Tu pareja no está para llenar tus vacíos

No, tu pareja no resolverá tus conflictos internos ni sanará el peso de tus heridas. No te confundas. La responsabilidad de sentirte bien contigo mismo es tuya.

Hay quienes se aventuran a tener relaciones de pareja porque son incapaces de soportar la sensación de estar solos. Da igual que haya pasado poco tiempo desde la relación anterior o que las heridas aún sigan abiertas, estar con alguien siempre será mejor opción que acompañarse a sí mismos. También están esos que pretenden amarse a partir de que otros lo hagan primero o incluso algunos temerosos que piensan que otra persona, a la que han elegido como su pareja, tiene el poder de sanar sus conflictos internos y deudas emocionales. Lo cierto es que una pareja rara vez podrá llenar esos vacíos, por muy sólida y nutritiva que sea la relación, pues hay huecos a los que solo tiene acceso uno mismo —y no siempre—.

El miedo a la soledad, al rechazo, a no ser suficiente o estar a la altura, a que nos hagan daño, a expresar nuestra opinión o simplemente a decidir qué hacer en ciertos momentos para sentirse realizado... Hay miles de ejemplos sobre momentos en los que el otro tan solo puede acompañarnos y darnos su apoyo porque la posibilidad —y responsabilidad— de resolverlos solo la tenemos nosotros. Y esto es importante tenerlo presente porque quien lo olvida no solo puede romper relaciones por echar balones fuera o esperar la solución mágica por parte de otros, sino que también puede establecer relaciones de dependencia y cargar con un gran sufrimiento a sus espaldas.

Además de ser una manera de confirmarse a sí mismos como incapaces e inválidos para solucionar sus problemas y seguir avanzando. Porque cuando se espera que sea otro el que resuelva o incluso el que nos haga feliz, lo único que se está haciendo es afirmar que uno “necesita” a otro porque por sí mismo no puede. Y esto no es así.

Tu pareja no es tu salvavidas

No, no lo es. Y con esto me refiero a que no puede ser siempre la que te saque las castañas del fuego por dos razones: la primera porque aunque no lo sepas o no te lo creas, eres lo suficientemente competente como para tomar decisiones sobre qué hacer —no hay nadie con más experiencia que tú en lo que te ocurre y que sepa más sobre tu historia de vida— y, la segunda, porque si derivas esa responsabilidad siempre en tu pareja acabarás siendo dependiente. Y, ¿qué pasa si un día no está, no puede o se marcha? 

Esto no quiere decir que no la consultes, busques su apoyo o quieras que te dé su opinión, pero ten mucho cuidado con delegar. Es más, hay situaciones en las que no podrá hacer nada e, incluso, a veces puede que le eches la culpa de que no te da lo que necesitas, cuando quizás eso que tanto necesitas depende de ti, teniendo como consecuencia que la relación se tambalee. 

Por ejemplo, si no lidias demasiado bien con la soledad, puede que quieras estar 24x7 con tu pareja y no respetes sus espacios o que simplemente por quedar con sus amigos de vez en cuando, si estás solo/a en casa, comiences a pensar que no es lo mismo y acabas por decirle que ya no eres importante para él o ella y que pasa de ti. ¿No sería mejor en esta situación asumir lo difícil que es para ti quedarte a solas contigo y comenzar a hacer algo? O lo que es lo mismo: pasar del rol de víctima al rol de actor y dejar de poner parches a tus vacíos y dificultades. 

Imagínate estar con alguien que no pueda hacer nada por sí mismo cuando llega un momento de dificultad y que siempre seas tú la persona que le haga TODO. Sí, TODO, como cuando somos bebés y no nos valemos por nosotros mismos. ¿Qué tal? ¿Cómo lo ves? Eso sí, hablamos de circunstancias en las que no exista ninguna enfermedad o discapacidad. ¿No crees que es un poco inmaduro por su parte?

No esperes a ningún héroe, quien tiene que salvarte eres tú

Vivir a veces duele y mucho más si lo hacemos con los ojos vendados a la espera de que alguien nos salve, ya sea porque esperemos a que nos dé un chute de autoestima, espante a los fantasmas del pasado o simplemente queramos que extermine nuestros miedos. Sin embargo, esto no será posible, aunque en un principio parezca que sí, pero eso simplemente es el engaño del enamoramiento, en cuanto bajemos de esa nube nos volveremos a encontrar cara a cara con nuestras necesidades emocionales y vacíos. Y ahí es cuando si no somos conscientes de que somos los únicos responsables de lo que nos pasa, exigiremos cada vez más al otro y le reprocharemos, mientras la desilusión está a nuestro acecho. 

La cuestión es que nadie tiene que salvarnos de nada, podemos hacerlo nosotros solos. De hecho, no es lógico ni justo cargar al otro con nuestras deudas personales y emocionales. Se trata de un trabajo que depende de uno mismo, aunque duela, aunque no queramos e incluso nos aterre por momentos. Eso sí también podemos pedir ayuda a un profesional, pero lo que no podemos hacer es cargar al otro con ello. Entonces ¿cómo hacerlo?

Primero, teniendo conciencia emocional o lo que es lo mismo, saber qué nos pasa, cómo nos encontramos y qué necesitamos a nivel emocional. De hecho, según un estudio de la Universidad de Illinois, disponer de esa capacidad nos ayuda a alcanzar una mejor autorrealización personal y psicológica, con lo que esos vacíos desaparecerían. Así, cuando aparezca el malestar, el miedo o esa sensación de angustia y no estar bien, pregúntate ¿PARA QUÉ me sirve este malestar? ¿DE QUÉ me sirve este miedo? ¿qué es lo que necesito? Y no vale con respuestas rápidas y superficiales, se trata de indagar en uno mismo y descubrir que hay pendiente por ahí que nos estanca tanto… ¿a qué temo? Normalmente lo que surja está relacionado con heridas del pasado no resueltas. 

Ahora bien, ser consciente de ello no lo resuelve, tan solo nos da información sobre qué nos pasa, la cual nos ayuda a estar alerta. Luego viene la parte más complicada, gestionar eso que no nos gusta, aceptándonos y aceptándolo, enfrentándonos a ello y dejando de responsabilizar a nuestra pareja. Valorándonos, al fin y al cabo, mientras nos conocemos. Algo así como hacía Batman con su miedo a los murciélagos. Eso sí, podemos pedir ayuda al otro por supuesto, pero no exigir que nos salve y nos haga resurgir de las cenizas. No somos ninguna princesa en apuros ni ningún ciudadano en peligro para que venga un héroe o heroína a salvarnos, recordémoslos: la solución no está en el exterior, sino en nuestro interior: siempre nos tenemos a nosotros mismos. 

CN