Pañales y condones: así se relacionan las parejas age play

Una práctica erótica basada en la dominación/sumisión por edad, ¿puede ser un juego justo?

Es muy probable que hayas oído hablar del age play o, en su defecto, que hayas visto algunos de sus elementos dentro de la cultura popular: mujeres adultas con chupete, hombres maduros en pañales, camisetas que rezan ‘Yes, Daddy” en Aliexpress… Te va sonando, ¿verdad? Bueno, pues antes de que declares una particular animadversión hacia el age play, conviene definir qué es exactamente y en qué consiste este polémico (y desconocido) rol sexual. 

Dentro de la comunidad BDSM (Bondage, Dominación, Sumisión y Masoquismo), el age play es considerado como una práctica erótica basada en un rol de Dominación/sumisión por edad. Esto significa que la parte dominante o top adopta un rol paternal/maternal (o de cuidador) de la parte sumisa o bottom, la cual desempeña, contrariamente, un rol infantil. Por lo tanto, el deseo, la fantasía y el placer sexual se dan en base a unos roles donde hay una diferencia de edad ficticia entre los participantes. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Entre las dinámicas más populares están las de papa/hija pequeña y mamá/hijo pequeño, pero también se dan relaciones homosexuales y no binarias. Dae, de 24 años y aficionada al age play, se define a sí misma como una sumisa littel girl. Admite que conoció este juego sexual cuando ya formaba parte de la comunidad BDSM. Sin embargo, siempre había sentido que no era una "sumisa cualquiera", dado que sus gustos y comportamientos eran "más infantiles" que el de otras personas que tenían un rol de sumisión. "Si el BDSM es ya un tema tabú, el age play y todo su mundo lo es aún más", expresa. Cree que incluso hasta dentro de la propia comunidad BDSM hay gente que tiene ciertas reticencias en cuanto a este rol sexual. "Por suerte cada vez más, aunque no les atraiga, hay personas que quieren saber más sobre esto y comprender cómo vivimos. Al final se dan cuenta de que no estamos tan alejados de ellos", apunta.

Al igual que Dae, S.P., de 26 años, también conoció esta práctica sexual a través del mundo BDSM: "Un día, un amigo con el que mantenía habitualmente relaciones sexuales me planteó que fingiese tener 15 años. Probamos… Después me pidió algún relato erótico que tuviese de protagonista a una chica adolescente o preadolescente. Me pareció perfecto siempre que solo se tratase de una fantasía que hacíamos él y yo entre cuatro paredes. Sentía excitación. No dejaba de ser sexo. Ciertamente, no es una de las prácticas que más me gusten y ni siquiera practico dinámicas Daddy/little. Por lo general, se trata de fantasías muy puntuales. Para mí, no son muy diferentes al sexo convencional. Al fin y al cabo sigue siendo sexo, solo que teniendo un comportamiento acorde a la diferencia de edad", cuenta.

Age play, bebés adultos y el fetiche por los pañales 

Tanto Dae como S.P. coinciden en que hay que separar el age play de las prácticas bebé adulto/amante de los pañales (adult baby/diaper lover). El ABDL (según sus siglas en inglés) es considerado un infantilismo parafílico o autonepiofilia. Las personas que se comportan como "bebés adultos" suelen tener un trabajo y un estilo de vida normal, pero en la intimidad del hogar buscan sentirse como bebés. En el caso de tener pareja, esta actúa desde un rol de cuidador: le cambia el pañal, lo viste, le da de comer, etc. 

Hay que aclarar que los trastornos parafílicos hacen referencia a intereses sexuales atípicos. Se mueven en un espectro que va desde un comportamiento que puede considerarse casi normal a otros que pueden llegar a ser angustiosos o amenazantes para el propio sujeto o incluso para la sociedad en general. Si bien la afición por fingir en determinados momentos que se es un bebé adulto en pañales no es sinónimo de enfermedad, cabe valorar hasta qué punto esos comportamientos limitan la vida cotidiana e interceden en el desarrollo de la propia personalidad. De hecho, no es ningún secreto que, en algunos casos, estos comportamientos pueden responder a trastornos de personalidad o dificultades psicosociales (sentimiento de inseguridad, intolerancia a la frustración, falta de control de impulsos, etc). 

Otra cuestión que hay que tener clara es que en el ABDL no se está haciendo BDSM. Aunque hay excepciones, la relación que se establece en el ABDL no implica ninguna connotación sexual a diferencia de lo que sí ocurre en el age play.

Las reglas del juego

Lo sabemos, aparentemente, el age play resulta extraño y perturbador. Más allá de desafiar las prácticas sexuales tradicionales, incluye elementos relacionados con la infancia que a gran parte de la sociedad le pueden resultar incómodos. Los chupetes, los pañales, los biberones o los peluches son los objetos que, pese a ser comunes e inofensivos, condimentan los encuentros sexuales propios del age play. Sin embargo, pese a lo truculento que pueda resultar a priori este tipo de juego sexual, hay que recordar que, como ocurre en el resto de prácticas de BDSM, estamos ante una relación sexual consensuada y donde todas las personas que participan son mayores de edad. Dicho de otro modo, el age play es un mundo de fantasía seguro, pactado, consciente y donde bajo ningún concepto interviene un menor de edad. 

Dae explica que, además del consentimiento sexual, la confianza es lo más importante tanto en quien interpreta el rol de cuidador como en el que desempeña el rol de little: "Esto debería ser necesario en cualquier tipo de relación, sin embargo, en lo que respecta al age play es todavía más importante. Esta no es una dinámica que puedas realizar con la primera persona que te encuentres (igual que en el BDSM convencional). Ambas partes están muy expuestas, sobre todo sentimentalmente. Hay que valorar que es un momento muy íntimo".

Para S.P., el consenso informado incluye además una comprensión de los límites. Antes de iniciar el juego, ella comunica a su pareja sexual que hasta su propia fantasía tiene una serie de restricciones: "No finjo que tengo menos de 12 o 13 años y nunca permito que se fantasee con menores de la vida real. Cortaría el juego directamente de raíz si mi amigo me pidiese fantasear con que soy alguna de mis hermanas adolescentes. Por el contrario, sí admito juegos como recrear escenarios de Juego de Tronos (la historia de Craster y sus hijas-esposas es un buen ejemplo) o fingir que soy parte del universo de Altered Carbon y que estoy dentro de una funda de una niña".

Asimismo, hay que tener presente que las personas que participan en el age play pueden elegir diferentes intensidades en lo que respecta a esta experiencia. Si bien en el caso de S.P. se trata de fantasías poco recurrentes, otros apasionados del age play se reúnen de vez en cuando para disfrutar del juego sexual (ya sea entre parejas o en grupos) e incluso hay quien está dispuesto a pagar a alguien para jugar. También es habitual que haya parejas que integren este rol sexual dentro de una relación afectiva estable. En cuanto a los tiempos, la cosa también es variable. Así pues, el intercambio erótico de poder entre las partes implicadas, puede tener una duración determinada (sesión) o prolongarse de forma continuada (24/7).

Por otro lado, la atracción por las dinámicas y relaciones de age play responde a diferentes razones. Hay quien participa en estos juegos porque siente un inmenso placer sexual al tratarse de una relación Dominación/sumisión. Otras personas destacan los aspectos psico-sensoriales derivados de esa experiencia sexual como la atención, el cuidado o los sentimientos de liberación, transgresión o seguridad. "Comencé a practicarlo por la necesidad de sentir un espacio seguro, genuino e inocente. Pero también por curiosidad, pues la idea me atraía bastante", confiesa Dae.

Si bien estas sensaciones pueden ser complementarias al placer sexual, también pueden considerarse como un fin en sí mismas. De hecho, hay quien siente excitación sexual por el mero hecho de cuidar al otro, sin necesidad de que exista una práctica sexual con la persona que tiene un rol infantil. 

¿Apología de la pedofilia o del abuso? 

Cuentan Dae y S.P. que es frecuente que, cuando se habla de age play, surja la pregunta sobre si guarda alguna relación con la pedofilia y la pederastia. Según el psicólogo e investigador Michael Seto, la pedofilia puede definirse como una atracción sexual por edad, siendo el objeto de deseo los menores prepúberes. Por tanto, el pedófilo se siente atraído sexualmente por rasgos y características infantiles. Además, es habitual que sienta no solo atracción sexual hacia un menor sino también una atracción afectiva y romántica. El pedófilo no busca un hombre con un pañal o una mujer vestida de colegiala. Así pues, estas apariencias no van a satisfacer el apetito sexual de ningún pedófilo dado que lo que busca es realmente un niño y no un adulto disfrazado. La dinámica del pedófilo que abusa se basa en encerrar a la víctima en un secreto. 

Por su parte, el age play es una dinámica sexual reservada para adultos y basada en el consentimiento de todos los miembros. Otro punto a tener en cuenta es que las personas adultas no se encuentran obviamente en un estado de desarrollo prepúber sino que sus cuerpos muestran la maduración sexual propia de su correspondiente edad biológica. Por tanto, es incorrecto relacionar el age play, donde no hay niños involucrados, con un delito sumamente preocupante en nuestra sociedad como es el abuso sexual infantil. De la misma forma, aunque para algunas personas sea difícil entender esta dinámica sexual, es injusto tratar a las personas adultas que practican el age play como si fueran abusadores de niños. 

En definitiva, la erótica del age play no está hecha para todos los gustos sexuales. Las personas que forman parte de esta subcultura tienen una sensibilidad muy especial: simulan algo que puede resultar retorcido, pero teniendo claros, desde su libertad sexual, los límites de sus propias fantasías para que nadie sea herido ni acabe en la cárcel. 

CN