Qué les pasa a esos que se corren y se duermen sin importarles nada tu orgasmo

Crédito de la imagen: Sara Lorusso 

Seguro que te ha pasado. Estás en pleno sexo con tu pareja habitual o con ese tío (extremadamente sexy) al que le perdonaste la vida en Tinder después de saludarte con un “ola”. Hay pasión, complicidad, desenfreno y mucha humedad. Él está dentro de ti y tú estás cachonda. Tan cachonda que tratas de retardar tu orgasmo para que vuestra presente sesión de sexo dure más y más. Pero él no piensa lo mismo. Se corre, se limpia y cuando vuelve a la cama… se acaba la fiesta.

Aún no te ha dado tiempo a reaccionar y asumir lo que está pasando. Observas la situación y cuando quieres mediar palabra, ya no puedes: él lleva un rato en brazos de Morfeo. La situación es bastante incómoda. Además, se mezclan sensaciones de rabia, asombro, vergüenza e incluso la duda de si te acaba de utilizar como si fueras su muñeca hinchable. Decrece tu excitación y aumenta tu confusión, ¿es eso eyaculación precoz? Seamos sinceras, si lleváis entre 20 y 40 minutos intercalando caricias, sexo oral y coito (en múltiples posturas y con diferentes ángulos de visión) no, no estamos ante un caso de eyaculación precoz. Hablamos de otro tema: ¿de verdad tu placer importa tan poco?

Sentenciar que los hombres desprecian el orgasmo femenino es dar demasiado por hecho (sabemos que los buenos amantes existen y resisten). Sin embargo, no todos pueden asegurar que como regla general tratan de satisfacer a sus parejas sexuales (¡egoístas!). Y por si fuera poco, hay quien aún cree que las mujeres que no se corren en la relación coital son frígidas. A muchos les cuesta señalar el clítoris, entender la respuesta sexual femenina y asumir que la mayor parte de las mujeres no tienen orgasmos a través de la estimulación vaginal (ej: coito, penetración con los dedos o con juguetes sexuales).

Pero no solo el hombre falla en esta situación. Nosotras continuamos teniendo actitudes pasivas en el sexo y, sobre todo, en la comunicación que exige la sexualidad. ¡Nenas, no estamos exentas de auto-crítica! Si evitas hablar sobre su actitud, él creerá que te lo has pasado de muerte cuando, en realidad, ¡tú solo sientes que quieres matarlo…!

Asimismo, esconder o disimular tu cabreo y decepción, puede traducirse en un golpe a tu autoestima. Si más allá de considerar el sexo como un trabajo en equipo, sabes lo que mereces y valoras tu placer, ¿por qué optas permanecer en silencio? No es fácil romper con este rol porque las mujeres hemos sido educadas para callarnos y mostrar complacencia (hasta cuando nos menosprecian en la intimidad). Pero es primordial en toda diosa del sexo no solo tener técnica en la práctica sexual sino también capacidad para expresar de forma honesta aquello que detesta y no quiere en sus encuentros y relaciones sexuales.

Lo que puede suceder a continuación se reduce a dos opciones. En el caso de que su cerebro albergue masa gris y disponga de capacidad de raciocino, asumirá que su comportamiento ha sido desastroso, pedirá perdón y se comprometerá a darte el orgasmo de tu vida (o casi). Pero también puede ocurrir que se tome tus palabras como un ataque a su ego masculino (siempre, tan frágil: oh, oh, oh). En este caso, es mejor que prescindas de semejante sujeto en tu cama. A su lado, cualquier vibrador resultará más excitante.