He pactado no mirarme las redes sociales con mi rollo para tener una relación más sana

El 75% de las mujeres y el 60% de los hombres cotillea de arriba a abajo las redes sociales de sus matches, pero no deberíamos hacerlo

Da igual que haya conocido a alguien por Tinder, de fiesta o porque me lo hayan querido presentar mis amigxs. Lo primero que hago es cotillear su feed de Instagram. Muchas veces, si sale su nombre, lo busco en Google, a ver qué encuentro. Miro su Twitter, me paso por su Facebook (a ver si tiene algo público). Así, me dibujo una idea más o menos de cómo es la persona, qué le gusta, qué le interesa, qué hace.

Quizá suene obsesivo, pero sinceramente, todos lo hemos hecho. Según un estudio australiano, el 75% de las mujeres y el 60% de los hombres mira las redes sociales de sus matches y citas para saberlo todo. Es algo que está tan popularizado que sale en miles de series, desde New Girl hasta BoJack Horseman. Recuerdo que una de las primeras veces en las que vi a alguien analizar hasta la saciedad las redes de su cita fue en Cómo conocí vuestra madre, en un episodio en el que Ted, el protagonista, había quedado con una desconocida y pactaban no buscar nada del uno del otro para no hacerse una imagen prediseñada del otro. 

Años más tarde, me encuentro en una situación que me ha hecho recordar este capítulo. Estoy conociendo un chico con quien he hecho un pacto de no stalkearnos en redes. Todo surgió en la primera cita, cuando le pregunté que por qué ponía su Instagram en Tinder si lo tenía privado. Se rió, dijo que no lo sabía pero que sí que era absurdo, ya que tenía todas sus cuentas privadas. Bromeando surgió la idea de no stalkearnos. "A ver si es posible conocer a alguien sin tener ningún input más allá de lo que nos digamos. Que si nos conocemos sea por nuestro contacto y conversaciones, no porque hemos leído o visto cosas suyas haciendo una búsqueda rápida por sus redes o, incluso, rastreando su nombre en Google", acabamos sacando de esa conversación. Dos meses después, seguimos igual. Sin seguirnos y conociéndonos solamente hablando, enseñándonos solamente lo que creemos oportuno contar. 

Queremos saberlo todo de los demás

"Es normal querer saber todo sobre la otra persona antes de conocerlo. Al fin y al cabo solo tenemos una foto y lo que empieza con un 'vamos a ver más fotos suyas a ver si me gusta' acaba en un 'vamos a ver si su vida personal me gusta', algo natural porque somos curiosos, pero que deberíamos reprimir en cierto grado", afirma Carme Sánchez Martín, sexóloga del Instituto de Urología Serrate & Ribal. Hannah Orenstein, organizadora de citas a ciegas, explica en un artículo de Elite Daily una historia de cómo esta obsesión por conocer al otro puede acabar jugando malas pasadas: "me cancelaron una cita 15 minutos antes de hacerla, cuando la mujer estaba de camino, porque el hombre encontró un vídeo de ella en el que salía fea. El problema es que no era ella, solo lo había subido ella". 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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En mi caso, no pude hacer este stalkeo antes de conocerlo por su extrema privacidad. Después de la primera cita, además, decidimos que como no nos seguiríamos, tampoco podría hacérselo a posteriori. Un par de citas más tarde me contó que en parte quería hacerlo así porque él, informático, solía stalkear y se le daba bien. Pero una vez, mientras conocía a un tío, lo buscó en en Google. Ahí encontró que su padre (que se llamaba igual que él) tenía una web dedicada porque viajaba a países en vías de desarrollo, seducía a mujeres jóvenes y fingía que las ayudaría económicamente para acostarse con ellas e, incluso, embarazarlas. Se quedó flipando cuando encontró webs para alertar de embaucadores románticos rajando de él e incluso un blog escrito por sus amantes dedicado a sus trampas y denunciando lo que hacía. Decidió que no cotillearía más porque se le hizo complicado conocer algo tan personal del otro y no poder mencionárselo porque era una invasión de su privacidad. 

No es el único que me ha contado una historia similar. Mi mejor amigo es otro stalker (todos mis amigos cuando queremos saber algo de alguien le damos a él todos los datos que tenemos y acaba encontrándonos hasta su DNI). Hace unos años buscó el nombre de uno de Tinder y encontró un montón de noticias sobre su desaparición. Sí, desaparición, con carteles policiales y todo. Encontró otra noticia de que había sido localizado y que estaba sano y salvo, pero se quedó flipando.

¿Cómo le introducía el tema? Al final lo hizo en la cuarta cita, a pelo y sin tapujos, y le contó que era por un ex que lo había amenazado. Entonces respondió: "gracias por no darme intimidad y obligarme a explicar uno de los peores episodios de mi vida". Lo forzó a contarle uno de sus peores traumas que no quería compartir tan pronto porque, aunque formaba parte de su historia, sin contexto podía dibujar un la imagen errónea de él y hacer que el otro se monte una película.  

Dejar a los demás que nos descubran su yo

Pero no es fácil evitar buscar su nombre para saberlo todo. "Puede ser difícil que, con las herramientas que tenemos en Internet, resistamos la tentación. Todos tenemos una colección de decepciones románticas y antes de enfrentarnos a otra preferimos encontrar todo lo problemático antes de crear una conexión emocional", continúa la sexóloga. Aun así, "deberíamos darnos la oportunidad de dejar al otro que sea quien nos descubra su vida, emociones e historia", concluye.

Dos meses después de conocernos me siento extrañamente tranquilo. Al principio quería cotillearlo todo, ¿qué me quiere ocultar? ¿Qué le pasa? ¿Está traumatizado? ¿Tiene un pasado muy chungo? No lo sé, pero tampoco lo sabré a no ser que él me lo diga. He ido reflexionando y entendiendo que la privacidad forma parte de una relación sana. No siempre tenemos que tener una transparencia al 100%. Por ejemplo, hay cosas mías en Internet que no quiero que sepa de mí, porque he cambiado y no aportan nada a la relación y todo ese contenido está desactualizado y descontextualizado. Yo llevo usando redes sociales desde la adolescencia y, si rebuscas, encontrarás mucha mierda y muchas tonterías que, si no me conoces y si no te cuento el porqué, pueden construirte una imagen errónea de mí.

Realmente me alegro haber tomado esta decisión y creo que, si esta relación no cuaja, seguiré con este método con los siguientes tíos. La transparencia y el sentir que el otro es una persona dispuesta a abrirse emocionalmente no va por encima de la privacidad. Puedes ser transparente con tus sentimientos pero no tienes por qué serlo con todos y cada uno de los aspectos de tu vida. Todos tenemos una historia y estamos en nuestro derecho de no compartirla, sin que eso quiera decir que estamos más o menos implicados en construir una nueva relación. La intimidad es tu derecho.