. El vínculo que establecemos en la niñez se llama 'apego', y este puede ser 'seguro', cuando el bebé percibe que sus padres están presentes física y emocionalmente, o 'ansioso', cuando el pequeño sufre carencias afectivas que le llevarán a desarrollar un fuerte temor a la soledad y la separación", apunta Padilla. Otros expertos ponen el foco también sobre el miedo al compromiso: ser dejado es mucho más doloroso que dejar y, por eso, muchas personas que sienten vértigo cuando creen que deben dar un paso adelante en su relación prefieren, de forma preventiva, terminar con ella ante el temor de que sea el otro quien lo haga más adelante, cuando los sentimientos sean ya demasiado potentes como para controlarlos.

Sin embargo, también apuntan a que, para amar, hay que aprender a convivir con el riesgo de perder. Esa es la base para establecer relaciones sanas, completas, satisfactorias, plenas. Por el contrario, permitir que el miedo te ciegue es el primer paso para viciar una relación inicialmente sana. Dejarte doblegar por él lleva, de un lado, a adoptar una postura complaciente y sumisa, convirtiéndote en esclavo del otro y desviviéndote por cualquiera de sus deseos con tal de que no te deje y, de otro, a engordar una bola plagada de reproches e indirectas que terminarán, entonces sí, por agobiarle. Dos escenarios que nada tienen que ver con el amor.

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¿Cómo lo controlo?

No debes vivir esperando el momento en que te hagan daño, sino que tienes, más bien, que preocuparte de vivir el presente. Padilla aconseja no colocar ningún listón, ni alto ni bajo: "Conviene huir del amor 'ideal', del que vemos en las películas. Si entendemos que la pareja es un ser vivo y que, como tal, nace, crece, se desarrolla e, inevitablemente, muere, podremos contextualizar su importancia. Las relaciones son impredecibles, por lo que es mejor vivirlas sin escribir un guión previo. Con ello conseguiremos no agobiar a nuestra pareja, no vertiendo sobre él nuestras inseguridades y no haciéndole sentir el único responsable de nuestra estabilidad emocional.

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Formamos parte activa de la relación y, como tal, tenemos responsabilidad en su construcción y no solo en la supervisión de que todo sigue según ese plan preestablecido.". Por eso, tal vez debas dejar de darle tanta importancia a gestos, actitudes o frases que no son más que eso, hechos puntuales sin mayor trascendencia que no quieren decir nada, y concéntrarte en exprimir el día a día.

Deja de castigarte, acepta las cosas según vienen y disfruta del amor sin pensar que puede terminar, porque lo hará quieras o no. Si crees que puede haber algún problema entre vosotros o que tenéis algo por solucionar, trata a tu pareja con sinceridad y respeto y pregúntale directamente, de una forma sana. Y nunca olvides que la soledad, como subraya Raúl Padilla, no es algo negativo: "Pararnos y escuchar es algo para lo que no nos han enseñado pero, una vez que nos damos cuenta de que se puede hacer, empezamos a conocer al que vive en nosotros en primera persona. Y si además nos empezamos a llevar bien con nuestro yo interior disfrutaremos de nuestra relación individual por encima de cualquier compañía... sin dejar de gozar de la compañía del otro".

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En el amor, como en casi cualquier parcela de la vida, no hay nada escrito. Pero siempre debe haber un denominador común: el respecto a tu compañero vital, a quien debe ser tu mejor amigo, tu mejor amante, tu mejor soporte: tú mismo.