Tener una pareja ‘incompatible’ podría ser la solución a tu caos emocional

No hay que fijarse en los rasgos que os hacen tener compatibilidad, hay que fijarse en qué experiencias tenéis en común antes que mirar los gustos o vuestra personalidad

No solo nos encanta conocer a una persona con la que tengamos absolutamente todos los intereses en común, también nos fijamos con atención en qué dice la astrología sobre la compatibilidad que podemos compartir con alguien que nos gusta. Muchas aplicaciones usan algoritmos para emparejar a dos personas que encajarán a la perfección porque comparten intereses y formas de ver la vida pero quizás llevamos mucho tiempo entendiendo esto como una estructura ideal cuando la realidad está bastante más alejada. Es mucho mejor que no seáis compatibles siempre y cuando las experiencias de lo que habéis vivido sean más o menos similares. Los rasgos siempre son protagonistas antes que las experiencias y, al dejarlas de lado, perdemos lo que de verdad podría llevarnos a tener una relación sana.

Para entender esto, lo ideal es un ejemplo: centrarse en cómo unx de vosotrxs es introvertido (rasgo) y el o la otra extrovertida (rasgo) genera miedo, ¿por qué? Porque entra la posibilidad de no llegar a un entendimiento o de no poder hacer los mismos planes, por ejemplo. Si nos centramos, entonces, en la historia que hay detrás de esta diferencia es lo que generará curiosidad y posibilidad. Hay algo que os ha hecho ser quienes sois: la experiencia y la educación, eso es lo realmente importante cuando queremos conocer a alguien y cuando queremos aprender a amar de una forma libre y abierta. El trabajo de la pareja es construir una relación en la que ambos rasgos destaquen y no que una persona tenga que modificar su forma de ser o adaptarse para que vaya bien.

La lógica nos dice que esta sería una forma válida de entender el amor, entonces ¿por qué nos centramos tanto en buscar a una persona compatible según sus rasgos? El amor nos hace vulnerables y este es uno de los motivos que nos llevan a buscar una pareja similar. Si hay algo mínimo que podemos compartir pensamos que la otra persona no tendría por qué rechazarnos. “Anhelamos una certeza que nos asegure que el riesgo de abrir nuestro corazón valdrá la pena”, así lo explican desde Psychology Today y detallan: “cuando tenemos dudas en la relación (como inevitablemente sucederá) buscamos una lista de características en común que nos hagan seguir en esa relación”, como si se tratara de un autoengaño.

Por qué incompatibles

Si conocieras a alguien, por ejemplo, con rasgos o intereses muy diferentes a los tuyos, casi de forma automática lo descartarías. Esto hará que la otra persona no se sienta comprendida o aprenda de forma indirecta que para encontrar el amor debe buscar a alguien con sus mismas características. Esto se repite una y otra vez a lo largo de la vida y nos lleva a estar en relaciones con personas de rasgos comunes pero con historias y experiencias, quizás, muy diferentes. Hay muchas virtudes escondidas tras la incompatibilidad superficial. Es fácil de entender: “si amar a otra persona a través de la diferencia te da la oportunidad de aprender, reflexionar, crecer y extenderte, entonces hay que darle las gracias a esas diferencias”, explican desde la misma web. La incompatibilidad te dará, entonces, conocimiento y oportunidades:

1. No necesitarás buscar nada en otra parte y harás que la presión para que ambxs seáis un todo desaparezca.

2. Aprenderás a ser una persona humilde, paciente y agradecida.

3. Aprenderás a querer a una persona en su totalidad para que se sienta bien y que, a la inversa, suceda lo mismo.

El contraste de la incompatibilidad es más positivo que una compatibilidad total de rasgos e intereses. La compatibilidad debe nacer una vez que esté formalizada la relación, a través de la validación. Cada persona es un nuevo camino de oportunidades y no debemos alejarnos de alguien porque sus rasgos superficiales sean muy diferentes. Es por ello que debemos entender la compatibilidad como algo que sucede EN la pareja y dentro de ti o de la otra persona.