Cómo pasamos de querer a alguien a saludarte con dos besos fríos e incómodos

Te miro y parece que cada una de tus células hable mi idioma. Conozco cada centímetro de tu piel como si fuera mía. Cerrando los ojos, puedo oír el ligero ruido que hace tu pelo cuando paso entrelazo mis dedos en él, puedo escuchar tu ronroneo, y puedo incluso ver cómo la comisura de tu boca empieza a subir amagando una sonrisa. Sé qué cosas te van a gustar y todas las que odias. Por tu respiración, sé cuánto tiempo falta para que te duermas.

Sé, por supuesto, cuándo "estoy bien" significa "estoy aguantando el tipo" y cuándo "oye" va a significar que nos quitemos la ropa. Estás tan cerca que te entiendo y, aunque hay partes de ti que todavía tengo que descubrir ( tu complejidad es una de las cosas que me enamoraron de ti), te conozco. Te conozco muy bien.

Pero a veces pienso que la posibilidad de que un día nos separemos y que toda esta intimidad que hoy compartimos se pueda volver cenizas. Es muy posible. Es una cuestión de estadística. Pienso en todas las personas que estuvieron en mi vida y a las que llegué a conocer tan bien como te conozco a ti. Pienso en todas esas personas a las que ahora llamo "ex". Esas personas de cuyos cuerpos podría haber dibujado mapas, de cuyas personalidades habría sido capaz de escribir tesis, a las que amé tanto y que, hoy, son sólo personas. Una cara difuminada y un puñado de mejores o peores recuerdos. Poco más.

A algunas de esas personas prefiero no encontrármelas. Otras me producen, única y exclusivamente, indiferencia. En los mejores casos, guardo una especie de cariño tibio, un "merece que todo le vaya bien" y un "qué buena persona era". Eso es todo. Y me pregunto cómo es posible que, en otro tiempo, esa persona hubiera ocupado un lugar tan importante en mi vida. Cómo puede ser que pasara a ser un recuerdo empañado. Cómo pasamos de abrazarnos desnudos a saludarnos con dos besos fríos y algo incómodos. 

Y, claro, no puedo evitar pensar que tal vez algún día serás tú la persona a la que salude con dos besos distantes. Que toda esta intimidad, este amor, este tacto, puedan agotarse. Puede que, como me ha pasado otras veces, el día a día provoque roces y que esos roces nos vayan erosionando. Que nuestra historia no soporte el tiempo. Que, llegado cierto punto, nos demos cuenta de que buscábamos cosas diferentes. Que uno de los dos se canse del amor del otro. Me ha pasado cada vez que he intentado estar con alguien. Quererse es fácil, pero dejar de quererse es más fácil todavía. 

Pero luego me doy cuenta de que todo este imaginar, esta tortura de nuestro amor ahora en auge, solo aparece por mero miedo a perderte. Anticipar lo peor no va a hacer más fácil evitarlo, pero quién querría tener una relación si no prefiere pensar que ese amor va a durar para siempre. Así que he decidido que prefiero poner toda mi intensidad en disfrutar del olor de tu piel, del sonido de tus cabellos entre mis dedos y de todas tus sonrisas.