Dejar a tu pareja no es la única opción si te ha sido infiel

A pesar de ser muy comunes - más de lo que nos gustaría-, la sociedad tiene estigmatizadas las infidelidades y las cataloga como una de las traiciones más rastreras que hay. No obstante, el ejercicio de la libertad personal lleva a que muchas parejas decidan que unos cuernos no supongan el punto final a una relación que merece ser salvada, en la que todavía queda fuego, pasión, cariño y amor. Ahora bien, el hecho de que la infidelidad sea algo relativamente cotidiano no implica que resulte fácil de asimilar y superar. Si tu pareja te ha sido infiel y has decidido perdonarle (por el motivo que sea, allá tú) pero no sabes muy bien cómo, aquí una pequeña guía para no destrozarte el corazón intentando recomponerlo.

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Date tiempo, no tengas prisa por decidir

Nadie se va a ir a ninguna parte porque tardes una semana más o una menos en decidir si continuar o romper definitivamente. Los sentimientos de tu pareja seguirán ahí, más aún si está realmente arrepentida, y sabrá esperarte el tiempo que necesites. Airea tu mente, coge distancia y, sobre todo, analiza el porqué de este bache. Un examen profundo de tu conciencia te dará las respuestas y te ayudará a decidir si la relación debe o no ser salvada.


Una infidelidad no es necesariamente la peor falta de respeto

Todos cometemos errores. La vida nos lleva por caminos que, en ocasiones, parecen escenarios de un cuento de ciencia ficción. Nos dejamos llevar por impulsos, nos equivocamos, nos volvemos egoístas… Pero no olvides que hay comportamientos igual de graves -o más- que una infidelidad, pero que la sociedad no castiga con tanta intensidad. ¿Por qué considerar más liviano el hecho de que tu pareja se enfade sistemáticamente cuando sales de fiesta?, ¿es acaso menos grave sorprenderlo mientras espía tus conversaciones de WhatsApp? No te dejes influenciar por el qué dirán.

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Solo decides tú

Habitualmente, todos tendemos a victimizar a aquel que ha sido traicionado por su pareja, y eso puede llevarnos a tirar la toalla ante el temor a las críticas. Pensar que el resto dirán de nosotros que no tenemos personalidad, que no tenemos amor propio o que somos volubles y dependientes puede dar al traste con relaciones que sí merecen ser rescatadas. El 'qué dirán' es cosa del pasado; si quieres luchar, si tienes la certeza de que merece la pena, simplemente hazlo. La pareja es cosa de dos y, si realmente deseas perdonar (o no), esa decisión es solo tuya.


Si perdonas, perdonas. Nada de medias tintas

Es un proceso largo y no precisamente agradable, pero cuando termina debes tener bien claro que empiezas de cero. Parece obvio, sí, pero algunos guardan en la recámara un amplísimo listado de reproches que van dejando ir indiscriminadamente para hacerse con la razón en cualquier disputa posterior. Y eso no es perdonar. Porque una cosa es imponerse, luchar por uno mismo, y otra cosa es regalar un perdón envenenado. Si optas por ese camino, es sólo cuestión de tiempo de que ambiente viciado entre ambos termine por destrozar lo que la infidelidad no terminó de conseguir.


Si sabes que no podrás recuperar la confianza total, ¿para qué te molestas en perdonar?

Si por no cortar la relación vas a convertirla en una espiral de celos, enfados, castigos y discusiones, tal vez debas seguir planteándote si quieres continuar. Una cosa está clara: no hay forma humana de evitar el engaño. Si el otro quiere, lo hará. Por eso, la renovación de la confianza deberá ser la meta, el único modo de que ambos volváis a ser felices juntos. 


Pero, ante todo:

Quiérete, y mucho. Porque una cosa es que tu pareja se haya equivocado y quiera arreglarlo, y otra es que jueguen contigo y no te respeten. Líbrate del miedo a la soledad y averigua lo que tienes que hacer para ser feliz. Porque sólo hay una persona con la que vas a compartir el resto de tu vida: tú mismo.